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La decoración navideña, aunar propuestas

Se acerca el momento de decidir la decoración navideña en el hogar. Llega la hora de ser continuista o de arriesgar por las nuevas tendencias, marcadas por las líneas monocromáticas y por la simplicidad.

En contra de lo que a veces se piensa, la apuesta por la modernidad no equivale a un incremento de la inversión en adornos y objetos, ya que estos pueden obtenerse de la naturaleza, de la propia cesta de la compra, o incluso hacerlos uno mismo con una pizca de conocimiento y una mayor dosis de imaginación. 

Basta con fijarse en los escaparates de los comercios o en los establecimientos públicos para comprobar que la decoración navideña también ha hecho suyo el lema de menos en más y que mandan los cánones simples, los ambientes de colores únicos y los brillos sin estridencias. 

Antes de plantear el proyecto, es importante valorar las edades y las procedencias de quienes habitan en el hogar. Si hay niños, deberán engalanar sus cuartos sin limitaciones ni cortapisas y podrán hacer ellos mismos sus adornos con telas, cartones, cartulinas, pinturas, papeles de colores, cintas, plástico, celofán… En fin, con todo aquello que proporcione a sus espacios un clima entrañable y festivo. 

Si hay personas mayores, el respeto a sus tradiciones y costumbres es incuestionable, por lo que podrán decorar sus estancias con todo aquello que potencie sus recuerdos. En las viviendas compartidas por inquilinos de nacionalidades y culturas distintas, las claves para acertar serán la tolerancia, la improvisación y la mezcla. 

El arte de la simplicidad
Los ambientes navideños actuales se inspiran en la sencillez, en las propuestas monocolores o bicolores y en la elección de pocos adornos. Para empezar, hay que echar un vistazo en el salón y ver qué muebles se pueden liberar de objetos para incorporar los nuevos. Un par de baldas de una estantería, un mueble bajo o una mesa auxiliar pueden ser el mejor lugar para unas velas, unas bases de vidrio con piedras, virutas o ramas doradas y unos centros florales. Lo importante es acertar en la composición, que ha de ser equilibrada y elegante. 

Si se apuesta por la gama de blanco y plata, se podrán colocar grandes bolas plateadas sobre cuencos de cristal y junto a ellos se situarán ramas blancas y se esparcirán lágrimas de vidrio. Dos velas blancas finas y estilizadas completarán el conjunto. 

El rojo y el dorado refuerzan la sensación de calidez. Con velas pequeñas de ambos colores dispuestas sobre una amplia bandeja plana se puede crear un centro impactante y original. Del respaldo de las sillas pueden colgarse cintas de raso, en dorado y rojo, al igual que del árbol de Navidad o de alguna de las paredes. Situar de forma estratégica en algún otro mueble bolitas o piñas doradas también será un acierto. 

El color vino y el verde oscuro son indicio de buen gusto, pero pueden necesitar algún contraste de brillo para romper la intensidad de ambas tonalidades. En este caso siempre habrá que colocar algún elemento dorado o plateado junto a otro granate o verde. Para dar luminosidad a estas composiciones, se recomienda incorporar una guirnalda de pequeñas luces intermitentes o fijas. 

Conviene apostar por adornos simples como las ramas, los alambres con bolitas, las cintas, las virutas, las velas, los centros sencillos, los recipientes de cristal o metal, las bolas, las plantas, las hojas aromáticas, las bayas, los frutos secos, los pétalos, etc.  

Adornos fáciles de hacer
Otra forma de plantear la decoración consiste en hacer los adornos uno mismo. Es una buena manera de involucrar a los miembros de la casa. Para los más pequeños, la mejor opción será reunir papeles variados, pinturas, cartulinas, botes, latas, telas y cajitas y ponerse manos a la obra. Podrán pintar sus figuras (árboles, ángeles, belenes, estrellas, papás noel...) a tamaño real y recortarlas para el árbol o para pegar en las ventanas, corchos y paredes. Las latas, botes y cajitas se forrarán de papel brillante y se harán paquetes para colgar o amontonar en cestos.  

Para los adultos, lo más adecuado será apostar por los centros decorativos, que se realizarán en uno o dos colores como máximo. Los elementos que formarán la composición serán siempre un producto natural esférico u ovalado (alcachofa, manzana, kiwi, naranja, etc.), un par de bolas del mismo color del producto y una vela de igual tonalidad. Se encajarán perfectamente en un recipiente de mimbre o cristal, al que se adornará con una cinta ancha del color escogido, que se rematará con una lazada vistosa.
 
Una propuesta interesante para los que poseen jardín son los llamados bizcochos de nieve. Para hacerlos se rellenará de nieve un molde de bizcocho que se introducirá en una olla con agua muy caliente. Tras un par de minutos se sacará, se desmoldará y se colocará en el jardín con una pequeña vela encendida en su interior. 


 


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