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Rafting: descensos por aguas bravas
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La emoción de enfrentarse a las aguas salvajes en un rápido descenso, el espíritu de equipo y la posibilidad de disfrutar de paisajes excepcionales han convertido al rafting en uno de los deportes de aventura más célebres. Descubre cómo seguir la corriente.


Desde siempre, el hombre ha venerado los grandes ríos como fuente de vida. De sus aguas obtenía el alimento, y en sus riberas se construyeron las primeras ciudades. Eso sí, sólo unos pocos intrépidos se atrevían a embarcarse en sus caudales. Primero fueron los conquistadores de Nuevo Mundo: ya en siglo XVI Orellana y otros conquistadores españoles se enfrentaron a los ríos Amazonas y Orinoco en su afanosa búsqueda de El Dorado. Más tarde, los exploradores norteamericanos se decidieron a seguir las corrientes fluviales para descubrir nuevos territorios. Hoy ya nadie persigue legendarios botines, pero muchos desean vivir la aventura de los ríos.

Un deporte en equipo
El rafting recupera estos viajes y penurias de antiguos exploradores y los convierte en una divertida aventura al alcance de todos: se trata de descender los rápidos de los ríos en una balsa o raft hinchable, con la única ayuda de unos remos manejados a pulso por los miembros del equipo. Los grupos pueden estar compuestos de seis, ocho o hasta doce personas. Una de ellas hace de guía: situada en la parte trasera de la embarcación, dirige con sus indicaciones al equipo. Y es que la coordinación es fundamental para evitar caídas o, lo que es mucho peor, que la barca vuelque.

Por supuesto, antes de practicar rafting es necesario conocer los símbolos que se utilizan para transmitir las órdenes, pues en los descensos no hay tiempo que perder en explicaciones. Sin embargo, no se trata de un deporte exclusivo de expertos, ya que es posible aprender poco a poco en la práctica. De hecho, los ríos están clasificados con categorías que van del I al VII para indicar distintos niveles de dificultad. Así, en la clase I, el movimiento de las aguas no sufre grandes cambios, las olas son pequeñas y apenas existen obstáculos. La clase II indica rápidos fáciles de cruzar y olas de hasta tres pies, es decir, ya es necesaria cierta capacidad de maniobra. Eso sí, a partir de la clase cinco los rápidos son largos y violentos, los rescates casi imposibles y, por lo tanto, se exige una gran preparación.

Made in USA
Como muchos otros deportes de aventura, el rafting procede de los Estados Unidos. Aunque en los años cincuenta ya se había organizado en Europa el primer campeonato, este deporte no se popularizó hasta mediados de los setenta en el Estado de Colorado. A partir de entonces, comienza a ganar adeptos en todo el mundo. De hecho, a mediados de los ochenta el rafting regresa a Europa con fuerza renovada de la mano de los franceses. Son precisamente nuestros vecinos galos quienes inventan la modalidad de descenso por ríos de aguas bravas (eaux vives) y comienzan a comercializarla como actividad de recreo. En España, la historia del rafting comienza en 1987 cuando, por primera vez, se descendió en un raft la corriente del río Noguera en Pallaresa (Lleida). Desde entonces surgieron en nuestro país varias empresas dedicadas al turismo de aventura y que convirtieron el rafting en su producto estrella. Por supuesto, el Noguera de Palleresa sigue siendo un escenario de referencia para los amantes de este deporte.

Material imprescindible
Las embarcaciones actuales se fabrican con materiales plásticos como el PVC, el hypalon o el uretano. Además, están compuestas de tres o cuatro tubos independientes entre sí, de forma que, en el caso de pinchar se evita que se deshinche toda la embarcación. Existen dos tipos de remos. Los más largos (también llamados oars o remos centrales) son los que utilizan los guías para marcar el rumbo de forma efectiva. Por su parte, cada uno de los tripulantes cuenta con un remo más corto que ha de manejar en coordinación con sus compañeros y siguiendo las instrucciones del monitor. Todos son necesarios para asegurar el descenso. Cualquiera que sea la dificultad del río, el riesgo de golpearse contra las rocas hace imprescindible la utilización de un casco. Igual de necesario es el chaleco salvavidas pues, cuando uno de los tripulantes cae al agua, el equipo puede tardar en recogerle. Tampoco está de más hacerse con un traje de neopreno.

16 de febrero de 2005


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