Natural y saludable, la cerveza es una bebida que no contiene grasas, destaca por su aportación de vitaminas, minerales y extractos naturales.
Por lo que su consumo puede incluirse en cualquier dieta equilibrada. Los primeros documentos en los que se tiene noticia de la cerveza proceden del pueblo sumerio (Baja Mesopotamia) donde en unas tablillas de barro del año 4.000 a. C. se menciona una bebida llamada sikaru, hecha con la fermentación de grano y panes de cebada fermentada. En Egipto la malta (llamada zythum) llegó a convertirse en la bebida nacional y era costumbre añadirle miel, jengibre, dátiles y azafrán.
Los habitantes de Europa Occidental en la época romana consumían cerevisium, (un caldo elaborado con trigo y agua que se diferenciaba según el proceso de elaboración), los galos la conocían como cervisia y los hispanos como ceria. Los propios romanos elaboraban ceres-vis con trigo, avena o centeno, además de la cebada y la endulzaban con dátiles y miel.
La cerveza contiene ingredientes beneficiosos para el organismo como la levadura, la malta o el lúpulo. Consumida con moderación, contribuye a mejorar la salud cardiovascular, por el alto poder antioxidante y antiinflamatorio de los polifenoles que contiene, ayuda a retrasar la aparición de la menopausia y a reducir malformaciones en la médula espinal, además de mejorar la respuesta inmune contra agentes patógenos, responsables de desarrollar enfermedades infecciosas.
Fuente de vitaminas B
En la actualidad, los estudios realizados acerca de esta bebida consideran que su porcentaje de extractos naturales la convierte en un buen aperitivo, ya que estimula las papilas gustativas y abre el apetito. El consumo diario de 1/3 de cerveza aporta aproximadamente un 6,6% de las necesidades diarias de calorías. Además, aporta una importante cantidad de la fibra soluble que se recomienda ingerir diariamente y que puede ayudar a complementar el aporte de fibra de alimentos ricos en fibra dietética insoluble, como los cereales.
Está especialmente indicada en dietas hiposódicas, por su bajo contenido en sodio y además aporta fósforo y vitaminas solubles del grupo B como la tiamina (B1) que actúa sobre el metabolismo de los glúcidos, la rivoflabina (B2) que facilita la digestión, la piridoxina y niacina, así como ácido fólico y folatos. Estos últimos se asocian con la posibilidad de reducir el riesgo a sufrir anemia megaloblástica y malformaciones en la médula espinal.
Según datos de un estudio realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Innsbrück, en Austria, la cerveza podría tener un efecto inmunorregulador de carácter anti-inflamatorio y aunque en un principio se pensaba que era el bajo contenido en etanol el que ayudaba a prevenir este tipo de enfermedades, se llegó a la conclusión que el beneficio provenía de la cebada y el lúpulo, los ingredientes naturales con los que se elabora esta bebida.
También es una excelente fuente de minerales esenciales como el potasio, el calcio, el magnesio y el silicio. Precisamente, algunos trabajos científicos confirman que este último mineral contenido en la cerveza puede tener un efecto positivo sobre la osteoporosis ya que, junto a los flavonoides y el bajo contenido alcohólico de la cerveza, favorecen que haya una mayor masa ósea.
Usos estéticos
Asimismo, se ha investigado el xanthohumol, un flavonoide presente en la cerveza y su contribución a prevenir ciertos tipos de cáncer. Posee una capacidad de inhibir una familia de enzimas que puede activar el proceso cancerígeno y de esta forma ejerce un papel antioxidante muy importante, incluso mayor que el de la vitamina E. Precisamente por su elevado contenido en antioxidantes, los expertos se plantean que un consumo moderado después de la actividad física podría ser útil para permitir una mejor recuperación después del esfuerzo realizado.
Desde la antigüedad, la cerveza ha sido valorada por sus propiedades refrescantes, sus usos medicinales y también estéticos. En Egipto, se empleaba la espuma de la cerveza para ungirse y así conservar el frescor natural de la piel Muchos años más tarde, en la corte de Prusia del siglo XVI, se recuperaba esta costumbre y la cerveza volvía a utilizarse como un tonificante cutáneo, para mantener una piel fresca. En esta línea de cuidados corporales, la República Checa, país gran consumidor de esta espumosa bebida, cuenta con un balneario que ofrece baños calientes con agua mineral y cerveza de la zona. Sus efectos relajantes están destinados a suavizar la piel, eliminar los dolores musculares y cuidar el cabello.
En la actualidad, el estado español es el tercer productor de cerveza de la Unión Europea y el cuarto productor de lúpulo, una de sus materias primas. Sin embargo, el consumo por persona al cabo del año es uno de los más moderados en el ámbito europeo y, de hecho, España es el país donde más cerveza “sin” se consume, más de un 10%.