Sustituir la actual emisión de CO2 a la atmósfera en las centrales térmicas e industrias por un sistema que lo capture y lo envíe a gran profundidad en el subsuelo es una opción que, gracias a los avances técnicos en ese campo, está camino de convertirse en una de las más soluciones más eficaces, baratas y seguras para hacer frente al efecto invernadero.
Ante las cada vez más numerosas advertencias en torno a un cambio climático de consecuencias difíciles de prever, se hace imprescindible la necesidad de buscar soluciones que sean efectivas y económicamente viables. Una de las más ingeniosas y sorprendentes es la de capturar el CO2 y guardarlo a gran profundidad bajo tierra, donde resulta inocuo y quedaría almacenado sin riesgos de manera indefinida. Aunque parezca ciencia-ficción lo cierto es que lleva aplicándose desde hace décadas a pequeña escala y hay actualmente varios prototipos en funcionamiento, así como proyectos más ambiciosos al respecto que serán puestos en práctica en los próximos años.
Por ejemplo un programa denominado Sacs, que cuenta con el apoyo de la Comisión Europea, ya está inyectando este gas a mil metros de profundidad en una plataforma del Mar del Norte. De esta forma se impide no solo su emisión a la atmósfera sino que además, al aumentar la presión del yacimiento, facilita la extracción de petróleo. Por su parte en Estados Unidos el Departamento de Energía ha puesto en marcha un proyecto de una planta prototipo de carbón para la producción de electricidad e hidrógeno. Inicialmente retendrá el 90% de este gas en formaciones geológicas profundas, aunque se espera a más largo plazo que llegue a capturar la totalidad.
¿Dónde almacenarlo una vez capturado?
Según los cálculos realizados la profundidad a la que debe situarse está entre los 800 y los 2.500 metros bajo tierra. Los yacimientos de petróleo y gas, ya estén activos o agotados, así como los acuíferos profundos y los lechos carboníferos que no estén siendo utilizados son los candidatos idóneos para almacenar allí el CO2. Por sus características geológicas garantizan un aislamiento a largo plazo y además a dichas profundidades el CO2 adquiere tal densidad debido a la temperatura y la presión que llega a disminuir el volumen que ocupa en varios cientos de veces, lo que permite introducir fácilmente enormes cantidades de él. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha estimado que, solamente en yacimientos agotados, podrían almacenarse 920.000 Mt de CO2, lo que supone alrededor del 45% de las emisiones en todo el mundo hasta 2050.
Ante el temor de que pudieran producirse escapes graduales a la atmósfera, el Informe del IPCC sobre Captura y Almacenamiento de CO2 afirma que cuando se inyecta en una formación geológica permanece almacenado durante un plazo comprendido entre 10.000 y 10.000.000 de años. Un plazo de tiempo tan amplio que permite considerar a este sistema como una de las opciones más seguras para el futuro.
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