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Las tarjetas como medio de pago

 

 

El uso del dinero de plástico es muy cómodo pero tiene sus riesgos. Hay que tomar algunas precauciones para evitar sorpresas al recibir el extracto bancario.


Las tarjetas bancarias han adquirido gran relevancia en los últimos años. Su número en España se acerca a los 75 millones. Pero, pese a que existe una media de 1,5 tarjetas por persona en Francia, por ejemplo, es inferior a una por habitante-, se realiza con ellas menos compras que en el resto de Europa. El uso principal que les dan los españoles a las tarjetas no es el de emplearlas como instrumento de pago, sigue siendo el de obtener dinero en metálico de los cajeros automáticos.
 
El número total de tarjetas en circulación aumenta cada año en torno a un 7%. El Banco de España ha detectado un crecimiento sostenido desde mediados de los años noventa, concretamente mucho mayor en el caso de las tarjetas de crédito que en el de las de débito. Sin embargo, en contra de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, la tarjeta sigue siendo dedicada fundamentalmente a la retirada de efectivo.
 
Tal vez este hecho se deba a que España es el segundo país del mundo por número de cajeros (55.400 a finales de 2004), pero también es el que más terminales de punto de venta tiene de Europa (1.055.100). No obstante, el número de transacciones en estos dispositivos sigue siendo de los más bajos de la UE.
 
Transacciones
Las tres organizaciones gestoras de pago que operan en España, Servired, 4B o Euro 6000, acaparan 62 millones de tarjetas. Estas sociedades, debido a participación en Visa Internacional y en MasterCard Europa, disfrutan de los derechos de explotación.
 
El resto de tarjetas hasta llegar a 75 millones que se encuentran en los bolsillos pertenecen a grandes superficies, estaciones de servicio, agencias de viajes, equipos de fútbol etc. El número de transacciones y el valor de las mismas aumentan a buen ritmo. A pesar de ello, en lo que se refiere a su tasa de uso por habitante, en España se registraban 15 pagos en 2002 frente a una media, para el conjunto de la Eurozona, de 31.
 
Según las conclusiones del Libro Azul del Banco Central Europeo, en España las tarjetas de crédito se usan preferentemente en operaciones de pago por la adquisición de bienes y servicios, mientras que las de débito se concentran, principalmente, en la extracción de efectivo en los cajeros. Las entidades bancarias  no cobran comisión por pagar con ellas, ni siquiera en el extranjero, pero sí por retirar dinero de los cajeros fuera del país o de su red telemática.
 
Respecto a las tasas de intercambio, es decir, las comisiones cedidas entre las entidades participantes en el proceso de pago, así como a aquellas que se aplican a los comerciantes (tasas de descuento), se percibe un progresivo descenso en sus valores máximos.
 
El negocio de las tarjetas no sólo es rentable para las entidades sino que también resulta muy cómodo para los consumidores. Muchas de ellas ahondan en el carácter fidelizador y permiten al usuario aplazar pagos u obtener puntos para canjearlos por regalos.
 
De todas maneras, de los más de 10 millones de financiaciones que se realizan anualmente en los puntos de venta en España, sólo el 3%, según un estudio de la consultoría Tatum, se efectúa a través de tarjeta, frente al 34% de los Estados Unidos. También es cierto que el tipo de interés de financiación es más elevado y que si el plazo es largo y la cantidad importante seguramente será más ventajoso solicitar un préstamo en una entidad bancaria.
 
Seguridad
La mayoría de los consumidores son conscientes de que si extravían su tarjeta de crédito en la calle o se la roban alguien podría hacer compras con ella sencillamente falsificando su firma. También saben que no es conveniente adjuntar la clave a la tarjeta, porque en ese caso otra persona incluso podría retirar dinero de los cajeros automáticos.
 
Por tanto, como principales medidas de seguridad hay que conservar a buen recaudo las tarjetas, denunciar cuanto antes robos o extravíos al teléfono habilitado por las entidades para ello y no guardar junto a ellas las claves de acceso a la cuenta. Es importante también procurar no tirar sin destruir documentos con información personal que puedan ser utilizados en una estafa a la basura.
 
También conviene evitar los puntos de pago en los que el cliente pierde contacto visual con la tarjeta. No es frecuente pero se han dado casos de duplicación de la banda magnética.
 
Fallos en los sistemas de seguridad de las centrales, que en alguna ocasión han demostrado no estar a la altura, o ataques de piratas informáticos han puesto en peligro datos de carácter personal y bancario de algunos titulares de tarjetas y los han convertido a en victimas de las llamadas ciberestafas.
 
En cualquier caso, los usuarios han de estar atentos a los movimientos de sus cuentas personales, y en caso de descubrir algún movimiento extraño comunicárselo cuanto antes al banco para que anule los cargos indebidos.
 
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