La vuelta a la rutina diaria puede producir estrés postvacacional, diagnóstico que está muy relacionado con la propia satisfacción con nuestra forma de vida. Te damos las claves para prevenirlo, detectarlo a tiempo y combatirlo.
El estrés postvacacional es habitual tras un periodo largo de ocio, ya que la vuelta a la rutina implica cierta tristeza al tener que sustituir el deber por el placer. Tanto en el caso de incorporarnos al trabajo como en el supuesto de retomar nuestros obligaciones fuera del ámbito laboral, el estrés postvacacional se vincula directamente con el grado de satisfacción que tengamos con nuestra vida.
Si estás contento con tu trabajo y te sientes pleno con tu familia, pareja y amigos, lo normal es que tu adaptación a la rutina tras el parón veraniego sea progresiva, y que en ningún caso se pueda hablar de estrés postvacacional. Sin embargo, si la vuelta a la rutina te ocasiona malestar, dolores de cabeza, debilidad, dejadez o desidia, pérdida de energía, ansiedad, insomnio y una aguda tristeza, entonces estaremos ante un cuadro típico de estrés postvacacional.
Eres tu quien debes valorar cuál es la parcela que no funciona bien en este momento y qué posibilidades reales de transformación existen. El trabajo es uno de los focos más importantes de insatisfacción, pero conviene que reflexiones acerca de las causas de la misma. Una mala relación con un compañero o jefe es una cuestión bastante común que conviene llevar con paciencia, mientras que la sensación de estar en un lugar equivocado es más grave, y ante ella deberás poner en marcha todos los recursos necesarios para cambiar de empresa o de ocupación. Generalmente, las transformaciones no son rápidas, pero si eres capaz de implicarte en el proyecto de cambio que necesitas y destinas gran parte de tu energía a esta cuestión, habrás dado el primer paso y sólo tendrás que esperar el resultado.
Terapias que funcionan
Si detectas algunos de los síntomas de estrés postvacacional mencionados anteriormente, te aconsejamos que optes por reforzar tu interior: es la mejor manera de frenar este síndrome y de acostumbrarte a sortear los baches que puedan presentarte en la vida. Reforzar tu interior significa entender que la vuelta a la rutina no tiene porqué ser traumática si eres capaz de manejar tus circunstancias personales con destreza y esperanza.
Debes mantener cierto equilibrio, de forma que las cosas negativas que se presentan nuevamente tras las vacaciones y que conoces perfectamente, puedan verse compensadas con estados placenteros. Piensa en actividades que te gusten y practícalas. El baile, los deportes, los paseos, el cine, la naturaleza, la lectura, las exposiciones de arte, los cursos de idiomas u otras disciplinas…, son aficiones placenteras que te alejarán de tu desagradable rutina y te cargarán de energía positiva. Elige la actividad que más te guste o aquélla que siempre quisiste aprender y no pienses que eres mayor o que te falta tiempo para realizarla porque ambas cuestiones son relativas. Son terapias que funcionan, pues muchas de ellas implican la integración en un grupo con tus mismas inquietudes e insatisfacciones tan variadas como componentes del mismo. Libérate de los prejuicios y combate las sensaciones desagradables del nuevo curso con acciones que te trasladen a universos positivos.
El ejercicio es muy importante para sentirnos mejor con nosotros mismos. Si te cuesta hacer deporte, puedes probar con el Tai Chi Taoísta, secuencia de movimientos lentos y armónicos que trabajan sobre el cuerpo y que promueve la meditación en movimiento. Proporciona agilidad, suavidad y bienestar, y pueden practicarlo personas de cualquier edad.
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