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Elaborar licores caseros

Entre las tradiciones que se mantienen de antaño, está la de salir al campo para recolectar frutos, con los que preparar aromáticos licores que se degustarán en los meses venideros.

Existe constancia de la elaboración de licores de hierbas medicinales desde el siglo XIII en Italia, generalmente hechos por los monjes. El secreto de estas bebidas se encuentra simplemente en la fruta, las hierbas o especias con las que se elaboran, posteriormente mezcladas y maceradas, bien en alcohol o en bebidas de alta graduación y, a su vez, combinadas con almíbares o jarabes, dando como resultado una bebida dulce. También pueden hacerse añadiendo los ingredientes a una  destilación base obtenida previamente. El resultado suelen ser licores de mejor calidad.

El alcohol es el ingrediente principal de estas bebidas, por lo que la calidad del licor dependerá de la calidad del alcohol que lo componga. Suelen emplearse tanto el aguardiente y el coñac como el whisky, el brandy o el alcohol de cereales, aportando cada uno un matiz especial en el sabor final. Esta gran variedad de opciones permite adaptar la graduación alcohólica de acuerdo con el tipo de licor que se vaya a elaborar: suave, medio o fuerte. 

Otro componente fundamental es el azúcar. Salvo que lo requiera alguna fórmula especial, suele emplearse la variedad refinada obtenida de la caña de azúcar, sin impurezas ni olores extraños que puedan influir en el sabor del licor que se va a elaborar. 

El almíbar, esencial
El jarabe es el resultado de la mezcla del azúcar con el agua. Esta última debe ser destilada y en caso de tratarse de agua corriente es preciso hervirla previamente, por los porcentajes de cloro que contiene. Una vez fría debe filtrarse. La proporción entre el azúcar y el agua dependerá del tipo de licor y de la concentración de "dulzura' que se le quiera dar. 

Este jarabe puede prepararse en frío, mezclando bien ambos ingredientes hasta que el azúcar se disuelva completamente. También pueden ponerse los dos en un recipiente al fuego y preparar un almíbar que no sea muy denso para que no cristalice. No conviene utilizar recipientes de metal, porque reaccionan con las sustancias ácidas. Son mejores los de vidrio o cerámica. 

Para conseguir licores caseros de frutas (también suelen utilizarse bayas), las piezas deben estar maduras pero sanas y sin golpes. Cuidado porque si está demasiado madura puede fermentar. Las piezas, de tamaño pequeño, se limpian y se secan. En el caso de las fresas y grosellas se elimina el tallo, mientras que las frambuesas se limpian con un paño suave y húmedo, porque si se lavan pierden su aroma. 

La fruta, con unos trozos de canela, se coloca en un frasco de cristal grande, de boca ancha y con cierre hermético. Se cubre con aguardiente de orujo y se agrega el azúcar. Por lo general,  300 gramos de fruta y un cuarto de kilo de azúcar por cada litro de aguardiente. El frasco se cierra y se conserva en un lugar fresco, seco y oscuro durante varios meses. 

En un principio conviene mover el recipiente un par de veces al día hasta comprobar que el azúcar se ha disuelto. Una vez transcurrido el tiempo de maceración se filtra el contenido del frasco, se embotella y se espera una semana antes de consumirlo. Esta receta sirve tanto para frutos rojos, como para naranjas  o ciruelas.

A la hora de sacar a la mesa, los licores caseros se sirven en vasitos fríos. En caso de que la bebida resulte muy fuerte, se puede rebajar su graduación añadiendo un cubito de hielo. 

Bebidas tradicionales
Entre los clásicos de elaboración casera se encuentra el pacharán. Su base son las endrinas, que se introducen en un tarro, con mitad anís y mitad orujo, en una proporción de ¾ de alcohol y ¼ de fruta, unos granos de café y un trozo de canela en rama. Se deja macerar unos seis meses mínimo, en un lugar oscuro y fresco, removiendo de vez en cuando. Transcurrido el tiempo, se filtra en tamiz de tela y se pasa a una botella. 

Si se quiere obtener un pacharán más seco, puede elaborarse sólo con orujo y un poco de azúcar al gusto, mientras que si se hace sólo con anís, el producto final resulta más dulce. La misma fórmula se emplea para preparar licor de arándanos. 

También es muy popular el licor de cerezas, con su aroma mezcla de acidez y dulzor. Tan sólo necesita un kilo de cerezas, un litro de aguardiente, dos vasos de agua y medio kilo de azúcar. Se trituran las frutas sin hueso y se dejan fermentar unos tres días. Después se introducen en un frasco hervido junto con el aguardiente y se dejan macerar durante dos meses. Pasado este tiempo, se filtran, se añade agua y azúcar hervidos. Debe dejarse reposar otros dos meses más hasta que el licor esté en su punto. 

Los frutos secos son otro de los ingredientes que se utilizan para preparar licores, entre otros el de avellana. Se muelen varios de estos frutos y se introducen en una botella con agua hirviendo. Se cierra herméticamente y se deja enfriar. Cuando se haya enfriado totalmente, se añade alcohol y una rama de vainilla. Se deja macerar durante una media hora y luego se cuela, añadiendo azúcar y varias avellanas enteras peladas. El recipiente se cierra herméticamente y se deja reposar durante unos tres meses. 

5 de marzo de 2007



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