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La huerta en la cocina

La cocina es un mundo en continua evolución. La nueva tendencia es emplear pequeños aparatos germinadores que permiten convertir un rincón de la cocina en un huerto.

La cocina de mercado es un valor en alza, pero poder disfrutar de alimentos frescos recién cocinados no siempre resulta fácil. Sin embargo, ahora es posible cultivar germinados en casa, una alternativa sencilla y económica que, sin necesidad de grandes espacios, permite cultivar pequeñas plantas repletas de vitaminas y minerales. 

Los germinados son los brotes que producen las semillas al germinar. Las semillas se plantan en tierra o brotan en contacto con el agua, el calor y el oxígeno. Pueden colocarse desde en unos simples frascos de cristal hasta pequeños recipientes mecánicos con diferentes formas (redondos con varias bandejas superpuestas, cuadrados en forma de huerta …) que se venden en las tiendas ecológicas. Estos tan sólo necesitan llenarse de agua y echar las semillas. Se recomienda colocarlos en un lugar oscuro donde corra el aire y ser constante a la hora de cambiar el agua de vez en cuando, para evitar que se estanque y que presente partículas en suspensión. 

Otros aparatos se enchufan a la corriente eléctrica y aunque no necesitan tierra ni iluminación especial, cuentan con un sistema de riego que detecta las condiciones ambientales y humedece los brotes de modo automático. También los hay que cuentan con sistemas de bandejas extraíbles que permiten cultivar en tierra varios tipos de semillas a la vez. De esta forma, pueden obtenerse germinados en cualquier época del año y con el mínimo esfuerzo. 

Complemento alimenticio
Las semillas pueden adquirirse en las tiendas ecológicas y es recomendable  que sean de cultivo biológico, para asegurarse que estén libres de químicos y pesticidas ya que muchas veces se van a ingerir sin haberlas cocido previamente. 

Una de sus ventajas es que el ciclo de cosecha dura alrededor de una semana. Los grelos tan sólo tardan 3 a 4 días, de 4 a 6 días la soja, las lentejas y el trigo, aunque este último necesita remojarlo unas horas previamente y en unos siete días la alfalfa ya en condiciones de consumirse. 

También hay que tener en cuenta que por un kilo de semillas se pueden llegar a multiplicar incluso hasta por diez la cantidad de germinados que se llegan a conseguir. 

Se trata de un excelente complemento a la comida industrial ya que además de vitaminas y minerales contienen oligoelementos y enzimas y pueden ser muy recomendables para aquellas personas que lleven una alimentación pobre en frutas y verduras. 

Los cereales y las leguminosas son los germinados más utilizados. Se pueden escoger semillas de lentejas, soja, garbanzos, girasol, cebada, maíz, hinojo, guisantes… cuyo resultado son unos alimentos frescos que van aumentando su valor nutricional hasta el momento de comerlos. 

Más nutritivos
Los germinados de trigo poseen seis veces más vitamina B que la propia semilla, mientras que los germinados de guisantes contienen un 26% de proteínas y los de soja hasta un 28%, muy alejados del 13% de los huevos y el 19% de la carne. En cuanto al contenido de vitamina A en la soja se duplica en 48 horas y a las 54 aumenta un 280%, mientras que los germinados de alfalfa, están considerados como uno de los mejores alimentos verdes que existen ya que contiene más clorofila que hortalizas como las espinacas o las acelgas. 

Además de sus propiedades, los germinados cuentan con la ventaja de no tener colorantes ni aditivos y ser bajos en calorías, ya que las grasas y almidones de las semillas se transforman en carbohidratos simples, proteínas, vitaminas y minerales.  

Son alimentos muy ricos en sustancias nutritivas, muy digestivos y de fácil asimilación, especialmente recomendados para aquellas personas que no toleran las legumbres crudas ya que, además de poder degustarse crudos se pueden preparar salteados o acompañando a otros platos. 

Aunque en un primer momento pueden parecer algo insípidos, especialmente para quienes estén acostumbrados a comidas más sazonadas, los germinados se emplean para enriquecer ensaladas (germinados de lenteja con lechuga y aceite), en todo tipo de sopas o bien como decoración o guarnición de otros platos. También combinan excelentemente con algunos tipos de quesos blandos. 

 

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