Las ventajas del suelo radiante, como la emisión de calor natural, el ahorro energético y económico, y el gran confort ambiental que proporciona, superan claramente a su gran inconveniente, la complejidad de su instalación.
El suelo radiante es un sistema de calefacción invisible, instalado en una superficie bajo el pavimento mediante una red de conductos, y adaptable a todo tipo de energías convencionales (gasoil, gas y electricidad) y alternativas (energía solar, recuperadores de chimeneas, calor residual de procesos industriales, aguas termales, etc.). El calor se introduce en el suelo y progresivamente llega a la vivienda hasta lograr una temperatura ambiente de unos 20 ºC. Actualmente la modalidad más extendida es la instalación en el solado de tubos de polietileno reticulado, colocados a unos cinco cms. por debajo de la superficie, con una distancia de separación entre ellos de entre 10 y 30 cms. El agua que circula por los conductos, que se calienta en la caldera, tiene una temperatura de unos 45ºC, con la que el pavimento alcanza unos 25ºC, y el ambiente unos 20ºC, temperatura idónea para una vivienda.
La distribución del calor se realiza de forma homogénea, de manera que el ser humano recibe un confort térmico mayor que con los sistemas tradicionales, pues no se genera polvillo quemado ni se reseca el ambiente de la estancia. El hecho de no necesitar radiadores es un aspecto muy beneficioso para el usuario, que ganará en estética, en espacio disponible y en seguridad para los residentes, ya que se evitarán los golpes y rozaduras con los mismos. Precisamente, el suelo radiante es muy recomendable si hay niños y personas mayores en el hogar, pues además de recibir el calor de la forma más sana y natural posible, no correrán el riesgo de quemarse con los radiadores.
Las actuales ofertas de las compañías de gas y de electricidad reducen bastante los costes del gasto energético y de las instalaciones. Las tarifas nocturnas de las eléctricas y los planes personalizados de algunos suministradores de gas logran interesantes rebajas en los consumos. El gas es la mejor solución para las viviendas de tamaño medio.
Usos y limitaciones
El suelo radiante es el sistema de calefacción perfecto para las nuevas viviendas, ya que requiera una obra de envergadura, pues debe colocarse la red de conductos bajo el pavimento. Se puede acometer una reforma en los hogares habitados, pero ésta es bastante laboriosa al tener que levantar el suelo. Un inconveniente que se le adjudica a esta modalidad de calefacción es el coste, que puede estar entre los 5.000 y los 7.000 euros en una casa de unos 100 metros. Si se trata de una reforma, a esta cantidad habría que sumarle el gasto en albañilería para colocar el pavimento nuevamente.
Sin embargo, el precio de la instalación no es una desventaja si se calculan los porcentajes de ahorro posteriores en las facturas de consumo energético y en el mantenimiento de la infraestructura, prácticamente nulo. Sí conviene revisar la caldera anualmente, como ocurre con los sistemas de calefacción convencionales, pero esta es una labor que puede realizar el usuario con unas mínimas nociones acerca de dos o tres parámetros concretos, que el propio instalador puede explicarle en el momento de acometer el proyecto. La seguridad que ofrece el suelo radiante, la garantía y el funcionamiento perfecto del mismo por un tiempo de mínimo de diez años, el grado de confort que proporciona y el aislamiento adicional aportado, compensan claramente la inversión inicial en la instalación.
Pese a sus ventajas, el suelo radiante tiene también algunas limitaciones ligadas a la elección del pavimento en el hogar y a la disposición y distribución del mobiliario. No es aconsejable instalarlo con suelos de madera porque el coeficiente de transmisión de calor de este material no es muy elevado y se puede perder energía. Sería más productivo, en este caso, introducir los conductos radiales en las paredes. El coeficiente de transmisión de calor del corcho es inferior al de la madera, por lo que es incompatible con el suelo radiante, que encuentra en la cerámica el material más idóneo para una correcta distribución del calor.
Con respecto a la disposición de los muebles, estos deben colocarse teniendo en cuenta la instalación, de forma que algunos no se sitúen justo encima del elemento calefactor. Este aspecto resta libertad en el ámbito decorativo, pero con un estudio completo del espacio, se podrán resolver todos los inconvenientes. El consumidor debe consultar estas y otras cuestiones al instalador antes de iniciar las obras.
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