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La casa del futuro
La casa del futuro

Dicen que Bill Gates, fundador del gigante de la informática Microsoft, se pasea por su casa con un pin electrónico en la solapa que sirve para abrir puertas sin necesidad de llave.

 
Éstas son algunas de las ventajas que ofrece la domótica, que podría definirse como un conjunto de servicios de la vivienda garantizado por sistemas que realizan varias funciones, los cuales pueden estar conectados entre sí y a redes interiores y exteriores de comunicación. Un enunciado que engloba a lo que se está dando a conocer como viviendas inteligentes. Casas que permiten al inquilino realizar acciones cotidianas con mayor comodidad.
 
Una persona que viva en una casa inteligente puede levantarse por la mañana y encontrarse unas tostadas recién hechas y café caliente, todo ello previamente programado en el ordenador de la vivienda. Después puede salir tranquilamente a la calle sin preocuparse de si ha cerrado o no la puerta, puesto que el apartamento se encarga de hacerlo, además de abrir las ventanas para ventilar el ambiente del mismo.
 
Un sistema domótico también regula la temperatura de los diversos espacios de la casa; controla la iluminación mediante la regulación de las persianas, lámparas o tubos fluorescentes; controla el sistema de riego de plantas y jardines captando la humedad del terreno; detecta inundaciones cortando el suministro de agua automáticamente, así como la presencia de humo y de intrusos.
 
Todo esto hace unos años parecería sacado de una novela o de una película de ciencia-ficción. Pero en la actualidad adaptar un piso a la arquitectura domótica no resulta demasiado complicado, aunque sí caro. Tan sólo es necesario contar con electricidad y con los complementos precisos para el correcto funcionamiento de todos los componentes (un sistema informático).
 
Un ejemplo
El primer hogar inteligente de España fue presentado en Madrid por el grupo inmobiliario Vallehermoso en el año 2001 y dio algunas pistas sobre las prestaciones de este tipo de casas. La vivienda en cuestión se diseñó y se ubicó en un entorno real.
 
En el salón de esta casa, un único mando a distancia permite controlar la televisión, el equipo de música o la intensidad de las luces, mientras que en la cocina los electrodomésticos se pueden encender o pagar desde cualquier rincón de la vivienda.
 
En el baño, las luces se encienden cuando detectan la presencia de una persona y se apagan cuando se va. Además, en función de la estación del año o de la temperatura ambiente se activa la calefacción cuando se utiliza la ducha, o el aire acondicionado si la temperatura exterior es alta.
 
Asimismo, las luces del jardín pueden programarse para que se enciendan o se apaguen a una hora determinada, lo mismo que el sistema de riego. La piscina, por su parte, dispone de control de filtros.
 
Ventajas e inconvenientes
Las viviendas inteligentes reportan una larga lista de ventajas, especialmente a las personas que padecen alguna discapacidad, ya que cuentan con dispositivos especialmente diseñados para invidentes, como sistemas de voz digitalizada; deficientes mentales, como programas de aprendizaje, o discapacitados visuales, como teléfonos de texto o convertidores de texto en voz.
 
Desde el punto de vista del ahorro de energía, supone otra ventaja. La tecnología domótica integra en la vivienda temporizadores, termostatos y un gran número de relojes programados que, además de gastar lo imprescindible, aprovechan las tarifas nocturnas, las cuales resultan más baratas.
 
La seguridad también es un aspecto a tener en cuenta. La domótica detecta incendios, fugas de gas o escapes de agua. Además, mediante un sistema de cámaras inalámbricas repartidas por toda la casa se puede ver lo que sucede en su interior desde cualquier parte del mundo vía Internet o desde el propio edificio.
 
Entre los inconvenientes, el precio es el principal obstáculo para que la domótica se integre en los hogares. La falta de estandarización es otro problema, ya que no existe todavía un protocolo de comunicación universal para los sistemas de control de instalaciones.

6 de marzo de 2006


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