Junto al Árbol de Navidad, la Poinsetia, el musgo, el muérdago y el acebo, se impone una nueva generación de plantas navideñas, como las crasas y cactus y las especies arbustivas de la familia de las protáceas, principalmente algunas variedades de Leucospermum y Próteas.
El clásico abeto es ya un símbolo navideño difícilmente sustituible por otra especie vegetal. En contra de lo que mucha gente piensa, la adquisición de un árbol natural es una decisión más acertada desde el punto de vista ecológico que la compra de un árbol artificial, cuyo reciclaje es bastante costoso y complicado. El abeto natural procede de producciones renovables, cumple su papel en el ecosistema boscoso en el que crece, y se integra en una infraestructura de cultivo de la que viven infinidad de familias de zonas montañosas de todo el mundo. Para que el árbol natural luzca perfecto sólo hay que situarlo lejos de la calefacción y regarlo con cierta frecuencia. Dentro de la gama de abetos navideños, el más vendido es el Excelsa, que en España se encuentra en repoblaciones forestales del Pirineo navarro y oscense; seguido del Nordmanniana, el más utilizado en los países nórdicos; el Masjoani, un híbrido de abeto natural del Pirineo y del Montseny; y el Pinsapo, procedente del sur de España y de Marruecos.
El acebo, el musgo y el muérdago también se vinculan a las fechas navideñas. Las tres especies son perfectas para la decoración del hogar en general, y del Belén, en particular. Deben adquirirse en centros que comercialicen productos cultivados específicamente para este uso y que no hayan sido arrancados de su hábitat natural de forma ilegal.
La Poinsetia es la planta navideña por excelencia. Decora los hogares europeos y americanos con sobrado protagonismo sobre otras especies menos conocidas que también poseen, como ella, la combinación cromática de rojos y verdes, necesaria para atraer la buena suerte sobre todas las casas adornadas con estas plantas.
Rojos y verdes, la buena fortuna
El abanico de especies apropiadas para las fechas navideñas se mantiene prácticamente intacto desde hace décadas. Resulta difícil ampliar el listado de propuestas que el hombre ha adaptado a sus tradiciones de forma espontánea, atendiendo a una simbología aceptada por gran parte de las sociedades existentes, que otorga a las plantas con tonalidades rojas y verdes el “don” de atraer la buena suerte en el año entrante.
En virtud de esta creencia popular, el consumidor puede crear su propio vergel navideño con especies tan espectaculares como el Cáctus de Navidad, las Leucospermum y las Próteas. El primero procede de Brasil, tiene floraciones rosas o rojas, y exige más agua que el resto de las cactáceas. Leucospermum y Próteas son arbustos pertenecientes a la familia de las protáceas, que crecen originariamente en Sudáfrica y Australia, y que se adaptan bien al clima canario. Florecen en otoño e invierno, lo que las convierte en plantas perfectas para las fiestas navideñas, y además tienen una gran duración como flor cortada. En el grupo de las Leucospermum, destaca la variedad Scarlett Ribbon, con fantásticas flores rojas; y en el grupo de las Próteas, sobresale la Pink Ice, con flores de una tonalidad rosa intensa y fuerte, idónea para integrar conjuntos impactantes con ejemplares rojos.
Brillos, símbolo de prosperidad
Los elementos dorados y plateados representan el bienestar material, la entrada de bienes y ganancias y la prosperidad económica. Son dos colores muy utilizados también en la decoración navideña, que pueden acoplarse con éxito en el universo vegetal. Para ello, es imprescindible dar con la planta adecuada y escoger el adorno apropiado de la gama cromática mencionada. Una tendencia de buen gusto es la que opta por distintas variedades de cáctus y crasas, que son envueltas por alambres dorados con bolitas rojas o con hilos brillantes. Igualmente, se puede adornar el sustrato del macetero con piedras plateadas o doradas y bolitas o perlas de cristal. La elección de los elementos, piezas, detalles y caprichos depende del consumidor, que únicamente exigirá destellos de brillantez en los objetos escogidos.
Las ramas diversas, el junco y el bambú, y otras especies propias del jardín zen también admiten complementos y accesorios dorados y metalizados en forma de rocas, piedrecillas, grava, cáscaras de frutos secos y piñas, entre otros.
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