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Tareas del jardín en primavera

El calentamiento del planeta, que tanto afecta al clima, adelanta año tras año la primavera. Si hace una década, ésta no se presentía hasta bien entrado abril.

Actualmente marzo determina el arranque de la gran explosión primaveral en muchas zonas de España. Es una de las estaciones más esperadas en el jardín porque devuelve el color a la naturaleza y todos los seres despiertan de su letargo invernal. Las plantas empiezan a mostrar sus primeros brotes hasta que se transforman en especies llenas de vida con floraciones espectaculares y gamas cromáticas intensas. 

Para que esta eclosión no pierda su ritmo ni se frene antes de provocar el deseado estallido de colores, flores y aromas, es imprescindible dedicar un tiempo al jardín y realizar algunas sencillas labores que contribuirán a canalizar lo que está por venir. 

Limpieza. Hay que desprenderse de todos aquellos elementos empleados durante el invierno como las cubiertas protectoras de las especies vegetales. Estas deben empezar a retirarse para que las plantas vayan acostumbrándose al nuevo aire, pero es conveniente ser prudentes y estar preparados ante las posibles heladas primaverales. Hay que limpiar el jardín a fondo apartando hojas, ramas, flores marchitas y cualquier cosa que estorbe. Hay que eliminar las malas hierbas, a mano o con azada, tantas veces como se precise. Esto resulta más fácil si la tierra está húmeda por lo que se recomienda regar el suelo en la jornada anterior para arrancar la maleza fácilmente. Al mismo tiempo que se apartan las malas hierbas, habrá que prevenir su posterior aparición bajo los árboles y arbustos, por lo que será muy aconsejable acolchar el suelo con mantillo, turba o corteza de pino.

También habrá que retirar con la mano una serie de animalillos que posiblemente empiecen a frecuentar el jardín, como las orugas, los caracoles, las babosas y los gusanos. Cuanto antes se detecte su presencia antes se frenarán sus posibles perjuicios sobre las plantas. 

Abono y riego. A medida que las especies empiezan a airearse y retornan al lugar apropiado para el buen tiempo (si han estado bajo techo durante el invierno), conviene alimentarlas adecuadamente, nutrirlas y proporcionarles las dosis correctas de abono y agua. Serán las propias plantas las que marquen la frecuencia de los riegos, algo que se sabrá tocando el sustrato y valorando su nivel de humedad. Cuando la tierra esté muy seca, habrá que regar y será mejor hacerlo a primera hora de la mañana cuando el sol todavía no calienta.

La aplicación de fertilizantes dependerá de las carencias específicas de cada ejemplar. De forma general, se pueden emplear productos de lenta liberación, pero lo más inteligente será dotar a cada especie de los elementos necesarios para su correcto desarrollo. Consultar al personal del vivero será, sin duda, la mejor opción.

Poda. Aunque la poda en profundidad se realiza durante el invierno, en el inicio de la primavera, conviene repasar todas las especies y recortar sus partes indeseables, como las ramas que enmarañan, las hojas enfermas, los frutos pasados y las flores marchitas. Es muy importante realizar cortes limpios y certeros con las herramientas adecuadas (tijeras de poda, serruchos y sierras de arco) para evitar daños innecesarios a las plantas. 

Rediseño del jardín. Con la desaparición de la estación fría, hay que planificar el nuevo diseño del jardín. Para empezar, todos los ejemplares que hayan permanecido alejados del mismo y protegidos bajo techo durante el invierno, se devolverán al vergel.  Igualmente se acometerán los trasplantes oportunos y se procederá a la siembra de especies de floración estival. 
Esta tarea no debe realizarse de forma irreflexiva, pues no se trata de recolocar sino de estudiar la mejor ubicación para los distintos ejemplares en virtud de sus propias necesidades de sol y sombra, y dependiendo siempre, de la formación de un conjunto armónico y del gusto personal. 

A la hora de cultivar nuevas especies, habrá que valorar si encajan con el tipo de suelo y si crean combinaciones apropiadas con el resto de las plantas del jardín. Es mejor tomarse un tiempo haciendo esquemas y dibujos sobre un folio, en los que se determinen los espacios de sol y sombra así como las posibilidades cromáticas que ofrecerá el jardín cuando haya floraciones, que precipitarse y acometer ubicaciones inadecuadas y cultivos erróneos. 

La mezcla de bulbos de floración estival con plantas vivaces y anuales resulta bastante acertada en casi todos los jardines por su interesante contraste cromático. Entre los primeros, destacan las dalias, las begonias, los gladiolos y los tulipanes, y de las segundas las más demandadas son las amapolas, las violetas, las caléndulas, las margaritas, las malvas, las lobelias, los claveles y los girasoles.

Se recomienda efectuar la siembra en días nublados o al principio de la jornada, cuando el sol no calienta. 

19 de marzo de 2007


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