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Bretaña, tierra de tesoros

Mar y tierra le ofrecen las mejores materias primas. Auténticos tesoros para una cocina tradicional, sencilla y llena de sabores.

Los bretones viven de cara al mar, un mar rico en mariscos y pescados, y su cocina marinera tiene puntos en común con la gastronomía de otras regiones costeras. Su famosa cotriade, una sopa que combina diversos productos del mar, al igual que la caldereta asturiana o la bullabesa provenzal, era en su origen un plato preparado con aquellos pescados que no eran aptos para la venta y se entregaban a los marineros como parte de su salario, lo que explica las muchas versiones que existen de este plato, y viene a resumir lo que llamamos cocina de mercado.
 
Planas, cóncavas o de belón, las ostras son una opción ineludible en Bretaña, lo mismo que las vieiras, protegidas y controlada su pesca por el gobierno, tienen su máximo representante en la versión a la bretona, cubiertas de una fina capa de bechamel, copos de la excelente mantequilla de la zona y gratinadas. La langosta a la armoricana, típica de la costa de Armor, es excelente , así como toda clase de crustáceos, cocidos al vapor en grandes peroles. Una auténtica delicia para tomar, si el tiempo lo permite, en las terrazas de los restaurantes, acompañado de una sidra bretona. 
 
Bretaña guarda, en lo que a materias primas se refiere, gran similitud con el norte de España. Las vacas de pie negro producen leche rica en grasas con la que se elabora una excelente y cremosa mantequilla. Pero también es el primer productor de cerdos de la Unión Europea, y merecen atención todos los derivados de esta carne. No se puede abandonar la región sin  probar sus famosas andouilles de Guéméné y cualquiera de sus sabrosos embutidos. También el cordero tiene aquí un gusto especial. Se denomina pre-salé  por el sabor que adquiere su carne por el gusto de los pastos próximos al mar.
 
En la huerta  bretona destacan los manzanos, de los que se han encontrado semillas del periodo Neolítico. No es de extrañar que la sidra sea la bebida nacional. También se cultivan excelentes alcachofas, ajos, y patatas con las que se preparan gallettes y unos deliciosos buñuelos dulces.
 
Uno de los puntales de la gastronomía bretona son  las gallettes, obleas de trigo sarraceno originales de la Alta Bretaña, cocidas sólo por un lado y que pueden rellenarse con, prácticamente, cualquier ingrediente. En la Baja Bretaña son más populares las crêpes, cocidas por ambos lados, lo que les aporta una textura más ligera y crujiente. La gallette más típica lleva un picadillo de jamón, queso y en el centro un huevo que, al doblar la oblea, deja al descubierto la yema. A lo largo de toda la región hay multitud de establecimientos donde degustarlas.
 
Para completar el recorrido gastronómico por Bretaña, hay que visitar sus islas, donde el paisaje es extraordinario. Todas valen la pena y sólo una travesía de diez minutos separa el continente de la isla de Bréhat, con salida de la punta de Arcouest. La recompensa al viaje es, además de una magnífica comida, una visita  a los acantilados de granito rosa.


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