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Productos ecológicos, una alternativa de consumo
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Se cultivan sin abonos químicos ni pesticidas y las tierras en las que crecen se trabajan para favorecer la biodiversidad y evitar la contaminación del medio ambiente. Son los productos ecológicos, una alternativa dentro del mundo del consumo.

 
Las técnicas actuales que se emplean en la agricultura conllevan, por lo general, un alto coste energético. Una parte de este coste es la correspondiente a los fertilizantes, que suelen suponer alrededor de un 25% del consumo energético total de las explotaciones. Como consecuencia de estos métodos que, con frecuencia utilizan abonos químicos, se produce un empobrecimiento de las tierras de cultivo que pierden fertilidad y acaban padeciendo una erosión inducida por el hombre que altera el equilibrio natural del suelo.
 
Los primeros pasos de la agricultura ecológica hay que situarlos en la segunda década del siglo XX. Entonces se consideraba poco menos que como una técnica marginal, pero fue a partir de los setenta cuando muchos agricultores decidieron pasarse a esta forma de cultivo, preocupados por el medio ambiente y los escándalos relacionados con el mundo de la alimentación.
 
Sus fundamentos se basan en cuidar la fertilidad del suelo, reduciendo para ello la generación de residuos y respetando la biodiversidad, a la vez que se persigue lograr un máximo rendimiento de los recursos naturales del propio suelo, el agua y la luz solar con el consiguiente ahorro de energía en su proceso de producción. 
 
Sin embargo, esta modalidad de cultivo también tiene sus detractores entre los propios agricultores ya que, por una parte, es necesario que transcurran por lo menos dos años hasta que se consiga el reconocimiento de ecológico y posteriormente las cosechas son menos fructíferas, lo que hace plantearse el dar este paso.
 
A favor del desarrollo sostenible
Dentro de la preocupación que existe por poder compatibilizar la biodiversidad con una dieta sana y, ante las presiones de una legislación estricta en los temas referentes a sanidad y alimentación, los productos ecológicos se plantean como una alternativa natural y de calidad.
 
Su contribución al desarrollo sostenible viene avalada por la normativa de la Unión Europea, a través de la normativa CEE 2092/91, referente a la producción ecológica y su certificación corre a cargo de organismos o autoridades, bien públicas o privadas,  autorizadas por la Unión. Hay que tener en cuenta que, en este sentido, el territorio español cuenta con una climatología favorable y conserva un considerable patrimonio de razas autóctonas que, en la actualidad, todavía se crían con los métodos tradicionales en muchos lugares.
 
Se consideran productos ecológicos (también denominados biológicos) aquellos alimentos que se cultivan en tierras que siguen las pautas de producción de la agricultura ecológica y posteriormente se elaboran con un uso limitado de aditivos y sin abonos químicos ni pesticidas de síntesis. Tampoco están irradiados ni modificados genéticamente. Para hacerse una idea baste saber que, en los productos convencionales, entre colorantes, conservantes y otras sustancias, puede haber hasta 3.000 aditivos mientras que en los ecológicos el máximo establecido no llega a cuarenta.
 
Dentro de la amplia gama de productos que pueden encontrarse catalogados como ecológicos se encuentran las legumbres, las conservas vegetales, el aceite, algunos lácteos como el queso o los yogures y las galletas, entre otros. Para obtener la etiqueta que los reconoce como ecológicos deben tener, al menos, un 75% de ingredientes provenientes de la agricultura ecológica, aunque, en algunos casos el índice puede elevarse hasta el 95%.
 
Obstáculos a su crecimiento
Sin embargo, a pesar de todas sus virtudes, estos alimentos ecológicos se encuentran condicionados por un obstáculo difícil de salvar para terminar de hacerse un hueco dentro del consumo cotidiano de los ciudadanos. Se trata de su elevado precio de venta que, en ocasiones, puede llegar incluso a doblar el de un mismo producto cuyo origen no sea biológico.
 
Por otra parte, ante la creciente proliferación de productos naturales, bio o verdes, los consumidores a veces tienen problemas para identificar cuáles son los auténticos productos ecológicos y saber entender la etiqueta que llevan, para tener garantías de que ese alimento cumple con la normativa CEE 2092/91.
 
En estas etiquetas aparece un dibujo identificativo, similar para las etiquetas de todos los comités certificadores. Además, deben llevar el número con el que el agricultor está inscrito en el organismo certificador, el código de éste y la fecha de envasado o procesado del producto en cuestión.
 
Aunque los alimentos biológicos suelen estar a la venta en las grandes superficies, generalmente como productos elaborados y con un alto coste,  otro de los problemas que se plantean es su escasa disponibilidad en los establecimientos convencionales. Suelen encontrarse en tiendas especializadas que tan sólo frecuenta un segmento muy reducido de los consumidores y esto ralentiza su comercialización. Una alternativa la marcan las asociaciones de consumidores y productores ecológicos, que actúan como puntos de enlace de forma que se evitan los intermediarios y de esta forma los precios son más razonables.
 


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