Volver al inicio de los tiempos. Recrearse paseando entre aquellos que habitaron la tierra hace más de 65 millones de años. Ver a esos enormes reptiles de diversos tamaños, colores y formas.
Y que durante un tiempo dominaron la Tierra. Por aquel entonces, la configuración de los continentes no se parecía en nada a la actual, al igual que los animales que sobre ella campaban. La creación de este espacio ha sido posible gracias a la estrecha colaboración del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Así se pueden contemplar huesos reales hallados en excavaciones, reproducciones de dinosaurios a escala y réplicas a tamaño natural, como la del impresionante Iguanodón de pulgares afilados, que preside la sala. También es posible conocer los diferentes aspectos del mito de los dinosaurios en un recorrido que parte de sus inicios, con los primero hallazgos en la Gran Bretaña del siglo XIX (en un primer momento creyeron que se trataban de los huesos de un gigante o un dragón), hasta la dinomanía provocada por el cine y sus fantasiosas clonaciones prehistóricas.
Pero Faunia es mucho más, y sin duda merece la pena. La visita transporta a grandes y pequeños a los ecosistemas más ricos del mundo, así como diversos hábitats y entornos naturales se dan cita en este parque biológico, una alternativa de ocio en la que la oferta educativa en torno a la naturaleza y los animales es el máximo exponente. Pingüinos rey, titíes algodonosos, peces tigre, grullas o leones marinos son algunos de los animales que se pueden contemplar de cerca sin salir de la capital.
El parque alberga a más de 4.000 animales, pero no es un zoológico. Está poblado por muchas especies de árboles y plantas, aunque tampoco es un jardín botánico. Presenta exposiciones y documentales sobre la Naturaleza. Es Simplemente Faunia, y su filosofía es básicamente, que el viajero se sienta dentro de la naturaleza, conozca a los animales con los cinco sentidos y experimente el entorno en el que viven.
Mostrar… y también educar
Faunia cuenta también con siete áreas temáticas, como La casa de las mariposas, un jardín tropical en el que se desarrolla la mariposa atlas entre plantas carnívoras; La colmena, donde se explica la vida interior de un panal o el Insectario, que presenta saltamontes gigantes de América del Sur. La granja es el rincón preferido de los más pequeños, ya que pueden correr entre gallos y gallinas, cabras enanas y ver saltar a los canguros.
Frío, frío, frío… es hielo
Faunia también da lugar a conocer el ecosistema polar. Una lengua de hielo tiene el secreto. Está construida en torno a un suelo formado por placas de rocas, grandes muros de unos dos metros de altura que representan las rocas cortantes quebradas por la helada y una gran bóveda de hielo con estalactitas que recubren el techo, la Gran Gruta de Hielo se recorre en penumbra.
Pero… hay más. En uno de sus tres acuarios se representan corrientes marinas; corrientes frías procedentes de la zona sur de la Antártida que suben por toda la costa oeste de Sudamérica, muy ricas en diversidad, sobre todo en krill, citoplacton y zooplacton.
Los animales más pequeños… también tienen cabida
Parte del recinto se dedica a especies de pequeño tamaño. Pingüinos, mariposas, monos ardilla o cerdos vietnamitas se convierten en los protagonistas. Además, a diferencia de los zoológicos tradicionales, se agrupan por ecosistemas y no por animales. Faunia consigue recrear las condiciones climáticas, ambientales o alimenticias características de cada medio natural.
Félix Rodríguez de la Fuente y el Lobo
Félix Rodríguez de la Fuente, el mejor amigo del lobo, también tiene un hueco en Faunia. En homenaje a esta gran figura del mundo de la naturaleza se ha organizado Amigo lobo. Las fotografías tomadas por Carlos Sanz, un biólogo que lleva más de 30 años fotografiando la vida y comportamiento de los lobos ibéricos y que se inició en el estudio de estos animales de la mano del creador de El Hombre y la Tierra, son el centro de este montaje, que se completa con pinturas, esculturas, monedas, escudos heráldicos, libros y pinturas cedidas por algunos de los más prestigiosos pintores naturalistas contemporáneos como Manuel Sosa, Nacho Zubelzu, Silvia Doménech o Bernardo Lara.
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