Con el otoño, el olor fresco de los membrillos llega a los mercados. Durante los últimos meses su sabor agrio se ha ido transformando un profundo dulzor, ideal para acompañar una buena tabla de quesos.
El membrillo es una fruta ligada desde tiempos antiguos al Mediterráneo y a Oriente Próximo. Sus orígenes se localizan en Asia Central, pero su cultivo pronto se extendió por toda Europa. Su árbol, el membrillero, produce unas piezas parecidas a la manzana – de hecho, esta fruta era conocida como la manzana de Creta - aunque de mayor tamaño, con una piel rugosa y de tacto suave que oscila entre amarilla y verde y una aromática pero dura pulpa.
En la época de las civilizaciones clásicas, el membrillo estaba considerado como un alimento de dioses y se ofrecía en los banquetes de boda de la antigua Grecia porque se identificaba como el fruto del amor y la fecundidad.
Sabor astringente
Pueden adquirirse membrillos desde comienzos del otoño hasta el principio del invierno. Los más adecuados son aquellos que presentan la piel amarillenta e intacta y un aspecto carnoso. Si se adquieren verdes, en unos días maduran en casa. Pueden llegar a conservarse hasta unos diez días en la nevera, pero conviene envolverlos por individual.
Resulta difícil comerlos en crudo por su sabor astringente y amargo, además se oxidan rápidamente cuando se cortan. Sin embargo, lo habitual es encontrarlo preparado en deliciosas recetas como las compotas, purés, jaleas o el dulce de membrillo, gracias a su contenido en pectina. Además, combina a la perfección con quesos frescos, el requesón y las nueces, por el contraste que se hace entre dulce y salado. También puede tomarse acompañado de galletas, tostadas o todo tipo de frutos secos y constituye un aperitivo energético para quienes necesitan un aporte extra de calorías, como en el caso de los deportistas.
Es un producto muy valorado en repostería, que suele emplearse como guarnición en platos de carnes rojas o de caza. Una de las variedades que habitualmente se encuentran en los establecimientos es el dulce de membrillo, también llamado carne de membrillo, la conserva de otoño por excelencia y el dulce más común que se prepara con esta fruta, aunque no el único. Es muy nutritivo, ya que el azúcar que contiene aporta una considerable proporción de calorías, pero no se recomienda en caso de padecer diabetes, hipertrigliceridemia o exceso de peso, salvo que al elaborarlo se sustituya el azúcar por edulcorantes sin calorías.
Con queso y nueces
Los membrillos, una vez limpiados, se cortan en cuatro partes y se cuecen para que estén blandos pero enteros. Tras cocerlos, se tamizan para eliminar los posibles gránulos interiores que hayan quedado demasiado duros. Una vez que se obtiene esta pulpa tamizada, se vuelve a cocer y cuando hierve, se le añade azúcar en una mezcla mitad y mitad de azúcar y pulpa de membrillo. La mezcla se deja al fuego durante unos 20’ y ya está listo para guardarlo en envases de cristal. Estos recipientes se dejan a temperatura ambiente y ya están listos para su consumo.
Lo habitual suele ser combinarlo con queso fresco. Se puede preparar un pastel triturando galletas maría con mantequilla, hasta conseguir una pasta homogénea, que se colocará en la bese de un molde de horno. Por otra parte, en un recipiente hondo se mezcla queso fresco con ralladura de limón y nata montada y se mezclan bien todos los ingredientes.
En un cazo aparte se diluye gelatina granulada en agua y cuando esté preparada se añade a la mezcla anterior. A continuación, se coloca todo en el molde de horno, se tapa con film transparente y se deja un par de horas en el frigorífico.
Un poco antes de que concluya este tiempo, se coloca dulce de membrillo en un cazo al baño María y se introduce al horno, para cocerlo a temperatura media hasta que se deshaga. Una vez deshecho, se extiende por encima de la tarta de queso y se vuelve a introducir en la nevera hasta que sea el momento de servirlo.
El membrillo posee numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Destaca por su abundancia de fibra y taninos, los elementos encargados de aportar la característica astringente propia de este fruto. Los taninos secan la mucosa intestinal (el interior del conducto digestivo), y por esta razón, se recomienda en caso de trastornos digestivos (como regulador del tránsito intestinal) y para favorecer la eliminación de ácido úrico. Además es rico en potasio y bajo en sodio, ayuda a prevenir la astenia otoñal y es recomendable para aquellas personas que sufran hipertensión o afecciones de los vasos sanguíneos y del corazón que no estén asociadas a exceso de peso.
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