El dátil no es un fruto que se utilice con frecuencia, a pesar de que España está considerado como el país con los mejores palmerales de Europa. Sin embargo, las innovaciones en el panorama gastronómico abren nuevos cambios y posibilidades.
Los antiguos egipcios ya cultivaban palmeras y el alto poder nutritivo de los dátiles era conocido tanto por éstos como por asirios y babilonios. La cultura árabe lo considera como un fruto sagrado y su gastronomía ha creado a lo largo de los siglos numerosos postres y dulces utilizándolo como principal ingrediente. Es costumbre tomarlos con leche y en algunas zonas del norte de Africa se preparaban tortas de dátiles prensados, destinadas a la alimentación de las caravanas.
Sin embargo, esta larga trayectoria no se ha reflejado a nivel del estado español a la hora de consumir este fruto. De hecho, casi se podría hablar de un desconocido que, poco a poco, comienza a abrirse camino en los mercados gracias a las campañas de divulgación que están realizando tanto productores como cocineros.
El dátil es un fruto pequeño y alargado que presenta una textura blanda, dulce u aromática, con un color que oscila entre el amarillo dorado y el parduzco, cuando la pieza ya está madura. Se pueden cosechar en la etapa de madurez parcial (“khalal”), cuando presentan un color amarillo-rojizo (aunque son demasiado astringentes), en la madurez completa o “rutab”, cuando ya su sabor es más agradable y el fruto más jugoso o bien en la última etapa o “tamar”, en la que las piezas están más dulces y blandas y presentan los porcentajes de azúcares más altos.
Alimento energético
Crece en racimos en la copa de las palmeras y su sabor dulce recuerda el de la miel. Contiene sacarosa, es rico en fibra y celulosa. Es un alimento muy energético, con un alto porcentaje de hidratos de carbono, muy indicado para aquellas personas que habitualmente queman muchas energías, como los deportistas. Por otra parte, la ingesta de dátiles aporta azúcares complejos al organismo, que se metabolizan durante largo tiempo, un factor importante cuando se somete al cuerpo a esfuerzos físicos o mentales durante espacios prolongados.
Los dátiles son ricos en minerales, especialmente potasio, cobre, calcio y magnesio. Además, su contenido de ácido pantoténico o vitamina B5, contribuyen a relajar a las personas y a conciliar el sueño, ya que la B5 es conocida por sus efectos tranquilizantes sobre el sistema nervioso.
Se cosechan de octubre a enero, época en la que pueden consumirse frescos. Precisamente por el punto de maduración alcanzado los dátiles pueden dividirse en blandos (con mayor valor nutritivo), semisecos y secos (se conservan durante largo tiempo en lugares frescos y protegidos del sol, para que no se deshidraten y como son ricos en azúcares también pueden congelarse). Se comercializan tanto con hueso como sin él. A la hora de adquirirlos en los supermercados suelen presentarse confitados o como dátiles-pasas, dos formas que, además de conservarlos, prolongan su vida.
Rellenos y en empanada
Una sencilla forma de preparar los dátiles, según una antigua receta sefardí, consiste en quitarles el hueso, colocando en su lugar un cuarto de nuez o una almendra. Después se hornean a fuego moderado y se sirven de postre, pinchados con palillos. También pueden rellenarse con una pasta elaborada a base de pistachos molidos, mezclados con azúcar y clara de huevo.
Una forma similar de prepararlos consiste en batir queso azul en un bol con un tenedor hasta conseguir una pasta fina, mezclándolo con un poco de nata. Se rellenan los dátiles con esta pasta, a la que se pueden añadir unas nueces troceadas. Cada dátil se envuelve en una tira de bacon y se fríe en abundante aceite. El bacon también puede sustituirse por hojaldre y meterlo un poco al horno.
Hay alternativas que proponen abrir los dátiles a lo largo para extraer el hueso, coger un trozo de paté y trabajando con un tenedor, hasta que quede suave y ponerlo en una manga pastelera, con la que se rellenan los dátiles a continuación. En la superficie pueden colocarse trozos de almendra picada.
Otra receta consiste en descongelar hojaldre a temperatura ambiente y extenderlo con un rodillo, espolvoreando harina para que no se pegue. Con este hojaldre se forra una fuente plana de horno y se pincha el fondo con un tenedor. Para el relleno, se trocean dátiles y bacon y se esparcen por la fuente. A continuación se vierte nata líquida. Se tapa con otra lámina de hojaldre, se pincha de nuevo con un tenedor para que respire y se aplastan los bordes hasta dejar la empanada bien cerrada. Se pinta con huevo batido y se mete al horno, previamente calentado, a temperatura alta. Después se baja a fuego medio y se deja unos veinte minutos. No debe abrirse la tapa del horno porque entonces el hojaldre se baja. A la hora de sacarlo a la mesa, puede servirse tanto frío como caliente.
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