Los alimentos funcionales surgen para beneficiar al organismo y ejercer un papel preventivo para reducir factores de riesgo frente a la aparición de enfermedades. Pero, realmente ¿ son tan efectivos como parece ?
“Ayuda a regular el nivel de colesterol”, “facilita el tránsito intestinal” … son algunos de los mensaje que habitualmente se escuchan en los anuncios publicitarios de los denominados “alimentos funcionales” . Estos surgen para compensar los desequilibrios que presenta el consumo de alimentos a nivel mundial, rico en grasas saturadas y se caracterizan por contar con alguna sustancia añadida que puede tener efectos saludables sobre el organismo, como los antioxidantes, minerales, los ácidos grasos, las vitaminas, los aminoácidos o la fibra.
En países como Japón, Estados Unidos y Canadá el consumo de alimentos funcionales está ampliamente extendido. De hecho, casi la mitad de la población los incluye en su dieta cotidiana y están especialmente indicados en personas con estados carenciales o intolerancia a determinados alimentos, aquellas que tienen necesidades nutricionales especiales como niños o embarazadas y también en personas mayores. Deben consumirse dentro de una dieta sana y equilibrada y en las mismas cantidades en las que habitualmente se consumen el resto de los alimentos.
Lácteos enriquecidos
En España, se comercializan unos 200 alimentos funcionales, entre los que pueden encontrarse cereales con fibra y minerales o zumos a los que se les ha añadido vitaminas, minerales o fibra. Un apartado especialmente importante – por el número de productos que comprende – lo constituyen alimentos enriquecidos cuya base son productos lácteos como la leche y los yogures. En el mercado se pueden adquirir leches enriquecidas con ácidos omega 3 (EPA y DHA) que afirman contribuir a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, a la vez que mejoran el desarrollo del tejido nervioso y las funciones visuales.
Otras, enriquecidas con ácido oleico ayudan a reducir la concentración de colesterol en sangre y el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Existen leches y pan enriquecidos con ácido fólico, calcio y vitaminas A y D, leches fermentadas con bacterias probióticas específicas, yogures enriquecidos con calcio, así como huevos con ácidos omega 3, galletas enriquecidas con fibra y margarinas con fitosteroles, entre otros.
Los expertos advierten que uno de los problemas actuales relacionados con algunos de los tipos de productos enriquecidos es que, al encontrarse en una gran gama de alimentos, puede producirse un sobreconsumo de los mismos.
La legislación española y la de la UE , establecen que cuando se realicen afirmaciones relativas a que un producto está enriquecido con un determinado nutriente, el envase debe contener obligatoriamente el etiquetado nutricional, indicando el aporte real del producto en ese componente. Sin embargo, no exige por el momento a los fabricantes que demuestren científicamente estos supuestos efectos beneficiosos sobre la salud.
Porcentajes escasos
Porque realmente, ¿ son tan efectivos estos productos como afirman ? Análisis realizados por la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) establecen que en bastantes casos el aporte de compuestos funcionales es mínimo o sus efectos se exageran. Es el caso de la mayor parte de los productos de soja que existen en el mercado, que contienen un escaso porcentaje de este ingrediente, con lo cual no hay problema de que el organismo no pueda asimilar la ingesta de este producto añadido, ya que habría que ingerir al cabo del día unos 14 yogures o unos 12 vasos de zumo para llegar a los niveles adecuados.
Por otra parte, determinados productos lácteos establecen que “participan en el fortalecimiento de las defensas naturales del organismo”. Pero estos efectos son bastante limitados, ya que terminan en el mismo instante en que se deja de tomar el producto, porque las bacterias que producen este efecto no colonizan el intestino. Además, las dosis necesarias deben ser entre dos y cinco veces superiores que las de un bote de 100 ml. En otros casos se habla de “leche enriquecida con calcio y vitamina D” componentes que este producto lácteo ya contiene por sí mismo pero que de esta forma parece adquirir mayor garantía de calidad.
Otros productos afirman disminuir los niveles de colesterol y ello se produce debido a la ingesta de esteroles vegetales. Pero ingerir de forma continuada estas sustancias añadidas puede producir una disminución de los carotenoides en la sangre, sustancias necesarias para la formación de la vitamina A.
Algunos ingredientes funcionales como determinados concentrados de fruta y verdura afirman contener “el 50% de las necesidades diarias de fruta y verdura” que requiere cada persona. Sin embargo, su aporte nutricional real está muy por debajo de las necesidades reales del organismo.
Aunque los alimentos funcionales son susceptibles de mejorar la salud, hay que valorarlos en su justa medida. Por sí solos no curan ni previenen enfermedades y no son indispensables, sino una opción a tener en cuenta en circunstancias concretas.
Artículos relacionados:
> El ajo, fuerte olor y múltiples propiedades
> Propiedades y beneficios de la cerveza