
Un deporte que nos permite convertirnos en verdaderos pájaros durante unas horas. El parapente surge a partir del paracaidismo, pero con la diferencia de que en lugar de caer, se puede avanzar una vez que la vela se ha hinchado. La sensación que el intrépido deportista experimenta al recorrer kilómetros, disfrutando de paisajes a vista de pájaro, es indescriptible.
Para remontarse a los orígenes de este deporte apenas hay que retroceder cuatro décadas en el tiempo y situarse en 1965, año en el que aparecieron los primeros paracaídas cuadrados que sustituyeron a los redondos (difícilmente dirigibles). El nacimiento del parapente se iniciaría con los valientes paracaidistas que, no satisfechos con saltar desde un avión y buscando nuevas sensaciones, se embarcaron en una nueva aventura, que consistía en lanzarse al vacío en caída libre por el precipicio de más de mil metros en El Capitán, en el Parque Nacional de Yosemite (Estados Unidos).
A pesar de que sus inicios se han fechado en los años sesenta, este deporte aéreo no se generalizaría hasta finales de los setenta en Francia, en la localidad alpina de Mieussy, donde los paracaidistas Jean Claude Betemps y Gerard Bosson repetirían estos saltos y, posteriormente, crearían escuela en el año 1985. En ese mismo año se fabricó el primer parapente, creado por el suizo Laurent de Kalbermaten, que recurrió a una tela más rígida e impermeable al aire, y que lo diseñó exclusivamente para planear despegando a pie, sin tener que lanzarse desde un avión.
¿En qué consiste?
Actualmente, el parapente, también conocido como planeador ultraligero flexible, se ha convertido en un deporte aéreo de cierto riesgo, que se impulsa y controla gracias a las fuerzas aerodinámicas generadas por el movimiento del parapente en el aire. Esta aeronave, de apenas siete u ocho kilogramos, y capaz de plegarse en una mochila, puede ser pilotada por cualquier persona atrevida con unas condiciones físicas normales, y dispuesta a someterse a un curso de aprendizaje, donde adquirirá la nociones básicas para iniciarse en el vuelo.
Al principio, los vuelos deben realizarse en condiciones meteorológicas tranquilas y sin alcanzar mucha altura hasta que se controlen los despegues y aterrizajes. Por lo demás, las horas de vuelos y la experiencia irán perfeccionando y personalizando el estilo de cada uno.
Equipo y medidas de seguridad
En cuanto al material necesario para iniciarse en el arte de volar, el equipo imprescindible en vuelos dinámicos cortos es: el parapente, el arnés con protección dorsal, el casco y la radio con frecuencia de la zona. Sin embargo, si se desea embarcase en vuelos térmicos de larga distancia sería obligatorio añadir a lo anterior un paracaídas de emergencia, unos zapatos adecuados y una licencia de vuelo, dependiendo si en el país donde se practique se encuentre regulado por ley este deporte o no.
Por otra parte, el parapente se encuentra sujeto a una serie de normas dictadas por la Dirección General de Aviación Civil, que impiden volar en espacios aéreos controlados o prohibidos, sobre zonas peligrosas activadas, zonas urbanas y aglomeraciones de personas. Además, obligan a disponer de una autorización del propietario de los terrenos en donde se efectúen los despegues y aterrizajes, y recomiendan realizar los vuelos en condiciones meteorológicas visibles y de día.
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