Tras meses de obras y proyectos, ya funcionan en España algunas instalaciones de energía fotovoltaica, que convierten la luz solar en energía eléctrica.
Las células solares cristalinas de silicio son, por lo general, las responsables de esta transformación energética. Se trata de superficies de paneles fotovoltaicos de diferentes modelos y tecnologías, como el silicio policristalino, monocristalino y amorfo, o los concentradores solares dotados de tecnologías basadas en la captación de la radiación mediante lentes de Fresnell. Algunas de ellas disponen de seguidores orientados de acero galvanizado, que siguen la trayectoria del Sol para que la radiación incida perpendicularmente sobre las placas, con lo que aumenta la producción de electricidad.
El Plan de Energías Renovables 2005-2010 (PER) persigue un aumento considerable de la producción de energía solar fotovoltaica. El nuevo plan fija este objetivo en 400 MW instalados para el 2010, lo que supondría una producción anual de 609 GWh.
La radiación media puede rondar los 1.600 kWh por metro cuadrado y año. De este modo, el 12% del consumo global de energía en 2010 puede ser abastecido por fuentes renovables, que contribuirán a la producción eléctrica del 30,3% del consumo bruto de electricidad.
La energía fotovoltaica es eficiente y está bien desarrollada. Sin embargo, en el año 2000, Alemania producía siete veces más energía fotovoltaica que España, gracias a su programa de tejados solares. Incluso países con poco sol como Holanda tenían entonces más potencia instalada.
Innovación tecnológica
El PER representa una oportunidad para la innovación tecnológica y para llevarse a cabo dispone de fondos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) para I+D+i y ayudas del Programa de Fomento de la Investigación Técnica (PROFIT).
Entre otros factores, gracias también a este impulso, el sector fotovoltaico cuenta con una buena cartera de proyectos de ingeniería y construcción de instalaciones eléctricas de generación, distribución y control. Mientras, varias plantas o huertas solares ya están conectadas a la red eléctrica. También existen superficies de producción aislada.
La electricidad generada en baja tensión se transforma a media tensión en los propios recintos de las plantas y es conducida por canalización subterránea hasta una subestación, donde la tensión se eleva y se incorpora a la red general de distribución de electricidad.
Los promotores aseguran que las energías renovables serán uno de los sectores como mayor proyección de negocio en los próximos años y ofrecen a los ciudadanos la posibilidad de invertir en plantas solares conectadas a red para su venta a compañías eléctricas.
Enfoque del negocio
Si bien es cierto que no contamina, la producción de energía solar fotovoltaica es aún cara y lo seguirá siendo durante algún tiempo. Por ello se han habilitado ayudas a fondo perdido del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y el IDAE, para facilitar la entrada en esta inversión tanto a empresas como a particulares. Así se pretende crear una economía de escala suficiente para reducir los costes de la energía solar fotovoltaica y hacerla más competitiva.
Las compañías promotoras de estas infraestructuras energéticas se encargan de la ingeniería, compra de materiales, integración y montaje de los mismos, así como de su puesta en servicio, supervisión y apoyo en las tramitaciones para la legalización. El enfoque del negocio se orienta a la ingeniería, construcción, distribución y control de instalaciones de generación de tecnologías eléctricas limpias.
Hoy por hoy este tipo de inversiones están subvencionadas. Las plantas solares fotovoltaicas están dotadas de medidas de vigilancia y control en materia de seguridad. Además, la compra de placas solares se está financiando con condiciones preferenciales por parte de las principales entidades financieras. Además, la venta de la energía producida por estas instalaciones fotovoltaicas está garantizada y regulada para todo su periodo de vida útil. El marco jurídico vigente, reculado por el Real Decreto 436/2004, obliga a las compañías eléctricas a comprar la energía a un precio determinado.
La fotovoltaica puede constituirse como la fuente de energía más social, la única capaz de suministrar electricidad en los países subdesarrollados. Poco a poco contribuirá a hacer sostenible el sistema eléctrico, sin emisiones de dióxido de carbono ni generación de residuos radiactivos.
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