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El toque navideño del marisco
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Tras los incendios del verano, los temporales dejaron recientemente en Galicia grandes riadas de tierra quemada que fueron cubriendo las playas de ceniza negra. Todo en vísperas de comenzar la campaña navideña del marisco, sin duda la más fuerte e importante del año y que en esta ocasión pudiera verse seriamente afectada por la mortalidad de los crustáceos.

En algunas zonas del territorio español, el consumo del marisco en Navidad llega casi a multiplicarse por diez y todo hace presagiar que, de confirmarse los malos augurios de los mariscadores gallegos, el precio de algunas de las especies más demandadas como cigalas o gambas se incrementará considerablemente. Asimismo, la parada biológica es otro factor a tener en cuenta, ya que no permite que los pescadores salgan a faenar hasta bien entrado el mes de diciembre, lo que supone poco tiempo para poder surtir los mercados en condiciones. 

Y es que, a la vez que las calles empiezan a adornarse con imágenes navideñas y se comienzan a elaborar menús más elaborados para estas fechas, el marisco aparece como un ingrediente que no puede dejar de presentarse en la mesa, ya que junto con los turrones y dulces típicos de las fiestas de Navidad, evocan el toque especial que se quiere aportar en estos días a la comida.

La tradición dice que los meses buenos para degustar el marisco son aquellos que contienen la letra “r” en su nombre, desde septiembre hasta abril, pero lo cierto es que hoy en día puede encontrarse este producto en el mercado a lo largo de todo el año. Sin embargo, Navidad es, con diferencia, la época en la que más marisco se consume. 

Por lo general, todas las variedades de esta especie tienen en común su alto porcentaje de agua, el ser un producto rico en proteínas, vitaminas y minerales y con escaso contenido en grasas. A la hora de elegir las opciones son numerosas, pero conviene fijarse al adquirirlo para estar seguro de que se obtiene un producto totalmente fresco. 

Consejos para su compra
Crustáceos como los centollos, el buey o las nécoras deben presentar un caparazón brillante, la carne firme y tener un olor agradable y deben desecharse si la zona donde se unen cabeza y abdomen presenta cierto hundimiento o su caparazón está opaco. En cuanto a las cigalas, langostinos, el bogavante o las gambas, la unión de la cabeza y el abdomen no debe estar ennegrecido y su carne debe tener un cierto tono entre blanco y rosado con textura elástica, pero si se aprecia un olor penetrante y desagradable o la carne está blanda, no conviene comprarlos. 

El marisco es un producto de gran versatilidad que permite prepararlo de diversas formas, bien en cócteles, cremas o canapés. Por lo general, en Navidad se tiende a presentar los langostinos, cigalas y langostas frescos a la plancha o también cocidos, la forma más sencilla de cocinarlos. Cada marisco tiene sus tiempos y para que quede jugoso debe cocerse en agua con sal, fría si la pieza está viva o caliente en caso de que esté muerta. Los tiempos de cocción, a partir del momento en que el agua haya comenzado a hervir, variarán desde un minuto para los langostinos y las gambas grandes, dos minutos para las cigalas pequeñas y quince para las langostas, unos tiempos que deben duplicarse en el caso de que se quieran tomar al vapor. No hay que olvidar el añadir sal en abundancia en el agua, para evitar que el marisco pierda sus propias sales.

Una vez pasado este tiempo, se debe cortar con agua a baja temperatura para que se enfríen y puedan comerse tibios o bien con agua con hielos si se desea tomar frío. Conviene tener en cuenta que si se dejan a temperatura ambiente pueden llegar a estropearse. Para saber si los langostinos están en su punto, basta con comprobar que la carne de la cabeza esté blanca. 

Cocidos o a la plancha
Tanto cigalas como gambas son mariscos delicados que se encuentran en el mercado crudas, cocidas o congeladas. Pueden prepararse al horno, fritas, al vapor o simplemente cocidos. En caso de cocinarse hervidas y enteras, las cigalas deben sumergirse en agua salada hirviendo durante 10 minutos como máximo. Las gambas tan sólo necesitan entre dos y tres minutos y para saber si ya están hervidas, hay que tocarlas y si no resbalan significa que ya están cocidas. 

Una de las formas más deliciosas de degustar los mariscos es a la plancha. Si se trata de producto congelado se descongela por inmersión en agua fría, porque si se deja a temperatura ambiente, las cabezas se pueden poner de color negro. A continuación, se pone una base de un dedo de grosor de sal gruesa en la sartén y se calienta hasta que la sal esté crepitando. En ese momento se disponen las piezas encima. También pueden hacerse al horno, precalentando éste a 220º. Los mariscos se colocan en la bandeja de horno con un dedo de sal y se dejan unos cinco minutos con el programa de gratinar. 

Conviene tener en cuenta que los moluscos no deben comerse crudos, aunque en el caso de las ostras la tendencia sea degustarlas abiertas y con un chorro de limón. También pueden prepararse cocidos, al vapor, aliñados con un poco de limón y vinagre, en escabeche, con arroces y pastas o en sopas. 



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