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Alimentos energéticos, gasolina del organismo
Alimentos energéticos

Los alimentos energéticos poseen una cantidad alta de calorías, pero eso no quiere decir que sean los responsables de los kilos de más. Si bien debe restringirse su consumo en regímenes de adelgazamiento, nunca deben ser terminantemente eliminados de la dieta. El organismo los necesita; su maquinaria no funciona sin ellos y el cansancio físico y psíquico se hace notar cuando no detecta su presencia.


El cuerpo humano supera desequilibrios y compensa deficiencias cuando algo falla. Para ello precisa algo simple y común a cualquier mecanismo: energía. Y la obtiene de la alimentación. Tradicionalmente los alimentos se dividen en formadores, reguladores y energéticos.

Los primeros están compuestos por las proteínas y como su nombre indica ayudan a construir las células, los órganos y los tejidos del organismo. Las proteínas están presentes en los vegetales, pero las de mejor calidad son las animales.

Los alimentos reguladores son sobre todo frutas y verduras, y normalizan y equilibran cada proceso del organismo.

Finalmente están los energéticos, aquellos que aportan calorías para desarrollar cualquier actividad física o psíquica. En la medida en que ambas sean mayores, su ingesta también debe serlo. Básicamente hay dos grupos de alimentos energéticos: los hidratos de carbono y las grasas.

Los hidratos de carbono también se denominan glúcidos y están compuestos por hidrógeno, carbono y oxígeno. Una vez digeridos por el intestino, se convierten en glucosa y posteriormente en glucógeno a través del hígado. En la medida en que el organismo va necesitando energía, el glucógeno vuelve a convertirse en glucosa, aunque una parte permanece en los músculos para proporcionarles energía de manera inmediata ante un esfuerzo concreto. Si no es empleado, el glucógeno termina convirtiéndose en grasa. Los niveles de glucosa en sangre son controlados por la insulina, que es segregada por el páncreas.

Por su parte las grasas son procesadas en el hígado y se almacenan con más facilidad que los hidratos de carbono. Cuando éstos no están disponibles, el organismo las utiliza para obtener la energía que precisa y constituyen las principales reservas de la misma del cuerpo. Se calcula que alrededor de un 50% de la alimentación debe estar formada por carbohidratos mientras que sólo un 30% debe incluir grasas.

Las grasas pueden ser de saturadas o insaturadas. En el primer grupo se incluyen la leche, los embutidos, la mantequilla o la manteca, y en el segundo, los aceites vegetales y los pescados azules. Mientras que las grasas saturadas son necesarias en proporciones muy pequeñas y aumentan las tasas de colesterol en sangre, las insaturadas tienen una acción reguladora del mismo. Por eso, aunque todas ellas aportan energía, siempre es preferible tomar grasas vegetales tales como el aceite de oliva, de soja, pescados como el atún o el salmón, y frutos secos. Estos últimos se emplean habitualmente cuando hay que realizar un ejercicio físico importante, porque también contienen glúcidos, lo que hace que se procesen rápidamente.

Todos los frutos secos, a excepción de los cacahuetes, son ricos en grasas insaturadas y la dieta diaria debe incluir almendras, nueces, pistachos y avellanas. No se debe abusar de ellos, ya que, por sus altas concentraciones de grasas, pueden producir algún problema de digestión y perjudicar a las personas con trastornos en la vesícula biliar.

Los hidratos de carbono se dividen en tres grupos:
1. Monosacáridos.- La fructosa (azúcar presente en las frutas) pertenece a este grupo.
2. Oligosacáridos.- Están representados por la sacarosa que se encuentra en la remolacha, la caña de azúcar o la miel. 
3. Polisacáridos.- Engloban alimentos como el pan, las pastas, el arroz, los cereales en general y también raíces, como las patatas. Producen una elevación momentánea de la glucosa en sangre menor que los oligosacáridos y son más recomendables. Es aconsejable tomarlos sin refinar (integrales), puesto que esa elevación de la glucosa es todavía menor.

Respecto a las frutas, hay que recordar que no todas son igual de ricas en azúcares. Mientras que los plátanos o las uvas las contienen en cantidades elevadas, las manzanas
o las peras las tienen en menores concentraciones. Hay que tener en cuenta que cualquier fruta desecada y confitada es más energética que al natural.

Hoy en día existen productos artificiales calificados de energéticos, muy empleados por los deportistas. Se suelen consumir en forma de barritas o bebidas y son muy ricos en azúcares simples. Las bebidas también llevan sales minerales, que se pierden a través del sudor, y buenas dosis de cafeína para estimular el organismo y mantenerle alerta frente a cualquier situación que requiera un esfuerzo físico o psíquico especial. 

1 de marzo de 2004



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