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Los nuevos braseros

Cambian los tiempos, los estilos y las necesidades del usuario. Sin embargo, hay hábitos y costumbres a los que resulta difícil renunciar, como reunirse alrededor de la mesa camilla, al calor del brasero, siempre que éste pertenezca a la nueva generación de aparatos calefactores, más seguros y eficaces que los de antaño.

El mal uso de los braseros en casos concretos ha proporcionado a estos calefactores una mala fama no siempre justificada. Para empezar, hay que diferenciar entre los braseros de carbón, los de gas y los eléctricos. Los primeros están prácticamente en desuso y fueron en otro tiempo el sistema de calefacción más popular de la sociedad española. Se trata de los braseros de picón, una variedad de carbón vegetal de ramas de encina, que al arder genera monóxido de carbono. Este gas tóxico resulta muy peligroso en estancias cerradas, pues no se detecta por el olor, y produce un adormecimiento a quien lo inhala, con consecuencias mortales si no despierta a tiempo. Este tipo de braseros se mantienen en algunos hogares, en los que habitan sobre todo personas mayores, habituadas a calentarse con tales aparatos colocados bajo la mesa camilla. 
Los braseros de gas y eléctricos no ofrecen el riesgo por inhalación de monóxido de carbono propiciado por la combustión del carbón. Los eléctricos se sitúan en el segundo lugar del ranking de peligrosidad por posibles recalentamientos o cortocircuitos, y los braseros de gas, principalmente las nuevas propuestas, constituyen la mejor oferta del mercado en este rango de calefactores. 

Estufas horizontales de gas
Con esta denominación se alude a los aparatos domésticos de combustión atmosférica abierta, es decir, efectuada a través de un quemador tradicional, como los que se emplean en las cocinas de gas. Sustituyen a los tradicionales braseros ya que pueden colocarse bajo la mesa camilla, por lo que resultan perfectos para las personas que no quieren renunciar a costumbre tan hogareña y entrañable. Son seguros y eficaces, y muy apropiados para espacios reducidos. Cuentan con un regulador de potencia calorífica, así como con un sistema de seguridad termopar (cierra el paso de gas cuando el piloto está  apagado) y con encendido automático por piezoeléctrico (el mejor método para no tener que acercar la llama manualmente al aparato). Es importante que el usuario certifique la calidad del calefactor con el código CE, garantía de que el producto satisface los requisitos legales en materia de salud y seguridad que establece la Unión Europea. Más información sobre los nuevos braseros de gas (archivo en PDF) 

Prevención y seguridad
Los cuerpos de bomberos de algunos municipios, así como los servicios de emergencias locales, provinciales y regionales, establecen en sus websites o en sus folletos informativos, que ponen a disposición de los ciudadanos, recomendaciones para el buen uso de los braseros y estufas. 
Su primera afirmación es que los accidentes ocurridos en estos casos se han propiciado casi siempre por un mal uso del usuario y no por un defecto o carencia del aparato. Es imprescindible que el consumidor cuide y mantenga en perfecto estado de limpieza el calefactor, una labor que efectuará al menos un par de horas después de que este se haya desconectado. Bastará con pasar un trapo (preferiblemente blanco) seco sobre el aparato cada tres días (o mejor incluso a diario). De esta forma, no quedarán restos de suciedad en ninguna de las partes del brasero. Antes de poner en marcha el calefactor habrá que revisar que no haya derrames, líquidos u otros elementos  sobre el mismo, algo que puede suceder si hay niños o mascotas en el hogar, que pueden haberlo manipulado de manera inocente. A ambos, niños y animales domésticos, hay que mantenerlos alejados del aparato. De vital importancia es no dejar en las proximidades de la estufa ropa, papel u objetos inflamables, y por supuesto, no emplear lacas, aerosoles o combustibles en la misma estancia, mientras esté en funcionamiento. El consejo más obvio pero que puede ocasionar más riesgo es dejar el aparato apagado cuando todos duermen. Los cuerpos de bomberos siempre recomiendan tener un extintor en la vivienda o uno por planta en los inmuebles antiguos, ya que según su experiencia, muchos grandes incendios podrían haberse apagados en sus inicios con un pequeño extintor. 

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27 de noviembre de 2007


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