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Homenaje a la silla

Dice la periodista e historiadora del arte Anatxu Zabalbeascoa que la silla es el objeto más diseñado de la era moderna y el que más se sigue diseñando.

Tan sencilla como carismática, la silla se mantiene, desde hace dos siglos, como la pieza reina del diseño. Es un valor en sí mismo que concentra la historia del diseño y que revela también la historia de la humanidad. 

Estas afirmaciones aparecen en el capítulo "La historia de la silla", incluido en el libro "Chairs, 50 años de diseño y una historia que contar", promovido por la empresa española de fabricación de asientos Andreu World y editado recientemente por RBA. 

Las primeras sillas de las que se tiene constancia, que se conservan en El Louvre, mostraban ya detalles decorativos de la época, pero no eran piezas cómodas. El rasgo de confort no llegaría hasta el siglo XV con el sillón Savonarola, el primer asiento de madera, formado por ramas cruvadas y entrecruzadas que tenían por respaldo un simple travesaño en el que estaba esculpido el escudo de armas del propietario. El Savonarola se mantuvo como excepción en un universo de asientos rígidos e incómodos durante casi dos siglos. Del XVII destacan la silla frailera, española, de líneas austeras y sobrias, la barroca, y la silla Luis XVI, las dos tapizadas, con respaldos cimbrados y con infinidad de motivos ornamentales.  En el siglo XVIII desaparecen los apoyabrazos y entran los respaldos ovalados que conviven con las florituras, los calados y los elementos de inspiración musical. Referentes de este periodo son la silla Medallón (Francia), la veneciana, la georgiana y el modelo Sheraton, ambas procedentes de Inglaterra. 

El siglo XIX supuso una revolución con respecto a todo lo anterior. La silla artesanal se convirtió en un objeto industrial y de diseño, al que podía acceder todo tipo de público. La firma austríaca Thonet empezó a producir sillas en serie, acuñando así un nuevo sistema empresarial, que sería imitado posteriormente por otros fabricantes. 
En este periodo sobresalen los modelos Shaker, mecedoras y tronas infantiles realizadas por la comunidad Shaker del Mount Levanon (Nueva York) y los prototipos de respaldo alto creados por el matrimonio formado por Margaret McDonald y Charles Rennie Mackintosh. 

Diseños míticos
El siglo XX, considerado como la centuria de la silla, otorgó a estos muebles carácter de símbolo o icono. Piezas legendarias por su formato, diseño o por el empleo de materiales innovadores en su fabricación, conforman los grandes clásicos que han inspirado  propuestas posteriores y que han sido copiados hasta la saciedad. 

De la década de los años veinte destacan las sillas Barcelona y MR10, de Mier Van der Rohe; Wassily y Cesca, de Marcel Breuer;  y los modelos firmados por el trío Le Corbusier, Pierre Jeanneret y Charlotte Perriand. La silla Cesca se considera el primer asiento fabricado con tubos metálicos. 

Los años treinta obligan a mirar a los países nórdicos, principalmente a las escuelas danesa y finlandesa, en cuyas creaciones era más relevante la funcionalidad que el adorno. El finlandés Alvar Aalto descubrió las posibilidades de la madera curvada, que otorgaba ductibilidad y flexibilidad al objeto. Los daneses Hans Wegner y Arne Jakobsen firmaron dos prototipos emblemáticos, la Round Chair  y el modelo 3107, respectivamente. Ambos son ejemplos claros de ligereza y comodidad, y han sido copiados por la industria en múltiples ocasiones.  A mediados del siglo XX se vislumbra la revolución que traerá el plástico en el diseño de asientos. Sin duda, el modelo más representativo de esta tendencia es la silla Panton, de Verner Panton, la primera moldeada por inyección a partir de un solo material y una sola pieza. Esta silla, convertida en icono pop, no ha perdido un ápice de modernidad y carisma, pues es ligera, ergonómica, barata y  válida para interior y exterior. 

Las décadas posteriores suponen la explosión de la cultura pop y la exploración exhaustiva del plástico, material que ha dado lugar a infinitas variantes sofisticadas y complejas desde el punto de vista tecnológico. La estética pop trajo asientos hinchables y moldeables por el peso del cuerpo del usuario, como el sillón Blow, de Urbino, De Pas y Lomazzi, y el Sacco, de Gatti, Paolini y Teodoro.  El siglo pasado se cierra con una revisión de la postmodernidad, con la experimentación de nuevos materiales y con la popularización  del reciclaje. Tres conceptos que perduran en la actualidad acompañados de otros, como la irrupción de los colores intensos y las  transparencias, la entrada de formatos rompedores y muy innovadores y la apuesta por el asiento escultura. 

 

13 de agosto de 2007


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