Se convierte en el material estrella de la temporada. Es un producto vivo, cambiante y sensible a los factores externos, como la climatología y la luz. Estas características lo revalorizan en carpintería, pavimentos y exteriores.
La vuelta de la madera es una de las tendencias decorativas actuales. Así lo ha confirmado la principal pasarela de diseño e interiorismo del mundo, la Feria del Mueble de Milán, celebrada en abril de 2007. En esta convocatoria, la madera se ha presentado en su versión más natural: dinámica, cambiante y con las vetas irregulares.
Se descubren nuevos usos y utilidades y se perfila como el material por excelencia de la primera década del siglo XXI. Lo más innovador es su entrada como pavimento en baños y cocinas, estancias cuyas características de humedad y cambios de temperatura dificultan su instalación. Sin embargo, la demanda del usuario para colocar tarima en estas habitaciones, ha obligado a los fabricantes a incluir propuestas apropiadas para las mismas que proceden habitualmente de especies tropicales, más acostumbradas a las variables térmicas. Las maderas más recomendables para baños, cocinas y exteriores son las exóticas, originarias de África, Asia, Centroamérica y Sudamérica, como el ipé-lapacho, la teca, el iroko, el bambú, la jatoba y el elondo.
Estos espacios se completan con módulos, estanterías, listones, bancos, armarios, encimeras y muebles auxiliares realizados también en madera de diferentes tonalidades y grosores. Cocinas, baños y exteriores realizados en su totalidad con este material están en alza. Pese a los espectaculares resultados, el consumidor debe conocer los inconvenientes y el encarecimiento de costes que supone colocar madera sobre el pavimento en estas áreas. Como alternativa, los fabricantes aconsejan el empleo de laminados y sintéticos (de imitación a madera) o de productos cerámicos con apariencia de parqué.
Donde la madera se libera de complejos y complicaciones es en los salones y dormitorios, zonas que potencian sus cualidades y en las que la instalación no encuentra dificultades adicionales. Decantarse a favor del parqué significa no poder pisar el suelo durante unos días tras su instalación, pero a cambio se obtienen unas losetas que admiten bastantes lijados y que permiten al usuario la elección del tipo de barniz. La tarima flotante se puede pisar rápidamente y se coloca de forma sencilla con el sistema clic (un trabajo que puede acometer cualquier aficionado al bricolaje si sigue las instrucciones del fabricante), pero viene barnizada de fábrica y admite menos lijados que el parqué, por lo que tiene menos vida útil.
Falsos mitos
Es preciso acabar con algunas ideas equivocadas acerca del producto, como la que lo relaciona con una limpieza y mantenimiento excesivamente complicados. Es verdad que al ser un material vivo, se le debe prestar más atención que al gres o la cerámica, pero tampoco sus cuidados son excesivos. Los suelos de madera quedan perfectos si se les pasa a diario una mopa ligeramente humedecida y si semanalmente se aspira el polvo. Una vez al mes, se puede aplicar sobre los pavimentos barnizados un producto específico para abrillantar y eliminar las manchas difíciles. Calzar los muebles para que no se dañe la madera y evitar el derrame de líquidos sobre la misma son acciones que pueden contribuir a su conservación. Con este programa de limpieza, parqués y tarimas lucirán perfectos durante muchos años.
Otro mito que conviene erradicar es el que asocia la madera con las deforestaciones en el Amazonas y en otras zonas del planeta. Nada más alejado de la realidad en opinión de fabricantes y distribuidores, quienes apuntan que gracias a la industria de la madera se mantienen los bosques, además de favorecer la generación de riqueza y empleo en estas áreas.
Los implicados en esta industria argumentan que la madera es el único elemento que cumple los dos requisitos del protocolo de Kyoto, pues durante su crecimiento, los árboles actúan como sumideros de CO2, y en sus procesos de fabricación/manipulado se requiere menos energía de la que se precisa en el caso de otros materiales.
Este sector se muestra muy concienciado con la ecología y el respeto al medio ambiente, algo que se comprueba observando su progresiva y creciente adhesión a los sellos forestales de cadena de custodia. Destaca el Forest Stewardship Council o Consejo de Administración Forestal, una ONG que agrupa a todos los participantes en el sector y que emite una certificación y el correspondiente etiquetado de derivados de la madera. El sello FSC garantiza la correcta gestión realizada en bosques y plantaciones e incluye el seguimiento del producto forestal a lo largo de todo su proceso de transformación hasta su distribución final.
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