Recetas Vegetarianas o sin Colesterol - repsolypf.com

Repsol YPF

Banner

repsolypf.com

Barra de Herramientas

Casa y Hogar Cocina

Ruta

Estoy en: Inicio > ... > ... > Reportajes > Platos > Verduras y hortalizas
El ajo, fuerte olor y múltiples propiedades

Originario de Asia Central, el ajo es un condimento habitualmente usado en la cocina española que ya era conocido por egipcios y romanos. Se trata de uno de los remedios curativos más eficaces.

Se trata de uno de los remedios curativos más eficaces que entonces ya se empleaba principalmente para las infecciones de la piel. También formaba parte de la dieta cotidiana que ingerían los trabajadores de las pirámides, porque se creía que fortalecía el cuerpo para resistir las pesadas jornadas. Hacia el año 1.000, el ajo era un producto ampliamente conocido y muchas culturas lo apreciaban, no sólo por su valor dietético sino porque consideraban que tenía propiedades medicinales e incluso mágicas.

Y es que este bulbo, formado por varias piezas llamadas “dientes”, posee propiedades estimulantes, antidepresivas, expectorantes y diuréticas. Sin duda se trata de una planta altamente beneficiosa, ya que tiene la propiedad de bajar la tensión arterial y suele utilizarse para tratar la esclerosis cerebral. Además, disminuye el crecimiento de las bacterias, es un potente antiinflamatorio, aumenta las defensas, previene la arteriosclerosis, alivia el dolor, está indicado en problemas del aparato respiratorio, tiene capacidad para reducir los niveles de colesterol y externamente combate la artritis. 

En la actualidad, el ajo es objeto de numerosos estudios que intentan demostrar sus posibles efectos beneficiosos en casos de cáncer, lumbago, y que podrían unirse a los ya probados en el campo de la arterioesclerosis. 

Las propiedades, en crudo
Este condimento –por su aporte en ajona, una sustancia que se obtiene al ser machacado- resulta un eficaz depurador y fluidificante de la sangre, ya que colabora contra la formación de coágulos de sangre y es un alimento altamente recomendado en casos de enfermedades cardíacas.  Por otra parte, contiene aminoácidos sulfúreos, especialmente alicina, con un notable efecto antibacteriano y antivírico que contribuyen a eliminar toxinas nocivas (resulta muy indicado en infecciones de boca, garganta, estómago, de la piel o del aparato genitourinario), aumentar los leucocitos, reducir la presión sanguínea, así como mejorar la función cardíaca y la circulación de la sangre. 

Esta planta aromática y comestible es conocida también porque contribuye a la mejora de las infecciones y si se aplica sobre la piel, su jugo resulta antiséptico. De hecho, resulta 50 veces más potente desinfectante que el alcohol de 90 grados o el zumo de limón. Esta capacidad bactericida explica que, en ocasiones, cuando la carne de un ave o de un cordero empieza a oler se frote con ajo. 

No hay que olvidar que todas estas propiedades del ajo sólo sirven si éste se consume crudo y realmente las opciones son muy numerosas: puede triturarse en el gazpacho, cortado en pequeños trozos sobre anchoas o sardinas, cortado en láminas finas y mezclado en ensaladas, como parte de salsas (ali oli, pesto…), con champiñones o setas, pimientos asados e incluso, simplemente, frotado sobre pan tostado. 
Por otra parte, cocinar con ajo es una forma natural de evitar la infección por salmonelosis ya que si se incluye como ingrediente, anula el riesgo de que exista la bacteria que lo causa.

Además de crudo, puede ingerirse cocido, frito, asado, pero también en forma de aceite, cápsulas, tabletas, bebidas preparadas, macerado en agua o en alcohol, inhalado o aplicado directamente en forma de cataplasmas o emplastos.

Remedios caseros
Su fuerte aroma puede provocar problemas de mal aliento que pueden combatirse masticando hojas frescas de apio, perejil o menta fresca, o si se prefiere, tomando infusiones de manzanilla, romero o tomillo, que sirven para perfumar la cavidad bucal. 

Con el ajo se elaboran remedios caseros para combatir los problemas de catarros y bronquitis. Una solución es preparar “agua de ajo”. Para ello, se hierve agua y luego se apaga el fuego. Se machacan varios dientes de ajo pelados y se echan en el agua. Se tapa y se deja macerar doce horas. Posteriormente se cuela la mezcla con un filtro de papel y se embotella. El agua de ajos se recomienda beber a lo largo del día en pequeños sorbos. 

Para preparar un jarabe el procedimiento es el mismo. Transcurridas las doce horas de maceración, tan sólo hay que añadir miel y batir la mezcla hasta conseguir la consistencia de un jarabe. Esta fórmula está desaconsejada en personas diabéticas o que padezcan sobrepeso.  

Sin embargo, el método más utilizado ya desde la antigüedad es el alcohol de ajos. Consiste en triturar varios dientes de ajo bien pelados y mezclarlos con aguardiente puro en un frasco. El recipiente se cierra herméticamente y se deja macerar en la nevera durante unos diez días. Transcurrido ese tiempo, se saca y el contenido se cuela con un colador de gasa, introduciéndolo en un recipiente nuevo y dejándolo de nuevo en el frigorífico dos días más.  Al día siguiente se puede empezar a consumir, utilizando un gotero para mezclar el líquido con agua o leche y tomándolo antes de las comidas



Pie de página

Acceso a Confianza online