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Dietas adecuadas al deporte

La sociedad actual demanda cada vez en mayor medida valores como el bienestar, tanto físico como mental, en un intento por compensar el acelerado ritmo social en el que se ve inmersa.

Para gozar de una buena salud, cada persona debe aportar a su cuerpo una dieta equilibrada que contribuya al bienestar general. Una alimentación apropiada a las necesidades de cada individuo y a su ritmo de vida. No se trata de comer mucho ni poco, sino de ingerir lo más adecuado. De esta manera, tanto hidratos de carbono, como proteínas y grasas deberán estar presentes en la dieta, además de minerales como el calcio, fundamental en el buen desarrollo de los huesos.  

Para contribuir al buen estado general, es necesario acompañar la alimentación equilibrada de un aumento de la actividad física y acostumbrarse a ser constante en la realización de prácticas deportivas. 

Esta combinación de ambas actividades ofrecerá numerosas ventajas como garantizar un buen tono muscular y el mantenimiento de los huesos, además de beneficios en el peso, la tensión arterial y la circulación. También se logra una mejora frente a problemas como el colesterol o la obesidad, ya que se queman reservas de grasa. Además, esta combinación de deporte y dieta saludable contribuye a producir una sensación de bienestar y a eliminar el estrés y las tensiones. 

Deporte a distintas horas
Tanto el esfuerzo físico como el proceso de la digestión suponen un gasto de energía, por lo que no es conveniente hacer deporte con el estómago lleno. Lo más recomendable es esperar a que hayan transcurrido dos o tres horas, pero dentro de la rutina diaria resulta a veces difícil cumplir con estas premisas. 

La alimentación debe adaptarse a las horas del día que se prefieran para hacer deporte. A primera hora de la mañana, antes de acudir al trabajo, muchas personas tienen adquirido el hábito de salir a correr, hacer bicicleta o nadar. En este caso, lo mejor es tomar una pieza de fruta o un zumo, una taza de café o una infusión un vaso de agua, con el fin de estar bien hidratado antes de hacer ejercicio. 

Después del deporte, es necesario beber para no deshidratarse y hacer un desayuno consistente y equilibrado antes de ir al trabajo: zumo de frutas o bien una pieza, pan o cereales, un café con leche o una infusión y si se quiere algo de jamón magro. Tanto a la hora de comer como a la de cenar, es preferible escoger menús que contengan carbohidratos complejos porque proporcionan a los músculos reservas de energía en forma de glucógeno (cereales, verduras, hortalizas y frutas), vitaminas y ácidos grasos insaturados (arroz o pastas, ensaladas, pescado al vapor y frutas de postre).

En otras ocasiones, cuando la opción es dedicar un par de horas al deporte hacia el mediodía, se puede hacer un desayuno completo a base de fruta, una taza de café o té, leche o un yogurt, muesli y pan integral (en lugar de la bollería). Una o dos horas antes del deporte, es recomendable tomar algo para que el cuerpo aguante pero sin sobrecargas, como una pieza de fruta, unas almendras o una barrita de cereales, acompañados de un vaso de agua. 

No saltarse comidas
A la vuelta del gimnasio, es importante beber agua en abundancia y sentarse a la mesa evitando – en la medida de lo posible - la comida rápida o los platos ricos en grasas y decantarse por ensaladas, sopas, platos de pasta o arroz. De ninguna manera conviene saltarse la comida para hacer deporte, porque después de estar toda la mañana trabajando, el cuerpo puede tener los niveles de energía más bajos. Un esfuerzo físico prolongado puede desembocar en mareos, vértigos o dolores de estómago. 

Si, por el contrario, se prefiere dejar el ejercicio para cuando la jornada laboral haya concluído, conviene seguir una dieta cuidada. Comenzar el día con un desayuno completo que incluya fruta, cereales, lácteos (bien leche o yogures) y una taza de café (también puede ser una infusión). A la hora de comer, conviene elegir carbohidratos como arroz con verduras, un plato de pasta, vegetarianos que incluyan leguminosas, cereales y hortalizas. 

Hay que evitar la comida rápida, los sandwiches, las pizzas, las ensaladas copiosas y los productos sustitutos de comidas porque, aunque llenan rápido al de poco tiempo el estómago vuelve a tener sensación de hambre. También se recomienda evitar los fritos, las carnes grasas y los quesos. Al igual que en otras horas del día, una hora antes de marchar del trabajo, es recomendable tomar una fruta, un zumo y una infusión o bien un buen vaso de agua, para que el cuerpo se sienta hidratado.

18 de abril de 2007



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