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La compra ecológica

La reducción de la huella ecológica no sólo depende del ahorro energético y el tratamiento de los residuos, cualquiera puede contribuir a la defensa del planeta sencillamente comprando productos menos contaminantes. El consumidor es el responsable último del deterioro medioambiental.

En Internet abundan sitios web dedicados a las compras ecológicas. Pero también se venden productos "verdes" en los comercios convencionales. Empieza por acudir a estos centros con una bolsa de tela. Luego, sólo tienes que recordar, por ejemplo, que es preferible decantarse por materiales biodegradables y por productos con envases de vidrio o cartón reciclado que elegir otros de plástico. 

Otra buena manera de reducir el impacto medioambiental del embalaje consiste en evitar la compra de packs con productos envasados individualmente, de no ser que los necesites realmente. No compres productos de usar y tirar, opta por recargables o de larga vida, consumen menos energía y contaminan menos. 

Recuerda que los alimentos ecológicos proceden de la agricultura y la ganadería certificadas como ecológicas. Además se denominan biológicos u orgánicos. Son alimentos que han sido controlados durante su producción y elaboración, asegurando su trazabilidad.

Observarás que para la producción ecológica la estética no es una prioridad, sí lo son en cambio su proceso de producción, su uso, su rendimiento y eliminación final. Porque las empresas productoras luchan contra el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales respetando el entorno. Por otro lado, los productos muy contaminantes para la Tierra tampoco suelen ser amables con la salud de las personas.

En algunos puntos de venta los productos ecológicos ya están señalizados. Fíjate en las etiquetas. No obstante, si interiorizas estos y otros principios, poco a poco irás aplicando sistemáticamente criterios de compra respetuosos con el medio ambiente en cada una de tus adquisiciones. Te irás dando cuenta de que no cuesta demasiado satisfacer las necesidades cotidianas con productos adecuados y compatibles con el respeto a la naturaleza. 

Ventajas económicas

Empresas y particulares pueden encontrar soluciones para paliar su impacto sobre el medio ambiente. La mayoría de las tecnologías limpias ayudan a conseguir ventajas económicas y, al mismo tiempo, a proteger el entorno. Es decir, que aunque producir de manera ecológica a algunos fabricantes les pueda parecer utópico, sin embargo, la incorporación de criterios ecológicos a las operaciones de producción y distribución puede redundar en una disminución de sus costos. 

Por otro lado, debido a la presión ejercida por los consumidores, convertirse en una empresa fabricante de productos "verdes" puede atraer a muchos compradores. Se habla de marketing ecológico. Así, no cabe duda de que hoy en día reducir la generación de residuos y ser pioneros en el respeto al entorno conlleva para las compañías también beneficios económicos.

Y puesto que el comercio es una actividad cada vez más globalizada, tal vez por todo anteriormente dicho, las compras ecológicas se están convirtiendo en una apuesta de cada vez más empresas en los países en desarrollo. Esa es una de las razones de la generalización de las normas ISO 14000, que exigen la incorporación de consideraciones ambientales en los procedimientos de producción y compra. 

En el mismo sentido, la oferta de todo tipo de productos se hace día a día más ecológica en general, ya que las leyes se ocupan de vetar componentes en cuya fabricación se utilicen sustancias nocivas. Numerosos países imponer restricciones a la importación bienes de consumo con plomo, amianto, etc.

Precios competitivos 

No obstante, para ser competitivos, los productos "verdes" deben poseer calidad, utilidad y precio similares al resto. De hecho, no siempre son más caros, la mayoría tienen precios comparables con los ordinarios. Es cierto que por algunos de ellos inicialmente se paga más dinero, tal es el caso de las bombillas eléctricas de bajo consumo. Pero si bien las lámparas incandescentes son más baratas, su duración es menor y su gasto energético mucho más elevado.

Este es sólo un ejemplo. Suficiente para remarcar lo necesario que es tomar conciencia de que los consumidores somos también responsables de los efectos sociales y ecológicos que generan nuestros actos de consumo.

 

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