El almacenamiento de energía en el hogar ha experimentado en los últimos tiempos fabulosos avances. Se utilizan en la construcción de viviendas materiales capaces de retener el frío o el calor. No obstante, sigue teniendo especial relevancia el desarrollo de aparatos acumuladores.
Dependiendo de la zona geográfica de las viviendas, el gasto en calefacción representa más o menos el 60% del consumo energético total de una casa. Este montante se puede rebajar si se hace una elección correcta del sistema de calefacción. Bien es verdad que todavía queda un camino por recorrer para almacenar el calor de una forma cien por cien eficiente y económica. Pero, a la hora de elegir, cada vez hay que tener más en cuenta los dispositivos de almacenamiento de energía, que están evolucionando día a día gracias a nuevas tecnologías.
Efectivamente, los acumuladores energéticos ya pueden constituir una alternativa a las calderas tradicionales de la calefacción. Pero, exactamente, ¿cuál es la función que ejercen estos aparatos? ¿Ahorran en consumo? ¿Son más eficientes? ¿Causan menor impacto ambiental?
Muy eficientes
La implantación de acumuladores energéticos como sistema de calefacción y agua caliente es menos complicada que la instalación de otro tipo de mecanismos, ya que pueden instalarse en casi cualquier sitio. Se trata de equipos modulares que pueden adecuarse a la mayoría de las necesidades. Al mismo tiempo, su trabajo es muy eficiente.
Estos aparatos, que acumulan calor habitualmente durante la noche, calientan la casa durante el día a menor coste. Cuando son eléctricos son capaces de ahorrar más de un 50% del importe del gasto de la factura eléctrica.
Si a esto se añaden las ventajas del gas natural, que ofrece gran economía y confort en la climatización de los hogares, estaríamos hablando de los acumuladores a gas de cámara estanca. Estos dispositivos incorporan las ventajas del agua caliente sanitaria acumulada en un recipiente que permite la regulación de la temperatura desde los 40 a los 70º C.
¿Cómo son?
Los acumuladores tienen una apariencia similar a un termo, una estufa o un radiador. Almacenan calor durante horas y luego lo disipan lentamente, según las necesidades de calor del hogar donde están instalados.
Normalmente se clasifican los acumuladores en dos tipos: estáticos y dinámicos. Los estáticos se colocan en estancias reducidas en las que se requiere permanentemente la calefacción pero donde no se necesita un control exacto de la temperatura. Los acumuladores dinámicos sin embargo disponen de una regulación de descarga más precisa, por ello se recomienda su instalación en dependencias en las que se desea mayor control de la temperatura o que han de caldearse más rápidamente.
Entre las ventajas de los acumuladores está que presentan un gran rendimiento con un mantenimiento nulo. Otro punto a favor es que mediante su uso se pueden seleccionar diferentes temperaturas en la misma casa. Además, tal y como se ha apuntado, pueden instalarse en casi cualquier lugar, sin necesidad de obra.
En el ámbito medioambiental, hay que destacar que son menos contaminantes que otros sistemas. Y desde el punto de vista del consumo, con su uso se reduce el riesgo de dependencia de una fuente de energía, sobre todo si coexisten gas y electricidad.
El único aspecto negativo es que su precio es elevado si se compara con los aparatos eléctricos tradicionales. Si la comparación se establece con sistemas basados en caldera y circuito de agua los precios son muy competitivos.
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