Los meses de otoño son tiempo de calabaza, una de las muchas hortalizas con las que elaborar recetas de puchero para combatir los fríos pero también deliciosos postres con su característico sabor dulce.
Aunque durante todo el año se pueden encontrar calabazas en el mercado, en otoño se lleva a cabo la recolección, una vez que el fruto ha alcanzado su máximo tamaño y su piel se ha endurecido y, sobre todo, antes de que empiecen las heladas. Es también la época en la que alcanzan su mayor popularidad durante las celebraciones que se llevan a cabo en Halloween.
Su nombre original procede del árabe. Conocida como carabassa en Cataluña, cocomero en Italia y pompon en Francia, este último término tiene su origen en la palabra griega pepon, refiriéndose a un melón grande. Los ingleses modificaron el vocablo por pumpion y los colonos americanos lo transformaron en el actual pumpkin.
Originaria de Asia meridional, su cultivo se extendió por Europa y la América precolombina y su imagen se asoció durante siglos con los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela, que la utilizaban como recipiente para guardar el agua.
Llamativa pulpa naranja
Existen diversas variedades de calabazas y puede presentar formas muy diferentes, alargadas, ovaladas, de pequeño tamaño o de considerables dimensiones que han llegado incluso a inscribirse en el libro Guinness de los Récords. Todas las variedades presentan en el interior multitud de pepitas de forma redondeada y aplanadas, unidas por hebras de pulpa.
Si se guarda en un lugar fresco y aireado puede conservarse durante meses pero, una vez abierta, no es recomendable dejarla más de cuatro días en la nevera. La calabaza joven se congela fácilmente, tan sólo hay que cortarla en cubitos y escaldarla en agua hirviendo. A continuación se escurre, se mete en bolsas de plástico y se congela.
La variedad más común es la que posee tanto la piel como la carne de color naranja intenso y que suele emplearse en cocina para preparar platos dulces y salados. En crudo presenta una consistencia dura que se vuelve muy blanda una vez que está cocida.
En cualquier caso, a la hora de comprar la piel debe estar lisa y sin defectos, pero si se muestra muy brillante es porque igual no ha madurado del todo. Como su tamaño suele ser bastante grande, es habitual comprarlas por porciones.
Las calabazas pueden ser de verano o de invierno. Las primeras pueden comerse crudas, sin pelarlas ni quitarles las pepitas porque son tan tiernas que también se comen. Dentro de este grupo se encuentran la calabaza bonetera, la espaguetti y la calabaza rondín, mientras que son variedades invernales - más fibrosas y dulces que las de verano - la calabaza banana, la de cidra o zapallo (de pulpa gelatinosa e intenso color amarillo) y la confitera, de carne jugosa y tierna y cuyo color puede oscilar desde el blanco hasta el anaranjado rojizo. De esta última se obtiene el cabello de ángel, un relleno básico muy utilizado en pastelería y repostería. La pulpa se utiliza para elaborar pasteles cremosos, mousses salados, galletas, flanes, interiores de bombones, mermeladas caseras e incluso originales helados de calabaza.
Dulce y diurética
El 90% de su composición es agua y en cocina aporta un matiz de dulzura y suavidad a las comidas. Habitualmente se consume hervida o cocida al horno. Pero también en crudo y cortada muy fina se utiliza para ensaladas de crudités, entremeses y bocadillos e incluso suele ponerse macerada en Oporto para acompañar terrinas de foie.
Su pulpa se fríe y se gratina. También sirve para elaborar guisados, purés espesos aderezados con aceite de oliva y cremas tibias, se incluye en fritadas de verduras, como guarnición de platos o acompañada de diferentes salsas.
Además de su carne, las pepitas de su interior se secan y se comen tostadas como aperitivo. Con ellas se obtiene además un aceite aromático que se emplea para aderezar ensaladas. Incluso sus flores se comen rellenas o envueltas en una pasta y cocinadas.
Por su bajo aporte en calorías y grasas la calabaza es un alimento recomendado en las dietas de pérdida de peso, ya que ayuda a eliminar la retención de líquidos y a regular el azúcar de la sangre, con lo que frena la ansiedad que se puede sentir frente a los dulces.
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