
Se han convertido en los últimos años en un buen reclamo para que padres e hijos disfruten de un merecido descanso y un día especial. Pero, además, las granjas escuelas no son meros lugares de ocio.
A la diversión de estar con sus amigos y pasar una o varias jornadas fuera de casa, se une la de aprender todos los entresijos de una granja y estar en contacto con los animales. En los grandes núcleos de población, el contacto de los niños con la naturaleza es muy pobre. De hecho, en los últimos años se han realizado estudios sobre niños de edades comprendidas entre los tres y los seis años en los que se le pedían que dibujaran animales de granja. En algunos casos, cuando pintaban un pollo o una gallina, el niño lo representaba como un pollo asado. Lejos de esta anécdota, es cierto que muchos pequeños no han tenido la suerte de conocer en vivo y de cerca a los animales de granja: gallinas, ovejas, cabritillas, conejos, cerditos o vacas lecheras.
¿Qué es una granja escuela?
Dada esta necesidad de conocimiento, en los últimos años han proliferado las granjas escuelas. Se trata de centros educativos que disponen en sus estancias de pequeños huertos y animales de granja, y todo lo necesario para que los niños pasen un tiempo en el medio rural.
Existen dos tipos de granjas escuelas: las públicas y las privadas. Las públicas son aquellas que dependen o tienen algún acuerdo con la Conserjería de Educación de su comunidad autónoma o, en su defecto, directamente con el Ministerio de Educación. Dentro de estos programas educativos, las granjas escuelas públicas realizan proyectos de formación del alumnado, que ofrecen principalmente a los centros educativos. Las privadas no están insertas en ningún programa que dependa de la Administración Pública, pero sus características son iguales a las anteriores. La principal diferencia entre ambas es el precio.
Múltiples actividades
En una granja escuela los niños se acercan y comprenden la vida rural, los trabajos que se realizan y de donde vienen algunos de los alimentos que tan consumen en la ciudad. En los huertos, pueden -según la época del año- plantar o recolectar patatas, tomates, legumbres o aquello que la granja por su situación geográfica pueda cultivar. En el establo, entran en contacto con animales de granja: recogen huevos por la mañana, ven cómo se ordeña una vaca, dan de comer a los cerdos o las ovejas.
A todas estas experiencias nuevas para ellos, hay que sumarle la de los talleres que cada granja imparte para el aprendizaje. Por ejemplo, están los culinarios, en los que a partir de la leche aprenden el proceso para hacer mantequilla o queso; o bien elaborar pan con harina de trigo que ellos mismos hayan amasado. También existen talleres de manualidades, donde se trabaja la madera y se realizan pequeños utensilios para el quehacer cotidiano.
Al alcance de casi todos los bolsillos
Si quieres conocer las granjas escuelas que hay en tu comunidad, puedes recurrir a la Consejería de Educación de tu localidad, a tu ayuntamiento o al centro escolar que van tus hijos.
Estas granjas permiten la estancia de familias completas o de sólo los niños. Lo más aconsejable es informarse de los precios de cada una de ellas, tanto para pasar parte del día o un fin de semana completo.
Como ves, un buen plan para pasar un fin de semana con tus hijos en plena naturaleza o bien una alternativa a los campings veraniegos para los más pequeños.
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