Aunque la fecha suele ser la excusa perfecta para disfrutar de una cena fuera de casa, otra opción para celebrar el 14 de febrero es convertirse en chef por una noche y preparar una velada romántica en casa, de forma que, con un menú delicioso y a la vez sencillo de preparar, se consiga una auténtica sorpresa para la pareja.
Ante todo, deben cuidarse los detalles. La habitación donde vaya a prepararse la mesa deberá estar limpia y ordenada y se tendrá en cuenta que una mesa más o menos pequeña favorece la intimidad. Se preparará de forma que los comensales se encuentran cara a cara.
Hay que comenzar colocando un mantel bien planchado (nada de mantelitos individuales) y cuidar que las servilletas no tengan manchas. Por supuesto, las de papel quedan excluídas. Se pueden colocar encima del plato si éste es llano o también a la izquierda, junto al tenedor. Se dispondrá la vajilla y, en caso de disponer de bajoplatos también se colocarán, dejándolos en el transcurso de la velada y sirviendo los platos sobre éstos. En cuanto a la cristalería, se dispondrán las copas según el orden en el que vayan a consumirse, comenzando por la derecha: vino tinto o blanco (para carnes o pescados), agua (siempre debe colocarse) y cava (para los postres).
Los cubiertos se colocan siguiendo el orden de uso, de forma que los primeros en utilizarse se ponen en la parte más externa. El tenedor a la izquierda y el cuchillo (con el filo hacia el interior) y la cuchara, a la derecha.
Velas y flores
Para crear un ambiente cálido, tal y como la ocasión lo requiere, se pueden colocar varias velas, siempre que no entorpezcan la visión entre los comensales. En este sentido, en lugar de colocar candelabros, se puede optar por velas anchas o de diseño que no necesitan soporte. En las tiendas de decoración hay numerosas opciones. Si se desea y en función del tamaño de la mesa, se puede adornar ésta con un pequeño centro de flores, siempre que no abrume el espacio de la cena con excesivos detalles. Un toque final dentro de la ambientación será la música, a gusto de los comensales y con un volumen que permita el desarrollo de la conversación sin estridencias.
A la hora de escoger el menú es importante tener en cuenta los gustos de la persona a la que se va a sorprender con esta cena. Al tratarse de una comida nocturna, se recomienda que los platos sean preferentemente ligeros, evitando sabores excesivamente picantes o exóticos.
Se puede comenzar con un aperitivo o un consomé. A continuación, se puede elegir un entrante suave como unos milhojas de foie con manzana (también se puede sustituir la manzana por unos hongos) o bien unos rollitos rellenos de vegetales y aguacate (muchas veces se ha hablado del carácter afrodisíaco de este fruto).
El segundo plato puede ser tanto de carne como de pescado, aunque se recomienda éste último, porque es de digestión más fácil. Una lubina al hinojo, acompañada de frutos secos, es una receta acertada. De cualquier forma, también es posible decantarse por un confit de pato con naranja amarga y vino blanco, un corazón de solomillo al vino tinto, un roastbeef con queso o un carpaccio de foie.
Marisco y champán
Para una cena romántica también resulta muy indicado preparar un plato de marisco, como pueden ser unos camarones con crema de champán. Para ello, se lavan bien las piezas y se colocan en una fuente untada con mantequilla. Por otra parte, para elaborar la salsa (puede hacerse de víspera), se derrite mantequilla en una sartén, se sofríe ajo y se agrega harina hasta formar una pasta. Se añade champán y se remueve constantemente hasta que hierva un poco, sazonando después con sal y pimienta. A continuación se agrega carne de cangrejo natural, champiñones (previamente cortados en láminas y pasados por la sartén) y tomates sofritos. Con todo ello se prepara la salsa.
Por otra parte, se precalienta el horno a potencia media, se vierte la salsa sobre los camarones y se dejan durante un cuarto de hora aproximadamente, hasta comprobar que están en su punto. Se sirven adornados con unas ramitas de perejil fresco.
Para finalizar, nada mejor que un postre a la altura de la ocasión a base de frutas rojas y chocolate blanco y negro, o bien una sugerente mousse de mango y tequila con espuma de frambuesa o un helado de chocolate caliente con helado de menta, acompañado de una copita de cava. Por cierto, cada vez es más frecuente, en especial si se trata de celebraciones, servir champán o cava desde el principio y continuar con esta bebida durante toda la cena. Pero si esta opción no es del gusto de los comensales, siempre se puede optar por dejar esta bebida para los postres y elegir un vino tinto o rosado para acompañar la cena. Entre estos últimos, un Lambrusco o un Peñascal serían dos posibilidades excelentes.