Los videojuegos son uno de los productos más demandados por niños y adolescentes en Navidad. Muchos padres desconocen que hay juegos que no son aptos para todos los públicos. Para guiarles en la compra está el código PEGI, un sistema de clasificación por edades y de descripción de contenidos que aparece en las carátulas de los estuches.
Un estudio de la ONG "Protégeles" y la Asociación Española de Madres y Padres Internautas (AEMPI) revela que la mitad de los niños y el 25% de las niñas reconocen que si sus padres conocieran el contenido de algunos de sus videojuegos no les dejarían jugar con ellos. Asimismo, más del 50% de los niños y casi el 15% de las niñas afirman que juegan con videojuegos clasificados para mayores de 18 años. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de que los progenitores se impliquen en esta actividad y se informen sobre el contenido de los juegos.
Para facilitar esta tarea se creó, en 2003, el sistema de clasificación o código PEGI -siglas de Pan European Game Information (Información Paneuropea sobre Juegos)- que se aplica en 16 países europeos, entre ellos España. La clasificación responde a criterios acordados internacionalmente. Su objetivo es orientar a los padres y tutores en la compra de videojuegos, para que puedan elegir aquellos apropiados a la edad de los niños.
PEGI incluye una serie de iconos de edades recomendadas (3+, 7+, 12+, 16+ y 18+) y otros que especifican el contenido del juego: drogas (el juego hace referencia o muestra el uso de drogas), miedo (puede asustar o dar miedo), sexo (contiene desnudos, escenas de sexo o referencias sexuales), discriminación (contiene material que puede favorecer la discriminación), lenguaje soez (se dicen palabrotas) y violencia (hay escenas y comportamientos violentos).
Para los juegos en línea está el código PEGI-Online, que se enmarca en el programa para una Internet más segura desarrollado por la Unión Europea (UE). Se trata de un complemento del sistema PEGI original. El logotipo de PEGI-Online aparece en la web del juego -y en el estuche si se vende en CD o DVD- e indica si puede jugarse en línea y si ese juego o sitio en concreto es controlado por un operador que se ocupa de proteger a los menores.
Guía de compra y uso responsable
Los citados iconos aparecen en las carátulas de los videojuegos. De esta forma se puede comprobar la clasificación por edades y la descripción de contenidos. Estas orientaciones son generales y pueden no corresponderse con lo que el comprador considera idóneo. Por eso, conviene informarse previamente sobre el videojuego que se plantea adquirir (escenas que incluye, valores que transmite, niveles de dificultad...).
No se debe olvidar que los videojuegos no orientados a menores suelen contener elevadas dosis de violencia, imágenes de carácter sexual, e incluso escenas de discriminación y en las que no se respetan los derechos de las personas. Además, hay que tener en cuenta que existen muchos videojuegos con nombres muy similares. A veces se comercializan segundas partes de un mismo juego con clasificaciones por edad diferentes, y también puede cambiar el etiquetado en función de la plataforma (PlayStation, Xbox...) para la que se comercializa.
Hay que ser especialmente cuidadoso en el punto de venta o alquiler a la hora de seleccionar el videojuego. En la mayoría de los establecimientos se colocan clasificados por plataformas, temas o marcas, pero no por niveles de edad. Si se alquilan, en muchas ocasiones se entregan sin carátula, lo que dificulta conocer su temática y la clasificación por edades.
La compra de videojuegos piratas en el "top manta", más allá de sus implicaciones legales, no garantiza la correcta clasificación del producto y la adecuación real de los contenidos a dicha clasificación. Lo mismo ocurre con los intercambios y las descargas por Internet.
Los aspectos económicos también conviene tenerlos muy presentes. Hay factores que encarecen el precio del videojuego, como el hecho de que estén relacionados con películas de estreno, sin que esto suponga una mayor calidad.
A la hora de jugar, es aconsejable limitar el tiempo, enseñar al niño cuál es la postura correcta, la distancia adecuada ante la pantalla y alternar los juegos. No todos son de aventuras o de disparar, también los hay pedagógicos cuyos valores no tienen que estar reñidos con la diversión. Por otro lado, cabe recordar que las videoconsolas de última generación incorporan la posibilidad de control parental, lo que permite proteger a los menores de contenidos inadecuados.
Un último consejo: hay que procurar introducirse en el mundo de los videojuegos y jugar con los hijos para valorar los aspectos positivos de este tipo de entretenimiento y conseguir una mejor comunicación en el entorno familiar.
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