Según datos de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), las estafas realizadas a través del medio de pago electrónico superan los 45 millones de euros al año. Los ingredientes para ejecutar el timo se reducen a un plan ingenioso, un gancho y una víctima.
Los métodos de estafa más utilizados
Entre los timos clásicos está el lazo libanés. Consiste en la instalación de un mecanismo
que se encastra en la ranura por la que se introduce la tarjeta. Al utilizar el cajero, la víctima comprobará como su tarjeta queda atascada sin posibilidad de recuperarla de forma inmediata.
En ese momento, aparece en escena el timador, que ofrece su ayuda amablemente. Tras una breve conversación en la que muestra su experiencia en este tipo de situaciones, el timador teclea cuatro cifras al azar y solicita a su víctima que marque los otros cuatro números de su número PIN. Como la tarjeta seguirá sin liberarse, se puede realizar idéntica operación en varias ocasiones antes de dejarlo por imposible. A partir de entonces, y una vez que la víctima haya desaparecido de la escena, el timador regresará al cajero, recuperará la tarjeta a través del lazo y extraerá todo el dinero que pueda haciendo uso del PIN que ya conoce.
El célebre cambiazo también tiene su versión en tarjeta de crédito. En un comercio o en un establecimiento desaprensivo pueden cambiar una tarjeta de plástico por otra de apariencia similar. ¿Quién comprueba realmente si su tarjeta es la original antes de guardarla en la cartera?
Otro timo muy habitual es el del doble cargo. Este engaño consiste en pasar la tarjeta y alegar problemas con el sistema. Después se repite la maniobra para que la víctima pueda extender su rúbrica. El fraude se consuma en cuanto el manipulador del sistema imita la firma de la víctima en el impreso presuntamente fallido. También conviene estar atento a los cargos ejecutados y comprobar el importe real cargado en la tarjeta antes de firmar el recibo correspondiente.
El timo más provechoso para los delincuentes consiste en la duplicación de bandas magnéticas. Los cargos que se realizan suelen ser de pequeño importe, para que pase inadvertido entre los extractos mensuales.
La mayoría de las entidades bancarias ya han tomado medidas para no sufrir el timo del fajo de billetes. Consiste en extraer de un cajero automático una cantidad importante de dinero, de tal forma que el sistema dispensador tenga que hacer uso de un gran número
de billetes. El delincuente sólo tiene que extraer los billetes situados en el centro del fajo, procurando dejar el billete superior y el inferior. Segundos después, el cajero tragará los billetes sobrantes al considerar que el usuario lo ha olvidado y cancelará la transacción.
El resultado es que en la cuenta corriente del interfecto no aparecerá ningún reintegro.
Las personas que estén tentadas en ejecutarlo deben saber que los bancos ya están
sobre aviso y han tomado medidas para perseguir este fraude.