
Para conseguir un acabado perfecto en trabajos de pintura o barnizado es imprescindible lijar la superficie con anterioridad. De lo contrario, ni la pintura ni el barniz se adherirán bien al objeto y el resultado final será irregular y defectuoso.
Lijar es pulir y alisar una superficie frotando con un elemento abrasivo que habitualmente es una lija. Esta labor, en principio obvia y fácil, puede ser ineficaz si no se emplean las lijas y los accesorios adecuados para los diferentes materiales y superficies. Es imprescindible conocer las propiedades de las lijas, los distintos tipos de las mismas y los elementos que complementan y rematan la faena.
El lijado se puede realizar a mano o a máquina, si bien el primero es el más común y el que en principio parece más fácil, razón por la cual cualquiera se lanza a efectuarlo sin valorar condicionantes fundamentales como el tipo y el número de grano, el soporte, la posibilidad de fijar la lija a un taco de madera y otras cuestiones importantes antes de iniciar el trabajo.
Para empezar hay que fijarse en el grano, el material abrasivo que está adherido al soporte de la lija, y que puede ser: de óxido de aluminio, perfecto para la madera, el metal y las paredes blanqueadas; de corindón de circonio, idóneo para el acero inoxidable; y de carburo de silicio, apropiado para el vidrio, la cerámica, las lacas, la goma y los plásticos.
Después hay que tener en cuenta el número de grano, que indica el tamaño de las partículas abrasivas. Cuanto más alto sea éste más fino será el lijado, por lo que si se necesita precisión en el proceso habrá que escoger un grano de 150 a 180 o de 240 a 400. Por el contrario, si prima la rapidez aunque el lijado quede más tosco, se optará por un grano grueso, de 40 a 50 o de 60 a 80. Lo más habitual es comenzar con una lija gruesa, continuar con una de grano medio (de 100 a 120) y concluir con una muy fina.
Por último hay que tener en cuenta el soporte, el elemento al que va pegado el grano, que puede ser de papel, de tela o de fibra vulcanizada. El papel es el más barato y el más demandado, pues es resistente y flexible y da excelentes resultados en el lijado manual de la madera. La tela y la fibra vulcanizada son buenos soportes para lijar a mano el metal.
Tipos de lijas y accesorios
Hojas de lija.- Generalmente son de papel y se pueden utilizar de forma directa sobre la superficie o fijadas sobre un taco de madera para hacer el trabajo más sencillo. Existen también hojas de tela, una propuesta excelente para las superficies con formas complicadas, ya que son más adaptables que las de papel. La elección del tipo de grano va en función del trabajo, como se ha explicado anteriormente, pero en general se recomienda utilizar lijas de 40 a 80 para eliminar pintura de madera maciza, hojas de 100 a 180 para superficies lacadas, y lijas de grano de 240 a 400 para muebles de madera barnizada que requieran un pulido muy fino.
Esponjas.- Pueden ser de grano grueso, medio y fino. Por su flexibilidad son perfectas para aplicar sobre superficies u objetos con detalles, curvas y formas y accesos difíciles.
Lana de acero.- La lana de acero es como un estropajo de hilo de acero de diferente grosor en virtud de la aplicación. La lana gruesa (0) es para eliminar las manchas y el polvo de la madera. La lana media (00) se aplica entre mano y mano al barnizar o como acabado final de la madera antes de proceder a pintar o barnizar. La lana fina (000) es perfecta para limpiar y pulir y metales y como remate final en el barnizado de la madera.
Cepillos de alambre.- Acaban con el barniz, la pintura o los restos de cualquier cobertura en la madera, por lo que son apropiados como primer paso en el proceso de restauración de muebles.
Limas.- Son herramientas complementarias para el lijado, cuya función principal es alisar y desgastar el metal. Constan de un mango al que se une una parte fabricada en acero templado, con una superficie que integra estrías de diferente grosor y que es la que actúa sobre el metal. Con la madera pueden utilizarse para eliminar aristas. Existen infinidad de variedades, según la forma y el tamaño, pero la clasificación más sencilla es la que las aglutina en planas, triangulares, redondas y de media caña.
Escofinas.- Al igual que las anteriores, son accesorios que rematan el lijado. Se parecen bastante a las limas, pero sus dientes suelen ser más gruesos y de corte triangular. La escofina se emplea para desgastar la madera y otros materiales blandos y puede ser plana, redonda o de media caña.
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