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Astenia otoñal, cuerpo sin fuerzas y tristeza emocional

Septiembre es el mes de la vuelta al trabajo, unas fechas en las que el cambio de estación provoca cambios anímicos y biológicos que desembocan en situaciones de apatía y desmotivación.

Aunque la astenia suele asociarse con más frecuencia a los meses primaverales, el final de verano y el cambio de estación suelen llevar aparejados una sensación de cansancio y cierta falta de estímulos para realizar las tareas, síntomas que identifican la denominada “astenia otoñal”, menos conocida pero que presenta los mismos síntomas.  

Las vacaciones han finalizado y se impone la vuelta a la rutina para mayores y pequeños. Esto, unido a la progresiva disminución de las horas de sol, suele ocasionar con frecuencia una sensación de apatía en la población hasta el punto de que, en ocasiones, las personas se sienten incluso sin fuerzas para levantarse de la cama por las mañanas. 

Este trastorno es provocado por una alteración de los ritmos vitales relacionados con la regulación de los ritmos sueño-vigilia y la reducción de las horas solares. Algunos de los síntomas que suelen acompañar a la astenia otoñal suelen ser, además de la fatiga muscular que provoca sensación de cansancio al más mínimo esfuerzo, dificultades para concentrarse en el trabajo, cierta lentitud mental, irritabilidad, intolerancia a los ruidos o la luz, así como una necesidad de dormir más de lo habitual. 

Importancia del sol
La luz solar controla la glándula pineal, que segrega melatonina, la hormona responsable de las emociones y el control biológico del organismo. Al producirse una disminución de la luz, como ocurre en otoño, se produce un desequilibrio entre las hormonas que afecta al sistema emocional. 

La luz natural también activa la serotonina, la dopamina, y la noradrenalina, neurotransmisores que  estimulan las neuronas. Si éstos no reciben suficiente luz, disminuyen su actividad con lo que la transmisión de mensajes químicos entre las células es menor y el resultado se refleja en un estado de tristeza y melancolía. 

Aunque en principio cualquier persona está expuesta a tener un mal día, falto de motivación, la astenia otoñal suele incidir en personas, mayormente mujeres, que se mueven en el entorno de las grandes ciudades y cuya edad ronda entre los 20 y los 50 años. Estas cifras aumentan en aquellos países que cuentan con menos horas de sol durante el período invernal. 

Al igual que sucede con su equivalente primaveral, se trata de un trastorno pasajero sin mayor importancia que remite pasados unos días y que no necesita ningún tratamiento farmacológico, ya que no se considera como una enfermedad en sí. En todo caso, se puede recurrir a suplementos de jalea real, un excelente estimulante que equilibra el sistema nervioso, y además proporciona sensación de bienestar o tomar polen, rico en vitaminas del grupo B, aminoácidos esenciales y sales minerales, muy adecuado en estados depresivos, fatiga y decaimiento. 

Sin embargo, pueden registrarse algunos casos más acusados que llegan a prolongarse durante meses. En esta situación se podría hablar de procesos depresivos que habría que tratar médicamente. 

Dieta equilibrada y deporte
Para hacer frente a esta situación, los médicos y psicólogos recomiendan seguir una dieta equilibrada, mantener unos horarios fijos respetando las horas de sueño y practicar ejercicio físico moderado, a ser posible al aire libre, evitando así la tentación de tumbarse en el sofá y quedarse inactivo. 

En una dieta equilibrada no deben faltar las  proteínas, fundamentales para el buen funcionamiento del sistema nervioso, ya que estimulan la producción de neurotransmisores como la dopamina y neuroepinefrina, mientras que determinados aminoácidos como el triptófano que aumenta la producción de la serotonina y la tirosina. 

Los hidratos de carbono constituyen también una fuente de energía y proporcionan la glucosa indispensable para el funcionamiento del sistema nervioso y del cerebro. 

En cuanto a las vitaminas, resultan especialmente importantes las del grupo B. La vitamina B1 o tiamina participa en la síntesis de los neurotransmisores y hace que los impulsos nerviosos se propaguen. La niacina o vitamina B3 interviene en la producción del triptófano, mientras que la B6 o piridoxina es una vitamina antiestrés y antidepresiva que forma parte del metabolismo de los aminoácidos. En cuanto a la cobalamina o vitamina B12 resulta indispensable para el buen funcionamiento del sistema nervioso, ya que su carencia provoca irritabilidad, bajadas de ánimo y depresión. 

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23 de septiembre de 2007


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