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Alopecia: estética pero también salud

La alopecia es un problema que afecta mayormente a la población masculina. Además del problema que en sí supone, suele acarrear una pérdida de autoestima y dificulta las relaciones con el entorno.

Por lo general, las personas tienen una media de 100.000 pelos en su cuero cabelludo, de los cuales, se pierden diariamente un promedio de 100. Si esta cantidad comienza a incrementarse y se aprecia una caída masiva, se podría hablar de un principio de alopecia. 

La caída del cabello puede dividirse en tres tipos: la androgenética, que se produce por la actuación de los andrógenos, la alopecia areata, motivada por aspectos genéticos o emocionales y la alopecia difusa, que puede aparecer como síntoma de enfermedades como diabetes, cáncer o estados febriles y en el caso de las mujeres, en la lactancia o la menopausia. Se pueden producir, asimismo, por alteraciones hormonales en la hipófisis o en las glándulas suprarrenal y tiroides, aunque este último tipo de alopecia se produce muy raramente. 

Influencia de los medicamentos
Algunos medicamentos como los anticoagulantes, los antitiroideos, los empleados en quimioterapia para el tratamiento del cáncer, los anticonceptivos orales y los antidepresivos así como algunos de los que ayudan a reducir el colesterol pueden provocar a largo plazo una calvicie de tipo difuso e incluso afectar a cejas y párpados, aunque esta situación mejora cuando se deja de tomarlos. 

El estrés, la depresión y la ansiedad, consideradas como las nuevas enfermedades del siglo XXI producen un incremento de la secreción de andrógenos y esto conlleva la aparición de la alopecia areata, una patología caracterizada por la caída del pelo en formas generalmente redondas u ovaladas. 

La alopecia suele comenzar a manifestarse en los varones entre los 20 y 30 años y al alcanzar los 50 ya es irreversible porque las glándulas sebáceas no se pueden modificar y si la producción de sebo no aumenta, aunque queda depositado en el cuero cabelludo, el músculo que hace que salga el pelo finalmente se atrofia. En el caso de las mujeres, los tratamientos químicos agresivos o las dietas radicales pueden hacer que el cabello se vuelva débil y frágil. 

El pelo es una parte importante del cuerpo y un instrumento de identificación social. La alopecia suele provocar en los hombres una pérdida de confianza en sí mismos, porque consideran que han perdido parte de su atractivo sexual, se sienten más viejos de lo que realmente son y, frecuentemente, sus relaciones con el entorno familiar y social se dificultan. 

En el caso de la alopecia femenina, al producirse un deterioro del  aspecto físico, los efectos psicológicos son mucho peores porque la calvicie masculina está más aceptada socialmente. Esto puede derivar en situaciones de estrés en las que las mujeres se vuelven más irritables e incluso se aíslan en su casa para evitar ser vistas. Los problemas de salud se reflejan en el pelo y, en concreto, los trastornos en la alimentación como es el caso de la anorexia también suelen verse reflejados en un cabello débil, sin brillo y que se cae a mechones. 

Tratamientos y cirugía
Es frecuente encontrar en los medios de comunicación determinados productos que prometen solucionar los problemas capilares. Sin embargo, en estas situaciones hay que acudir al dermatólogo para que, en primer lugar, diagnostique correctamente el tipo de alopecia de que se trata y así busque la solución más conveniente.

Un primer paso suele ser utilizar lociones que mejoran la microcirculación de la papila dérmica del cabello y regulan la secreción sebácea. En el mercado también pueden encontrarse champús anti-caída, que fortalecen el cabello y pueden considerarse como un refuerzo, a la hora de evitar que la pérdida sea mayor. Suele ser frecuente recurrir a complejos vitamínicos para vigorizar el cabello, así como tratamientos orales, combinados con otros específicos para aplicar en el punto donde se localiza el problema. 

El siguiente paso en el escalafón sería recurrir a la cirugía, que permite realizar transplantes de pelo y cubrir la zona afectada. El procedimiento, que sólo necesita anestesia local, se realiza con la técnica de microinjerto y consiste en recoger folículos de pelo del propio paciente, procedentes de las zonas laterales o de la nuca y ubicarlos en las zonas afectadas por la pérdida de cabello. Es resultado es definitivo y no hay posibilidad de rechazo. 

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14 de octubre de 2007


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