Si el Gasóleo A es el empleado en la automoción y el B en maquinaria agrícola y barcos de pesca, el Gasóleo C es el nombre que recibe el combustible que empleamos habitualmente en la calefacción. Su bajo precio y la seguridad que ofrece suponen una ventaja respecto al gas natural. De hecho, los sistemas de calefacción a gasóleo son los más instalados en Europa.
El combustible de las calefacciones se distingue del A y el B en que tiene una menor carga de impuestos, lo cual hace que su precio final sea más barato para los consumidores y además es el único combustible que está en régimen de mercado completamente libre, lo que significa para el consumidor la posibilidad de comparar distintos precios de mercado, sin verse obligado a aceptar el precio que le ponga un único suministrador. Si a esto le añadimos un menor coste de las instalaciones necesarias para su funcionamiento y que requiere un mantenimiento menos exhaustivo y frecuente que el del gas natural, entonces no es difícil comprender por qué es un sistema de calefacción tan extendido.
Mayor poder calorífico
En Repsol, el Gasóleo C lleva el nombre de Repsol Energy e+. Se trata de una fórmula patentada cuya utilización asegura el mayor rendimiento de la caldera y reduce los costes de mantenimiento de las instalaciones, ya que evita la acumulación de suciedad en quemadores, filtros y el interior de la caldera. El hecho de que el gasóleo de calefacción y agua caliente sanitaria sea más calorífico se traduce en un menor consumo y por lo tanto un mayor ahorro para el bolsillo del consumidor.
Seguridad y menor emisión de residuos
Una gran ventaja que ofrece Repsol Energy e+ es que su punto de inflamación se produce únicamente a partir de los 60º C, a diferencia de otros combustibles, que pueden arder a cualquier temperatura, esto se traduce en una mayor seguridad en la manipulación frente a otros. Además incorpora aditivos para que no resulte afectado al ser expuesto a la luz, así como para que pueda hacer frente a las bajas temperaturas sin que se produzca un congelamiento del combustible que impida el funcionamiento de la caldera e incluso llegue a reventar alguno de sus conductos y filtros.
También cuenta con un “desactivador de metales”, un aditivo cuya función está en proteger el combustible del efecto que provoca el cobre, que es el material del que suelen estar formados los conductos de las instalaciones de calefacción. De esta forma se impide que el gasóleo se desestabilice y se reducen los residuos que pueden afectar al funcionamiento de la caldera.
Tampoco hay que olvidar la conservación del medio ambiente. La combustión del Gasóleo C de Repsol emite menos residuos debido a su reducido contenido de azufre. Por tanto, éste es uno de los combustibles más respetuosos con el medio ambiente.
Distribución
Disponer de una red de distribución extensa ha de ser otro de los requisitos que debe reunir el combustible para la calefacción, una red que garantice el suministro a comunidades de vecinos, viviendas unifamiliares, industrias, cooperativas, servicios, colectividades, etc.
Repsol realiza los suministros con camiones dotados de contadores homologados y calibrados, así como con servicios de asesoramiento y financiación de instalaciones. Además, la posibilidad de realizar el pago por cuotas permite repartir los gastos durante todo el año sin intereses.
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