
Las salsas son la magia de la cocina. A la hora de elaborarlas, además de los ingredientes es necesario disponer, en ocasiones, de determinados utensilios para elaborarlas. El toque final de su presentación en la mesa también es importante y para ello existen diferentes opciones.
Aunque existen muchos tipos de salsas, lo importante es dar a cada una la consistencia perfecta que requiere. Antes de empezar a prepararlas, tanto las clásicas como las de inspiración propia, conviene tener a mano todos los ingredientes y utensilios que puedan necesitarse, ya que es sabido que algunas mezclas pueden estropearse por un momento de descuido, echando al traste la sabrosa mezcla.
Algunas consiguen su punto colocadas al fuego donde, por efecto del calor, van eliminando líquidos a la vez que intensifican su sabor. En este punto conviene vigilarlas y espumarlas de vez en cuando durante la cocción, para retirar las impurezas que puedan subir a la superficie.
Otras necesitan espesarse con féculas como las dulces a base de frutas, que pueden servirse tanto frías como calientes. Las salsas saladas suelen servirse generalmente calientes y acompañan las carnes, verduras o patatas. Para las salsas blancas se utiliza sólo leche o bien mezclada al cincuenta por ciento con caldo. Para las salsas oscuras se utiliza caldo de cocción de la carne o de los vegetales y también puede emplearse vino tinto. Los amigos de la sofisticación pueden acompañar sus recetas con una salsa espumosa a base de mahonesa con puré de rábanos, zumo de naranja y un poco de pimienta. Luego se cuela y se prepara en sifones.
Múltiples utensilios
Los utensilios de cocina facilitan el trabajo, logran que la preparación de los alimentos sea más cuidadosa y consecuentemente la calidad de los platos sea mejor.
Muchas de estas mezclas, especialmente las frías, pueden prepararse tan sólo utilizando un bol en el que se combinarán los ingredientes hasta conseguir la salsa homogénea. En ocasiones, como cuando se elabora la salsa de yogur con hierbas aromáticas, se utiliza la batidora para que los ingredientes queden bien desmenuzados y en otras, como al preparar la salsa al pesto, es necesario disponer de un mortero donde majar ajos hasta convertirlos en un fino puré que se mezclará asimismo con otros ingredientes.
En cocina pueden encontrarse unos recipientes tipo barreños que tienen numerosas aplicaciones, desde conservar alimentos en el frigorífico hasta montar salsas o batidos. Cuando la tarea se realiza manualmente, suelen utilizarse batidoras de varillas, de uso polivalente, pero básicas a la hora de mezclar salsas.
También resulta muy práctico disponer de un cazo alto y estrecho para poder cocer al baño María salsas como la holandesa, que se mantienen en este recipiente hasta que queda bien ligada. Junto a este cazo conviene disponer de un cucharón largo con el que servir sin que se derrame nada fuera.
Conviene tener en cuenta que para que una salsa tenga éxito es importante mezclar los ingredientes con delicadeza. Algunas salsas como la de manzana se elaboran poniendo a cocer los trozos de fruta ya pelados hasta que se consigue un puré homogéneo. En este punto, se puede utilizar un pasapurés o un colador chino para afinar aún más la mezcla resultante, pero muchas veces no es necesario. Puede servirse caliente acompañando a carnes de cerdo o bien guardar en la nevera para acompañar bien fría.
Muchas veces las salsas se preparan en la cocina y se añaden directamente como un acompañamiento de los platos. Otras, en cambio, son opcionales y se colocan en la mesa para que aquellos comensales que lo deseen tengan opción de utilizarlas como complemento del menú. Pero también existe la alternativa de rociar el plato con la salsa elaborada y luego sacar a la mesa el resto, por si algún comensal desea añadir algo más.
Hay que tomar algunas precauciones a la hora de preparar estas combinaciones, ya que si se baten junto al fuego el recipiente que se utiliza puede calentarse más por un lado que por otro. Si esto sucede, la salsa tendrá una diferencia de temperaturas que pueden influir en su densidad y, consecuentemente, estropearse.
Los detalles de la presentación
Si se prepara un menú con platos que contienen mahonesa, además de poder sacar a la mesa pequeños boles, se pueden adornar los platos utilizando una manga de las que se utilizan para la crema pastelera, rellena de esta mezcla.
Cuando las salsas vayan colocadas en los platos, existe una forma específica de colocar los ingredientes. Consiste en imaginar el plato como un reloj, en el cual a las seis iría el ingrediente principal, a las tres y a las nueve irían situadas las verduras y finalmente a las doce se colocarían las salsas o purés, si los hubiera.
También pueden distribuírse los alimentos de dentro hacia fuera, de forma que el ingrediente más importante queda en el centro, mientras que los acompañamientos se sitúan en su perímetro.
En la mesa, además de los distintos boles que se presentan para contener las salsas, es necesario tener una cuchara de servir, para remover y escanciar pequeñas cantidades líquidas entre los comensales. Por otra parte, en el mercado existen salseras de porcelana de forma oval, en las que depositar una única salsa y otras que, con la misma forma, están separadas en dos departamentos de forma que el mismo recipiente pueden dos variedades distintas.
Los boles redondeados suelen emplearse para presentar vinagretas o salsas alli oli y en algunas mesas pueden encontrarse pequeños platillos para servir salsas de forma individual.