
El diseño del interior de un armario viene determinado por las necesidades y el gusto del usuario. Se pueden realizar modelos variados y diferenciados en virtud de su tamaño, su uso específico y el número de personas que vayan a utilizarlo.
No es una labor fácil para un aficionado al bricolaje, pero si se siguen los pasos correctos se pueden afrontar diseños sencillos o, al menos, se puede plantear una propuesta específica y concreta al carpintero para lograr un armario absolutamente personalizado.
Todos los interiores de armario incluyen módulos de baldas, cajoneras y barra de colgar. Estos serían los elementos mínimos para realizar una distribución coherente. Pero lo más aconsejable será incrementar los espacios y sumar un hueco superior que haga las veces de maletero, un zapatero y varias divisiones verticales.
Si el armario tiene suficiente altura, el espacio-maletero resulta imprescindible para guardar ropa de otras temporadas, bolsas de viaje y cualquier elemento que no se utilice frecuentemente. Para que este hueco superior tenga suficiente consistencia, será recomendable diseñar tantas divisiones verticales como puertas incorpore el frente del armario. De esta manera, además de establecer claras separaciones que contribuirán a mejorar la organización, la estructura ganará en solidez.
En cuanto a las cajoneras, se pueden poner tantas como quiera el usuario atendiendo a la capacidad del armario, pero hay que tener en cuenta una serie de puntos antes de lanzarse a propuestas poco funcionales. Si el número de cajones es excesivo, la ropa que cuelga de la barra puede tocarlos, algo innecesario y perjudicial para las prendas. Lo más práctico será colocar tantos cajones como permita la parte inferior sin que la ropa roce con ellos.
Hay que valorar también que la altura de cada cajón no debe ser menor de 15 cm. y que lo mejor es que éstos incorporen guías metálicas para facilitar su apertura y cierre.
Con respecto a la barra de colgar, se aconseja el formato ovalado sobre el redondo por ser más resistente, y en el caso de que sea muy larga, es recomendable reforzarla con un aplique de sujeción intermedio que vaya atornillado a la balda del maletero.
Forrado: tipos de acabados
Lo más común es revestir el armario para que las prendas no se ensucien con el polvo de la pared. Los materiales más utilizados para este fin son las planchas de estratificado y los tableros plastificados, si bien la elección de las primeras es muy recomendable ya que son muy resistentes y existen en el mercado infinidad de propuestas con diferentes diseños.
El mayor inconveniente de esta tarea radica en obtener las medidas correctas debido a las irregularidades de las paredes en general. Por ello, lo más común será que no queden perfectas las uniones entre las planchas y el techo y el suelo, una circunstancia que se resolverá añadiendo pequeñas tiras de estratificado hasta completar la superficie total.
El primer paso será limpiar a fondo la parte que vaya a forrarse y lijar posteriormente con una lija de grano medio. Si hay algún agujero en la pared, habrá que rellenarlo con masilla acrílica, esperar a que seque, lijar después la superficie y limpiarla de polvo.
Posteriormente se acercará el panel de estratificado y se valorará si la medida es la correcta. Si no es así, antes de pegarlo se cortará la superficie sobrante con un cutter profesional y se suavizarán las aristas con un cepillo metálico.
Después se aplicará la cola de contacto y se extenderá de forma uniforme sobre la pared y a continuación se pegará el panel con la ayuda de un rodillo que se presionará del centro hacia los bordes para que adhiera adecuadamente a la superficie.
Si quedan pequeñas zonas sin forrar, habitualmente de las partes superior o inferior, se añadirán las tiras de estratificado necesarias hasta que el interior quede completamente cubierto con la plancha. Para terminar se pasará una esponja humedecida con agua que eliminará completamente cualquier resto de polvo o suciedad.
Otros materiales para revestir el interior del armario son la pintura, el papel, la tela y la madera maciza. Esta última resulta sin duda la opción más cara pero también la que más realza el conjunto por su calidad superior.
La pintura es una buena alternativa si el espacio es pequeño ya que no roba centímetros al hueco del ropero. Si se elige este material, habrá que apostar por la pintura plástica, que es la que mejor se limpia, y rechazar el temple porque ensuciaría las prendas al rozar con la pared.
El papel y la tela son propuestas útiles si se pretende que el armario tenga también una función de aislamiento térmico o acústico, pues en ambos casos los revestimientos se colocan sobre una base acolchada.
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