El invierno devuelve el protagonismo a las mantas, los boutis, los plaids y los edredones, cuatro piezas del dormitorio que han conquistado otras estancias de la casa, como los salones y los cuartos de estar, gracias a la incorporación de nuevos valores en sus procesos de producción.
La irrupción de tejidos innovadores, como el terciopelo, la chenilla y la seda; la apuesta por los colores intensos, ácidos y vistosos, y la entrada del diseño como elemento diferenciador, son las claves de una completa renovación en esta parcela de la ropa de hogar.
Las actuales propuestas imitan las tendencias de las pasarelas de moda, y así, todos los detalles, motivos, dibujos y adornos que han identificado las colecciones para el presente invierno, visten ahora las camas y los sofás. Las mantas se complementan con flecos, ribetes de lino y raso, bordados y encajes; se comercializan en gamas cromáticas variadas como las tonalidades tierra, arena, caldero, naranjas, verdes, azules y rojos, y copian los estilos que han arrasado en los desfiles, como el look leopardo o cebra, el vintage, las rayas y los diseños de inspiración oriental, exótica o tribal.
Las mejores mantas son las artesanales, fabricadas con pura lana virgen y en colores naturales logrados sin tintes. El mohair y el cashemere son también materiales muy apreciados por su calidez, su poco peso y su suavidad, y las mezclas de fibras naturales con sintéticas son igualmente valoradas por su elasticidad, su esponjosidad, su confort y su gran durabilidad.
El bouti se mantiene como la pieza estrella de los ambientes románticos. Los clásicos modelos con flores dibujadas o bordadas, toiles de Jouy, rayas, patchwork o lisos en tonos crudos y blancos puros, se mantienen de plena actualidad pese a las modas y tendencias de cada temporada. Un estilo diferente es el que aportan los nórdicos de pluma y los edredones, que han invadido los dormitorios por su comodidad, su versatilidad al proponer diferentes colores y diseños en virtud de las fundas que los cubran y, sobre todo, por su capacidad para abrigar. Estos quedan perfectos sobre un futton o colchón sin somier, colocado a ras del suelo o dispuesto sobre una estera o una alfombra amplia. Los mejores son los nórdicos de pluma o plumón de oca o pato. Ambos se amoldan perfectamente a las formas del cuerpo.
Mantas artesanales
En Sudamérica se localizan algunas de las mantas artesanales más reconocidas a nivel mundial. Realizadas con pelo de llama, vicuña o alpaca, combinan un gran abanico cromático con los diseños tradicionales de la zona, destacables por el protagonismo de las rayas y los motivos geométricos. Son piezas cuidadas, tejidas en telares rústicos y ligadas a la indumentaria de sus habitantes, que frecuentemente las portan sobre sus hombros en los entornos rurales.
La manta inglesa es muy popular por su clásico tejido tweed (lana de cordero de Escocia), originario de finales del siglo XIX y renovado posteriormente hasta la saciedad para llegar a todo tipo de prendas y complementos. El triunfo de la manta inglesa es atribuible, principalmente, a una incesante y exitosa labor de marketing en los mercados internacionales y al interés que han mostrado los grandes diseñadores por este tipo de tejido.
Las mantas españolas de pura lana virgen son también muy valoradas, aunque actualmente quedan pocos enclaves con telares de producción artesanal. Grazalema (Cádiz), Ezcaray y Enciso (La Rioja), Onteniente (Valencia), Palencia, Val de San Lorenzo (León) y las Alpujarras (Granada) son algunas de las zonas que tuvieron durante siglos una floreciente industria textil.
Las mantas de Grazalema se fabrican ahora igual que hace cien años. El primer paso es la recogida de las lanas, su clasificación por color y tipo de fibra y su lavado en agua caliente en cestos de fibras vegetales resistentes al calor. Tras aclarar con agua fría se secan al sol y se procede a fabricar los hilos, una labor que se realiza en distintos tipos de máquinas con funciones específicas hasta lograr el hilo deseado. Después se perfila el tamaño de la manta en un gran bastidor, y finalmente, en el telar, se teje cada hilo con la ayuda de los pies del operario, que suben y bajan los marcos de madera que van tejiendo la pieza.
El trabajo se completa con la eliminación del pelo sobrante y el perchado del producto en una máquina para tal fin. Se logran mantas naturales, ligeras y tratadas sin tintes, que ofrecen una variada gama de tonos tierra en virtud del color originario de la fibra.
En otras zonas productoras de España sí emplean tintes para la fabricación de las mantas, pero estos proceden de plantas silvestres que crecen en los campos cercanos, y el resultado se nota en las prendas, que dejan ver una confección muy cuidada y absolutamente artesanal.
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