Con el verano cada vez más cerca vemos como el aumento de horas de luz, el cambio de hora veraniego y la sucesión de días cada vez más cálidos tienen una clara influencia en nuestros hábitos y, en consecuencia, en la manera en que gastamos energía en nuestros hogares.
La llegada del buen tiempo trae consigo el apagado de los radiadores hasta bien entrado el otoño, pero casi simultáneamente los aparatos de aire acondicionado comienzan a ocupar su lugar en la tarea de climatizar el entorno. Por otra parte el aumento de horas de luz solar y el cambio horario también suponen una menor necesidad de iluminación artificial, pero... ¿Cuánto influye realmente todo esto en la factura?, veámoslo.
¿Ahorramos energía con el cambio horario?
El cambio horario para aprovechar mejor la luz solar comenzó a aplicarse en Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Posteriormente fueron sumándose más países a esa iniciativa, especialmente a partir de la crisis del petróleo de los años setenta, y actualmente la Comisión Europea obliga a todos los Estados miembros a su cumplimiento, que va desde el último domingo de marzo al último de octubre.
Los países más beneficiados son los situados más al Norte, ya que cuanto más cerca del Ecuador se esté la duración de los días en invierno y en verano es similar. Sin embargo no faltan las voces críticas con esta medida, que arguyen las molestias causadas en la población por tener que cambiar sus hábitos en una especie de pequeño “jet-lag”, los posibles malentendidos y la falta de coordinación y, especialmente, el mínimo ahorro de energía que supone.
Aunque es difícil realizar estimaciones al respecto, se considera que el cambio horario supone un ahorro de entre el 0% y el 0,5% de electricidad. Lo que se traduce aproximadamente en unos seis euros al año por hogar. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de la gente por las mañanas está en sus centros de trabajo, por lo que un horario de invierno en el que las horas sin luz solar estén por la tarde trasladará el gasto a los particulares. No obstante, hoy en día el gasto en iluminación sobre el total es cada vez menor, debido a la proliferación de toda clase de electrodomésticos cuyo consumo, evidentemente, no depende de que haya luz solar.
El aire acondicionado en verano
Con la llegada del buen tiempo hay una disminución del gasto en la factura del gas, pero no ocurre lo mismo con la factura de la luz. Aunque tradicionalmente el consumo de electricidad ha sido más elevado en invierno, desde hace varios años en España el gasto en electricidad durante el verano ha aumentado ininterrumpidamente de manera que durante Julio y Agosto se llega a unos picos de consumo equivalentes a los de los meses más fríos del año. Esto se debe a la proliferación de aparatos de aire acondicionado, omnipresentes en oficinas y comercios y ahora ya en casi la mitad de los hogares españoles.
Estos aparatos consumen una elevada cantidad de electricidad, por lo que adoptar algunas medidas puede suponernos un ahorro en la factura. Así por ejemplo, es recomendable utilizar toldos, persianas, cortinas, ventanas con buen aislamiento y proceder a ventilar las casas en las horas en las que haga menos calor. Además una excesiva refrigeración en espacios cerrados como casas y oficinas puede traer consigo problemas de salud, al someter al organismo a una excesiva variación de temperatura al entrar y salir a la calle. Por ello es aconsejable marcar en los sistemas de aire acondicionado una temperatura de al menos 24 ó 25 grados.
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