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Derechos a la hora de usar un gimnasio

 

 

Frecuentar un gimnasio ayuda a muchas personas a llevar una vida más saludable. Los hay de diferentes características, de grandes y pequeñas dimensiones. Por eso, antes de escoger, es primordial valorar las instalaciones y los aparatos, la cantidad y calidad de los servicios que ofrecen, así como la preparación de su personal, y también los precios.

 
El dinero que cuesta ponerse en forma varía considerablemente dependiendo de la ciudad donde estén ubicados estos recintos y de las características y el número de servicios que ofrecen. El coste medio al mes puede rondar los 40 euros.
 
Normalmente, por este precio los usuarios tienen la posibilidad de hacer ejercicios aeróbicos y de musculación así como, en la mayoría de los gimnasios, acudir a clases de aeróbic y disfrutar de alguna sesión de sauna. Entre las clases dirigidas, que cada vez son más variadas y específicas, se encuentra con frecuencia, además de aeróbic, fitness, pilates, aquarobic, bodytonnig, step o spinning.
 
Cuando los consumidores deciden convertirse en usuarios de un centro de estas características deben conocer exactamente no sólo el importe de las diferentes cuotas, sino a qué tienen derecho y cuáles son también sus obligaciones. Cualquiera, antes de apuntarse, ha de informarse y tiene que conocer los términos y condiciones de uso para poder inscribirse sin cometer errores.
 
Como siempre, antes de firmar cualquier contrato hay que leerlo con tranquilidad. Es importante hacer cuantas preguntas sea necesario antes de firmar. La forma de pago debe estar especificada en el documento y el acuerdo debe contemplar la posibilidad de que pueda cancelarse si no se desea continuar con el mismo.
 
No obstante, gran parte de los gimnasios ofrece descuentos si el cliente decide abonar un trimestre, un semestre o un año entero.
 
Primero, la salud
A pesar de que la actividad a la que se dedican los gimnasios incide directamente en la salud de sus usuarios, en la actualidad la legislación no regula íntegramente el desarrollo de su actividad, no define cuáles deber ser las características de este tipo de instalaciones, sus servicios mínimos, las garantías para la seguridad e higiene, el equipamiento ni la cualificación del personal.
 
Hoy cualquier persona puede trabajar en estos centros sin que se le obligue a tener estudios relacionados con la práctica deportiva. La carencia de profesionales debidamente cualificados puede acarrear perjuicios para los usuarios si no son apropiadamente asesorados para, por ejemplo, hacer uso de aparatos de musculación, ya que utilizarlos sin el debido control y asesoramiento puede dar como resultado graves lesiones.
 
Por ello es el usuario quien ha de cuidar este aspecto de vital importancia y cerciorarse de que el ejercicio que va a practicar es adecuado y que no puede originarle daño alguno. Por este motivo, en primer lugar deberá consultar al facultativo especialista en medicina deportiva del propio gimnasio, si dispone de este servicio, a un centro especializado o a su propio médico de cabecera.
 
Tras un examen físico el doctor emitirá un certificado en el que especificará el tipo de esfuerzos que el usuario puede realizar. Por otro lado, en el recinto, si no hay dispensario médico, al menos deberá haber un botiquín de primeros auxilios.
 
Respecto a la utilización correcta de los aparatos hay que prestar especial atención a los monitores preparados para explicar su forma de uso. De igual modo, habrá que asegurarse que las máquinas se encuentran en perfectas condiciones.
 
Otras precauciones
Al tratarse de establecimientos públicos, los gimnasios deben contar con una serie de condiciones mínimas que garanticen el correcto desarrollo de su actividad: extintores suficientes y en perfecto estado, puertas de emergencia bien indicadas y homologadas, etc.
 
Estos establecimientos deberán informar claramente sobre sus precios, formas de pago y las contraprestaciones. Las asociaciones de consumidores exigen que se haga entrega a los clientes al formalizar la inscripción de un documento en el que se detallen todas las condiciones de contratación, las normas y los datos del titular del centro. De igual modo, para facilitar el uso deben exponerse de manera bien visible los horarios.
 
En caso de no estar de acuerdo con el servicio prestado, la forma en que se traduce el pago de las cuotas, la revisión de precios o cualquier otro punto se puede rellenar una hoja de reclamaciones para que las autoridades de Consumo se encarguen de comprobar la conveniencia o no de la prestación del servicio o del pago.


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