
Ha llegado recientemente de Australia y ofrece la posibilidad de elevar los niveles de adrenalina al máximo sin salir de la ciudad. Consiste en deslizarse por el asfalto, la tierra o la hierba, utilizando para ello una estructura de aluminio ligero en cuyos extremos se sujetan dos ruedas pequeñas de bicicleta. Emociones al límite y diversión garantizadas.
El dirtsurf es una modalidad ideal para los amantes del windsurf y del snowboard que no tengan ni la nieve ni el mar cerca para disfrutar de sus deportes favoritos. Es una alocada forma de disfrutar de la velocidad, llegando a alcanzar los 80 kilómetros por hora, y de retarse a sí mismo con el fin de sentir nuevas e increíbles emociones.
El origen de este deporte surge en Australia, donde un grupo de apasionados del riesgo y la velocidad comenzó a practicar hace unos años esta original especialidad deportiva, que comparte ciertas similitudes con el snowboard, aunque con la gran diferencia de que en vez de deslizarse sobre nieve, la superficie es asfalto, tierra o arena.
Vehículo
Para practicar esta nueva modalidad de descenso por pendientes urbanas es preciso contar con un vehículo especial conocido como dirtsurf. Este aparato se compone de una tabla de aluminio de 1,80 metros de longitud y unos cinco kilogramos de peso, en cuyos dos extremos se sitúan dos ruedas todoterreno de un tamaño similar a las de una pequeña bicicleta. Los pies se sitúan en unas fijaciones que permiten controlar el movimiento, de forma que el intrépido deportista pueda realizar las maniobras y saltos que desee. Además, disponen de unos frenos que se accionan con el pie trasero y permiten detener el vehículo en apenas unos segundos.
Por lo demás, el planteamiento básico de este deporte es surfear sobre el asfalto. A pesar de que no implica muchos conocimientos, sí requiere muchísima habilidad en la coordinación del cuerpo, especialmente en lo que a inclinaciones, torsiones, rotaciones y giros diversos se refiere.
A esto hay que añadir el manejo de la tabla en función de la superficie donde finalmente se decida practicar, ya que no es lo mismo un camino de tierra que una calzada asfaltada.
Por eso, antes de lanzarse a la realización de maniobras complicadas, conviene tener un absoluto control de la tabla, que con práctica, habilidad y paciencia, será posible adquirir, especialmente para aquellos que tengan experiencia en deportes como el windsurf, el snowboard o el patinaje sobre ruedas.
Objetivo: máxima velocidad
No hay que olvidar cuál es el objetivo de este deporte: experimentar y alcanzar la máxima velocidad posible. Así, aquellos dirtsurfers dispuestos a enfrentarse a todo tipo de desafíos podrán sentir velocidades de hasta 80 kilómetros a la hora dependiendo de las condiciones meteorológicas, las pendientes y la superficie.
Por supuesto, antes de extremar las emociones al máximo alcanzando velocidades tan altas, es necesario haber adquirido la destreza adecuada en el manejo de la tabla, ya que de lo contrario el deportista pondría en un riesgo considerable su integridad física.
Hasta el momento, la práctica de este deporte en España todavía no es muy habitual y el número de aficionados es más bien escaso. Sin embargo, por sus características y, sobre todo, por las sensaciones que permite descubrir, no es de extrañar que en poco tiempo comience a gozar de una mayor popularidad.
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