Los beneficios que se pueden obtener de la fuerza del viento y del agua como fuentes energéticas son de sobra conocidos desde hace miles de años. Así, en el siglo III a.c., los griegos, ya empleaban la energía hidráulica a partir de una rueda, también llamada noria, para bombear agua.
El uso de este tipo de energía sostenible ha perdurado hasta nuestros días, y en la actualidad se aprovechan sus grandes posibilidades para construir colchones energéticos sostenibles. Actualmente, la importancia de la energía hidroeléctrica es descomunal. El 19 por ciento de la energía eléctrica que se produce en el mundo procede de esta fuente. En muchos países sudamericanos (Brasil, Perú..., etc.) llega al tercio del total producido, y en países como Noruega al 69 por ciento.
Y es que la atmósfera acumula de modo natural el agua que se evapora. Después se mueve entre zonas de diferente presión a través de masas de aire. Lo interesante de la cuestión, es que esta capa fluida, o atmósfera, está en constante movimiento bajo el influjo de la radiación solar, elevando millones de toneladas de agua y enviando millones de caballos de fuerza en forma de viento de un extremo a otro de la Tierra.
La mano del hombre para aprovechar esta energía en bruto opera del siguiente modo: intercala captadores de este torrente de energía en el camino, para convertirla posteriormente en energía comercial. Así, el aprovechamiento de esta fuerza se hace a través de minicentrales hidroeléctricas o a través de grandes centrales, que trabajan del siguiente modo:
Minicentrales hidroeléctricas
En ocasiones, cuando se trata de obtener energía hidráulica, se aprovechan las características propias que brinda la naturaleza. Por ejemplo, una de ellas consiste en desviar parte del caudal del río a través de un canal lateral, y llevarlo más adelante, hasta un punto en el que el cauce principal haya perdido cota. Allí, se devuelve el agua desviada al río, no sin antes hacerle generar electricidad. En este caso no es necesaria la construcción de una presa, y la afección ambiental será mínima.
Con estas soluciones apenas se obtiene energía. Se habla de minicentrales hidroeléctricas cuando su potencia máxima no supera los 10 MW. Las minicentrales hidroeléctricas están muy indicadas para responder a necesidades pequeñas. No causan gran afección ambiental, y son una buena solución para generar energía. Cuando se construyen pequeñas presas, además, se pueden construir escaleras para peces y evitar obstaculizar del todo el cauce, de cara a minimizar la afección.
Su desventaja más importante es que están condicionadas al caudal del río. Así que únicamente podremos generar electricidad cuando el río lleve agua o en época de lluvias.
Con todo, hoy en día la tendencia es favorable a la construcción de minicentrales hidroeléctricas, especialmente por su limitado impacto ambiental y porque se ajustan al desarrollo sostenible. De hecho, unos miles de minicentrales pueden producir tanta electricidad como varias centrales nucleares, sin causar apenas daño.
Grandes centrales hidroeléctricas
Parten de la acumulación de agua en los ríos a través de un embalse artificial en el mismo cauce fluvial. Aunque las presas pueden ser también pequeñas, dadas las inversiones necesarias, habitualmente las presas destinadas a la producción hidroeléctrica suelen ser grandes.
En ocasiones, como en el caso de las presas de Itaipú, cerca de Iguazú, entre Brasil y Paraguay (12.600 MW) o la de las Tres Gargantas, en el río Yang Tsé, en China (18.000 MW) son obras de ingeniería gigantescas, destinadas a crear una barrera artificial en el camino del agua e instalar en ellas centrales hidroeléctricas de enorme potencia. Hoy en día se genera en grandes centrales hidroeléctricas (de más de 10 MW) el 95% de toda la energía hidroeléctrica.
La energía resultante es limpia y renovable. Además puede generarse electricidad cuando se necesita, y está muy indicada para reaccionar y responder inmediatamente a los picos de demanda puntuales. Otro de sus usos es el de controlar el suministro de agua potable. Por otra parte, pueden proporcionar agua para el riego.
No obstante, provocan un enorme impacto en el sistema fluvial. En ocasiones interceptan completamente el cauce del río y secan el curso inferior del mismo. Por el contrario, cuando se genera electricidad se desembalsa súbitamente un gran volumen de agua que erosiona fuertemente el curso bajo. Los ecosistemas circundantes se ven tremendamente afectada por las presas.
Por tanto, resulta del todo necesario analizar bien cada proyecto hidráulico (incluidas las minicentrales) y establecer si los daños ambientales son o no asumibles.
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