
La Navidad lo transforma todo: los hábitos culinarios, el ocio, el espíritu... y el hogar.
La Navidad invade y conquista espacios para imponer mil y una fórmulas cada vez más globales, abiertas y receptivas a ideas novedosas y a irrupciones de creatividad. La Navidad recupera recuerdos, rescata nostalgias y desempolva las cajas de los objetos decorativos apiladas en el fondo del armario, el lugar donde se depositaron hace un año y al que volverán pasadas las fiestas.
Esas cajas esconden infinidad de piezas, elementos, figurillas, luces, guirnaldas, cintas, velas, coronas, bolas, estrellas, belenes..., en fin, todo tipo de adornos y objetos para decorar el hogar que perduran en el tiempo pese a los años, las modas y las tendencias.
La imaginación es el secreto para acertar en la decoración navideña porque en realidad se trata de crear fantasía y representar ambientes ideales para la celebración. No existen normas, no valen más pautas ni directrices que las impuestas por la propia imaginación, pero sí se aceptan influencias aprovechables e interesantes que pueden mejorar lo conocido y lo reconocido.
Colgar, colocar y disponer impulsivamente
Es un ejercicio muy sano colgar de paredes, puertas y ventanas cintas de espumillón, guirnaldas y coronas; colocar en mesas y estanterías figuras de Papá Noél, pequeños belenes, velas y centros; y rebosar el árbol de todo tipo de accesorios y elementos resplandecientes. Y lo más saludable es hacerlo sin orden ni concierto, según dicte el gusto propio, la tradición o los recuerdos. Repetir la ubicación de los objetos año tras año es una manera de perpetuar la memoria, y si esa es la intención nada hay en contra de una costumbre tan entrañable, cuya esencia es captar la evolución de las personas a través de la imagen y la foto fijas. Cambian los que están alrededor del Belén y éste es testigo de las transformaciones porque es el mismo que han montado distintas generaciones de familiares.
Los sentidos mandan
Para espíritus cansados de lo de siempre, la Navidad es un buen momento para demostrar que se pueden crear ambientes navideños sin necesidad de un solo adorno típico de esta época. Dar prioridad a los sentidos o apostar por el color como línea maestra son dos fórmulas originales para dar la bienvenida a las fiestas.
Una alternativa innovadora es la que se basa en la emisión de sensaciones sugerentes al olfato, la vista y el gusto, a través de elementos naturales situados en el salón y en la cocina. Dos estancias en las que se colocarán estratégicamente cuencos, frascos, platos y jarrones de cristal decorados con piñas, castañas, nueces, aromáticas, ramas y flores secas, y diferentes tipos de tés olorosos.
Vale cualquier producto con fragancia y cualquier elemento que admita combinaciones simples, puras y refinadas. Junto a estos detalles se dispondrán las velas, variadas en sus formas y tamaños pero organizadas en cuanto al color. Conviene ajustarse a un máximo de tres colores, como el rojo, el blanco y el dorado, que armonizarán perfectamente con el entorno creado.
Satisfechos ya la vista y el olfato, sólo falta despertar el gusto, un objetivo fácil de lograr si se salpican las mesas de platos, fuentes y bandejas con orejones, higos, dátiles, ciruelas, frutos secos, chocolates, polvorones, mantecados, mazapanes y otras delicias navideñas.
El color es el protagonista
Una buena propuesta es la que convierte al color en el centro de atención de la línea decorativa. Un único color diversificado en sus distintas posibilidades, gamas y tonalidades marcará la pauta de la estancia y definirá el ambiente en virtud de su significado.
Se puede teñir el hogar de rojo, un color muy navideño que simboliza el nacimiento y que aportará alegría, calidez y vitalidad a cualquier espacio. Bolas, guirnaldas, campanillas, manzanas y cintas en rojo brillante se deslizarán por las ramas del árbol y se complementarán con una Flor de Pascua que presidirá la mesa del salón. En los estantes y mesas auxiliares se apoyarán las velas, grandes, pequeñas, gruesas y estrechas en tres tipos de rojo: sangre, fuego y anaranjado.
Si se apuesta por un aire sensual, nada mejor que optar por el rosa, con sus variantes fucsia, rosa palo y rosa lila. Tres tonalidades que otorgarán a la estancia un toque de femineidad e insinuación apropiado para espíritus juguetones y divertidos. Para esta línea no podrán faltar los pétalos de rosa en platillos dispersos por toda la casa y el cáctus de Pascua con flores rosas en un lugar bien visible.
Dorados y plateados serán perfectos para almas alegres y festivas, y el blanco será la mejor elección para quienes asocien la Navidad con el frío, la pureza y la paz.
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