
El Feng Shui es una disciplina china que enseña a diseñar y decorar los espacios de forma equilibrada y armónica. Se fundamenta en la adecuada combinación de las características ying (tierra, receptivo, femenino) y yang (cielo, creativo, masculino), en la energía que se siente, pero no se observa (Chi) y en los cinco elementos de la naturaleza: fuego, tierra, metal, agua y madera.
Su aplicación en occidente debe pasar por una integración respetuosa de la cultura a la que pretende complementar, y es fundamental que quien apueste por esta práctica en su vivienda o en su lugar de trabajo, se implique con ella, la interiorice y la entienda para poder desarrollarla plenamente. Algunas de las claves del Feng Shui son:
- Respeto hacia los gustos y preferencias de la persona a la hora de mejorar su entorno, de distribuir el mobiliario o de elegir los colores para las estancias, pero siempre es recomendable hacer guiños a la imaginación, a la diversión, a la seguridad y al confort en la aventura decorativa.
- Todo ha de estar limpio, en orden y en funcionamiento. Esta es una de las primeras máximas del Feng Shui, que conduce a actitudes evidentes para sacar el máximo partido a cualquier espacio: eliminar lo que no vale y lo que no gusta y reparar todo lo que no funciona.
- Liberar las estancias de obstáculos que entorpezcan el flujo de energía. Se deben cambiar de lugar los muebles o elementos que dificulten el paso, que resten luminosidad a una estancia o que ejerzan una influencia negativa sobre el usuario y el entorno.
- Apostar por las plantas vivas y evitar las flores secas. Las únicas plantas que el Feng Shui desaconseja son aquellas que cuentan con pinchos grandes o las palmáceas, porque desarrollan una energía agresiva. Con respecto a las demás, todas son válidas si presentan un estado óptimo y cuidado.
- Escoger colores con los que el usuario se sienta cómodo. El color actúa sobre los estados de ánimo y tiene efectos estimuladores, excitantes, calmantes o tranquilizadores. Por eso la elección debe realizarse en virtud de las sensaciones que busque la persona en su vivienda. Los rojos o anaranjados son tonos que movilizan e incitan, mientras que los neutros y suaves serenan y relajan.
- Cuidado con las vigas, los ángulos, las aristas, los rincones oscuros o los salientes acentuados. Hay que intentar suavizar todos estos elementos, ya que generan energías negativas. Para contrarrestarlas se pueden buscar fórmulas variadas como redondear los cantos de las esquinas, incorporar alguna luz cálida en una zona oscura o colgar de una viga objetos esféricos.
- Las entradas y umbrales han de ser amplios, despejados y libres de obstáculos. A través de ellos se recoge la primera impresión de un lugar, ya sea un hogar, un local comercial, un centro de trabajo, etc.
- Los adornos y los objetos decorativos han de transmitir buenas vibraciones. Hay que evitar todo aquello que represente o simbolice la tristeza, la angustia, la pena, el dolor y la muerte.
- Los cuartos de baño deben permanecer cerrados. Son estancias especialmente conflictivas para el Feng Shui, ya que en la antigua China los sanitarios se consideraban focos de mal aliento, y por ello los cuartos de baño se disponían fuera de la vivienda. Es importante vigilar los desagües y las tuberías así como resolver de inmediato cualquier avería que propicie malos olores.
- En las cocinas deben prevalecer los criterios de comodidad y circulación. Si además son amplias y luminosas el primer paso estará dado, pero para completar el Feng Shui en esta estancia , habrá que atender las siguientes recomendaciones: los electrodomésticos no deben situarse juntos ni deben obstaculizar el paso; el menaje y la vajilla deben guardarse en armarios y no exhibirse colgados de las paredes; con espacio suficiente, la mejor distribución de los electrodomésticos será la que separe los de fuego (hornos y cocinas) de los de agua (lavadora, lavavajillas y nevera); el frigorífico debe estar bien surtido; la limpieza en la cocina, como en el resto de las habitaciones, es imprescindible para un buen Feng Shui.
- Los dormitorios han de transmitir sensación de calma y bienestar. Los colores de las paredes deben propiciar el descanso. La gama de blancos siempre será un acierto, pues su efecto es relajante y tranquilizador, y además potencia la luz natural. La cama se situará al norte y nunca debajo de una ventana
- Apostar por la sencillez, la naturalidad y el equilibrio, y huir de lo pretencioso y artificial. Se trata de crear espacios armónicos, diáfanos, libres, limpios, puros y exentos de cualquier objeto que cree peso energético por su exceso de volumen o por una ubicación errónea.
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