
Afecta a más de 150.000 personas en España y aunque se conoce cuál es su causa, todavía no hay datos claros sobre por qué surge y se desarrolla. La enfermedad celiaca se basa en la intolerancia al gluten. La única forma de tratarla es evitar consumir los alimentos que lo contienen. Con una dieta adecuada y estricta, los celiacos pueden desarrollar una vida normal.
La enfermedad celiaca es un trastorno digestivo crónico que se basa en la intolerancia al gluten, en concreto a algunas de las proteínas que lo componen, las prolaminas, cuya denominación particular varía según el alimento del que se trate.
El gluten se encuentra en cereales como el trigo, la avena, el centeno y la cebada, pero, también en otros productos. Entre los cereales se incluye una larga lista de alimentos derivados desde la harina al pan, pasando por la bollería y la repostería, la pasta e, incluso, bebidas como la cerveza o el whisky.
La etiquetas: información vital
Sin embargo, gran cantidad de productos que consumimos habitualmente también llevan pequeñas porciones de harina y, por tanto, están vedados para los celiacos. Es el caso de embutidos, productos precocinados, aquellos que integran ciertos tipos de colorantes, algunos quesos y golosinas, incluso frutos secos y helados. De ahí la importancia de que las etiquetas, que informan sobre los ingredientes de cualquier alimento, avisen claramente de si el gluten forma parte de su composición.
Sus síntomas y diagnóstico
Los síntomas del trastorno suelen mostrarse en la primera infancia, cuando los niños comienzan a consumir cereales en su dieta. Estos se caracterizan por:
- vómitos.
- diarrea muy frecuente o estreñimiento.
- deposiciones voluminosas.
- trastornos cutáneos.
- pérdida de peso.
- dificultades de crecimiento.
- falta de apetito.
- dolores abdominales.
El diagnóstico de la enfermedad celiaca suele tardar en producirse porque sus síntomas se confunden con otros trastornos intestinales. Ante la sospecha, hay que acudir al médico para que valore la posibilidad de realizar una biopsia intestinal, que es la mejor forma de descubrirla. En realidad, el proceso de detección está compuesto por varias pruebas, ya que se toman muestras cuando se consume gluten y cuando se retira de la dieta con el fin de observar si se están produciendo lesiones y cómo evolucionan. Las biopsias se suelen completar con otro tipo de analíticas.
Una dieta estricta, el único tratamiento
Se sabe que el problema está en el gluten, que no es tolerado por el intestino delgado y cuya ingesta continuada le provoca lesiones. La gravedad de las lesiones puede llegar a ser importante, incapacitando al órgano para absorber nutrientes esenciales para el cuerpo como las grasas, los hidratos de carbono, las proteínas, las vitaminas y los minerales.
Lo que se desconoce es el porqué de la enfermedad, la razón por la que aparece en unas personas y en otras no. No se conoce tampoco otro tratamiento que una dieta estricta, carente de gluten por completo, lo que limita las opciones nutricionales de quien la padece.
Aunque con las debidas precauciones dietéticas, un celiaco puede hacer vida normal, se enfrenta a dos obstáculos importantes: un correcto etiquetado de los alimentos y la carestía de los productos especiales libres de gluten, como panes, galletas o pastas elaborados con maíz y arroz que suelen ofrecer establecimientos dietéticos.
Las diferencias de precio con los alimentos normales resultan enormes, llegando en algunos casos a ser 10 veces superiores. Las asociaciones de celiacos demandan desde hace tiempo algún tipo de subvención para estos productos o que las administraciones potencien la investigación y el desarrollo de nuevos alimentos sin gluten. Además, estas mismas asociaciones, a través de su federación, se encargan de atribuir un sello distintivo a los productos que carecen de éste, para ofrecer las máximas garantías a los consumidores.
Es necesario acostumbrarse a convivir con el problema, como ocurre con otras muchas dolencias de carácter crónico, e integrarlo en los hábitos cotidianos. Esto pasa por una buena educación durante la infancia para que el niño sepa pronto qué puede y qué no puede comer, y lo asuma como parte de su rutina.