Nutrientes para enriquecer el suelo - repsol.com

Repsol YPF

Logo Repsol
Casa y Hogar Sin salir de casa

Ruta

Estoy en: Inicio > ... > Sin salir de casa > Reportajes > Jardinería
Nutrientes para enriquecer el suelo

Abonar es una tarea básica en jardinería, ya que con el aporte de productos fertilizantes la tierra se nutre de minerales, sustancias y compuestos necesarios.

Para el crecimiento óptimo de las especies vegetales. La climatología, el tipo de suelo, las enfermedades y plagas, y otras complicaciones pueden perjudicar el correcto desarrollo de las plantas, fomentando las carencias de elementos imprescindibles para que se mantengan fuertes y sanas. La solución a esta problemática pasa a menudo por el empleo de abonos específicos que contienen las sustancias que le faltan a la planta, pero también se fertilizan las especies saludables para acostumbrarlas a ese estado de vigor y fortaleza que sólo consiguen con los aportes de nutrientes de forma periódica y regular. 


El abono más utilizado es el orgánico, como el compost, el estiércol, el mantillo, la turba y los extractos de humus, pero también se usan los fertilizantes químicos, entre los que destacan los minerales, los de lenta liberación y los específicos para corregir carencias o para enriquecer tipos de plantas concretos. 


Los extractos de algas, los aminoácidos y las enmiendas minerales son nutrientes menos conocidos porque resuelven situaciones extremas, como la revitalización del vegetal dañado por sequías, heladas o enfermedades, en el caso de los dos primeros, y la corrección del pH del suelo, en el caso de las enmiendas minerales. 


Se recomienda abonar con productos orgánicos y químicos, escogiendo siempre los más adecuados a partir de la propia experiencia, de la observación de los ejemplares y de las consultas a los expertos del vivero. Con los años, si uno va adquiriendo cierta intuición con sus plantas, podrá reconocer perfectamente sus necesidades en materia de abonado. 

Abonos orgánicos
Han incrementado su fama a medida que avanza la jardinería ecológica, que persigue la eliminación de los productos químicos en todo tipo de cultivos. Los abonos orgánicos favorecen la aireación y oxigenación del suelo, generando una mayor actividad en las raíces. También mejoran la textura, la estructura y la permeabilidad de la tierra, aportando ligereza a la misma y aumentando su capacidad para retener el agua del riego y de la lluvia. 


En general, son muy beneficiosos para el suelo, pues al tiempo que reducen sus defectos, potencian de forma notable sus virtudes. Se aplican en otoño o invierno con una fórmula muy sencilla: se extiende una capa de unos 2 cm, alrededor de la planta y se entierra ligeramente con la azada. 


Los abonos orgánicos más utilizados son el compost, el estiércol, la turba y los extractos húmicos. El estiércol es la mezcla de las camas y las deyecciones de algunos animales, principalmente la vaca, la cabra, el cerdo, el caballo, la gallina y la paloma. También se usa el estiércol procedente de aves de Perú y Mozambique, conocido con el nombre de guano. 


El compost se obtiene de diferentes materias orgánicas (restos vegetales, residuos alimenticios, mezclas de estiércol, etc.), sometidas a un proceso de fermentación controlado. La turba, que puede ser negra o rubia, se emplea mucho en la preparación de sustratos para el cultivo de plantas en maceteros.


Los extractos húmicos contienen la parte de mayor calidad de la materia orgánica. Propician el desarrollo de las raíces y contribuyen a que cualquier tipo de nutriente arraigue bien en el terreno.  

Fertilizantes químicos 
La mayoría de los fertilizantes químicos logran efectos muy rápidos sobre los vegetales, algo que no sucede con los nutrientes orgánicos, cuyas propiedades se aprecian a largo plazo. Por este motivo, son perfectos para corregir carencias y para enriquecer especies concretas de forma inmediata. Lo más recomendable es combinar el empleo de ambos productos, orgánicos y minerales o químicos, sin abusar de ninguno de ellos.


Los fertilizantes químicos más comunes son los convencionales, los de lenta liberación, los organominerales, los foliares y los correctores de carencias. Los primeros contienen un único macronutriente o una combinación de dos o tres sustancias. Así, destacan los nitrogenados, potásicos, fosfóricos, magnésicos y los complejos binarios y ternarios, que mezclan proporciones de dos y tres elementos, respectivamente. 


Los fertilizantes de lenta liberación se disuelven de forma pausada y van liberando los nutrientes progresivamente, con lo que la planta obtiene resultados varios meses después de su aplicación. 
Los abonos organominerales son una combinación de materia orgánica y mineral, por lo que resultan apropiados para enriquecer en profundidad todo tipo de cultivos. 


Los foliares actúan a través de pulverizaciones sobre las hojas y se presentan como productos complementarios a otros abonos más completos. Por último, los correctores de carencias aportan a las plantas las sustancias que les faltan, sin las cuales no podrían desarrollarse de forma óptima. Se aplican mediante pulverizaciones, en el agua de riego o directamente sobre el suelo. 


Lo + leído

Acceso a Confianza online