
El consumismo aumenta entre niños y mayores en la sociedad desarrollada. Hay que entender que este fenómeno obedece a múltiples factores. Entre ellos, la cantidad de imputs publicitarios que reciben grandes y chicos desde el televisor o el ordenador.
La educación para el consumo no es una asignatura sino un contenido transversal vinculado a la vida cotidiana y presente en las materias que se imparten en la escuela. Además, la manera de consumir de los padres supone otra forma de educar a los hijos en hábitos de consumo.
La infancia constituye un periodo de la vida en el que se comienzan a practicar y adoptar conductas. La familia y el entorno social juegan un papel muy importante en la educación de los más pequeños. La publicidad televisiva tiene relevancia escasa si se compara con la influencia de los hábitos familiares y las políticas escolares.
Por tanto, es muy interesante que los hábitos relacionados con el consumo sean lo más correctos posible. Desde que nacen es indiscutible la participación de los niños en este campo. Saber cómo seguir utilizando lo que todavía sirve, cuidarlo y hacerlo más duradero es una forma de preservar el planeta y vale para consumir de un modo más responsable.
Con el comienzo del curso y tras dejar atrás las vacaciones se abre una nueva etapa que puede aprovecharse para educar a los niños en la parcela del consumo. Porque realizar un consumo responsable es algo que se puede y se debe enseñar. ¿Cómo? Asociaciones de consumidores y oficinas de información al consumidor disponen de información para ayudar a padres y maestros en esta tarea. El trabajo debe enfocarse hacia la construcción de valores en un marco participativo.
Pautas para un consumo responsable
En el transcurso de la escolaridad los pequeños van adquiriendo un fuerte sentimiento de pertenencia grupal que sustenta la base de la construcción de ciudadanía en la que se asienta la educación en consumo. Las actividades programadas pueden realizarse con toda una clase, en pequeños grupos y de manera individual.
El objetivo de la educación para el consumo es, independientemente de sus contenidos y actividades, desarrollar valores, juicio crítico, responsabilidad, entre otros. Así, tanto adultos como niños han de:
· Estar prevenidos ante las fuertes campañas de marketing. Es decir, saber distinguir, por ejemplo, entre el reclamo de los juguetes coleccionables de los restaurantes de comida rápida y las características de los platos alimenticios que ofrecen.
· Conocer los derechos y responsabilidades de los ciudadanos como consumidores.
· A la hora de ejercer cualquier acto de consumo, lo primero que hay que preguntarse es si es precisa la adquisición del producto o servicio en cuestión.
· Una vez decidida la compra, es importante saber qué se debe hacer en caso de que no se respeten dichos derechos y dónde pueden dirigirse cuando se tiene algún problema de consumo para que les orienten y ayuden a resolverlo.
Apreciar en su justa medida el influjo que la publicidad no ha de significar una renuncia a la hora de reclamar políticas publicitarias más responsables. Los niños, desde los primeros años, viven en la sociedad de la información y reciben gran parte de sus conocimientos a través de la televisión.
Es por este motivo que los anuncios de cualquier industria, cuando se dirijan a la población infantil, no han de incitar al consumo desproporcionado ni recurrir a la presencia de famosos u otros artificios permitidos cuando se trata de spots para adultos.
Es evidente la necesidad de que existan leyes específicas con restricciones severas. Por otro lado, asociaciones de consumidores, de padres y de educadores coinciden en que la información que aporta la publicidad debería ajustarse más al valor real de los productos que se anuncian.
Estrategia didáctica
La puesta en escena con títeres y marionetas es una valiosa estrategia didáctica en las primeras etapas de la educación para el consumo. Sus contenidos pueden estar relacionados con la selección y/o compra de comida, la distinción entre aquello que es saludable o no tan bueno para la salud, los diferentes oficios y papeles ligados al comercio, etc.
Otro de los trabajos que pueden proponerse es aquel que vaya orientado al seguimiento del transcurso de un cultivo, por ejemplo desde que se planta hasta que se recoge la cosecha de una fruta, por ejemplo, hasta que está lista en manos del ciudadano para su consumo. Las visitas a fábricas de chocolate, dulces o galletas para observar el proceso de producción son también herramientas muy instructivas en la educación de los pequeños consumidores.
Las tareas escolares o las sugeridas en casa pueden estar vinculadas a temas como los siguientes:
· La identificación de anuncios en los medios de comunicación; reconocimiento de marcas y productos que se publicitan, etc.
· Asumir la conveniencia de alimentarse correctamente, de comer de todo, saber por qué, descifrar las etiquetas, conocer las golosinas, preparar alimentos sencillos&
· Incorporar hábitos ecológicos como el ahorro de energía y agua o la separación de la basura.
· Jugar a comprar y vender, charlar sobre lo que cada uno compra, analizar el valor económico...
· Explorar los servicios públicos, identificarlos y saber para qué sirven.
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